Cuando la vio apuró sus manos entre los bolsillos, buscando algo y en solo medio segundo, sintió que el sudor se apoderaba de su piel, sobre la mesa encontró el atado de cigarrillos y encendió uno, esto pareció calmarlo y entregarle un aire de seguridad y misterio a su persona, rozó con la yema de sus dedos su profusa cabellera y le sonrió.
Los ojos de Valeria, se clavaron por un instante en los suyos, la implosión fue instantánea, el mar en sus ojos, y la inquietante tempestad en su mirada, hicieron temblar hasta la última gota de sangre en sus venas. Valeria y su amiga se sentaron a la mesa.
Valeria, la chica de ojos azules, comenzó su presentación y la de su amiga Andrea, pronunció una seguidilla de frases que parecieron profundas y sentidas, pero la cabeza de Pablo, estaba aún muy aturdida, no la escuchó, se limitó a cruzar su mirada desviándola cada vez que se encontraban sus ojos.
Luego de las despedidas caminó solo hasta su casa, la casa de sus padres, el aire tenía otro perfume esa noche, ingresaba lento y profundo, como queriendo colmar hasta el último de los rincones de su pecho, no fumó durante el trayecto, observó el cielo, atrapando para sí, el intrépido coqueteo de las nubes con la luna.
No pronunció palabra, ni siquiera cuando saludó a su perro, Tony, con quien hasta hace solo unos años compartía imaginarios viajes a la selva, el desierto o el espacio.
Introdujo la llave en la cerradura con precisión quirúrgica, no encendió ninguna luz, tampoco comió nada, ni siquiera fue al baño, no quería encontrarse con nadie, la casa estaba en penumbras, ya todos se habían rendido a la eternidad.
Pablo se sentó en su cama y con movimientos sigilosos se quitó la ropa, dejó los cigarrillos y las llaves sobre el escritorio, tuvo suerte que no rodaran por el piso, el escritorio estaba repleto de libros y apuntes, todo estaba sumamente desordenado, corrió suavemente las sábanas y se acostó, con la mirada fija en el techo.
En la profunda oscuridad podía ver múltiples escenas repetidas vertiginosamente de su fugaz encuentro con Valeria, podía afirmar que sus miradas se habían cruzado cinco veces, en las dos primeras fue ella quien sostuvo más tiempo la mirada y el las dos siguientes fue él quien lo hizo, pero en la última, porque siempre tiene que ser en la última!!, Pablo noto como Valeria se sonrojaba, ella bajó súbitamente la mirada y volvió a clavar esos ojazos azules en los suyos, está vez fue él quien se ruborizó y apuró sus labios para aspirar con fuerza el cigarrillo que colgaba de su mano derecha, el redoblante dentro de su pecho volvía a sonar con solo recordar ese instante, estaba seguro que había conexión y una muy fuerte.
Quiso cerrar sus ojos, la oscuridad reinante lo enceguecía, sintió deseos de recordar cada detalle de ella. El suave calor que emanaba de su mejilla al saludarlo, era sin lugar a dudas un dato revelador, absolutamente auspicioso, qué otro motivo hubiese ocasionado ese rubor sino fuese su presencia, pero pensó también que podría ser que fuese tímida y por eso se había sonrojado, también por eso bajó la mirada, pero estos pensamientos eran impropios para él, sabía y vaya a saber si lo sabía, que conversar con él aunque fuese él, con él mismo, era algo encantador, terriblemente ensoñador, aunque a veces, pero solo de vez en cuando, algo le sucedía y ya no podía soportarse.
Jamás comprendió porque sus padres no le prestaban nunca atención, ni se sentían conmovidos por su hijo, y por cierto que Pablo era un buen hijo, nunca se metía en graves problemas, en la escuela le iba de perlas, era admirado por sus amigos, pero en esos momentos en los que estaba solo, tan solo, él únicamente quería morir, sucumbir, desaparecer, alejarse o también erigirse en héroe, esto era realmente placentero y si tenía que morir como un héroe, todos le recordarían y lo tendrían siempre presente.
Se encendió una luz, era su padre que iba al baño, cerró fuerte los ojos y fingió estar dormido, no quería que lo viese y le preguntase qué le pasaba, no lo quería… sin embargo su padre tiró la cadena y fue rápido a acostarse sin siquiera percatarse que su hijo había vuelto a casa.
Pablo abrió sus ojos y por suerte era solo oscuridad, era todo noche.
Su mente tomó fuerza para enviar un mensaje telepático a Valeria, su cerebro estaba diciendo, piensa en mí.., piensa en mí.., por favor piensa en mí!!!
Pablo intentó dormir pero no podía, su corazón latía fuerte y acelerado, su mente no podía desprenderse del recuerdo de su chica, porque sería suya, esto sin duda sería de ese modo, seguramente ella en este instante estaría al igual que él, desvelada soñando despierta, imaginándolo muy cerca, se vería apretada contra su pecho, solo escuchando el latir de su corazón.
Siguió revisando internamente todo lo acontecido aquella maravillosa e inolvidable noche, y a cada paso encontraba pistas que le indicaban que Valeria estaba perdidamente enamorada de él, si de él!!, de ese muchacho de pelo largo y ensortijado, ese joven tímido y parco, sintió deseos de fumar, pero se contuvo, el olor podría despertar a sus padres y si había algo no quería, era que le preguntasen qué le pasaba.
No podía dejar de pensar en ella, ni evitar que su sexo se pusiese terriblemente rígido, su corazón no paraba de dar brincos, con este combo parecía que dormir se tornaría imposible, nuevamente pensamientos impropios se apoderaron de su sentir, y si Valeria no sintiese lo mismo, eso destrozaría su alma, sería un dolor terrible, tan terrible.
La noche se hizo en sus ojos y la oscuridad cerró el círculo, ese mágico círculo que rompemos al nacer.



Que final!!! me pareció interesante el tratamiento de los vaivenes adolescentes.
Gracias por leerme amiga
No esta mal, se capta perfectamente desde luego todos los sentimientos de Pablo
Muchas gracias por leerme, es realmente halagador.
Nanky: he leido tu cuento, que me pareció extraordinario, al narrar esa inquietud juvenil al intentar dar con el amor, ese amor que nos hace ver todo de color de rosa; ese amor que hace que la luz sea más transparente, el aire más puro… la vida toda una ilusión.
Atentamente
Volivar Martínez
Sahuayo, Michoacán, México
Muchas gracias por leerme, me pone muy feliz que te haya gustado.