Espejismos de la realidad
12 de Marzo, 2012 7
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Unas manos oscuras, manchadas con tintes negruzcos como recién impregnadas en carbón, presionaron el interruptor de la luz junto a la puerta principal. La luminosa estancia oscureció. El sonido de unas llaves tintineantes diciendo adiós a una oxidada y solitaria cerradura, agotada por los años a cuestas en los muchos metales que la componían, precedió a unos pasos lentos, desganados incluso.

La madera carcomida de las escaleras fue testigo de la inercia de sus pasos acompasados con el crujir de los escalones, uno a uno, con un parsimonioso movimiento hasta llegar a la planta baja. Un portazo fue el único rastro que dejó tras de sí, junto con el humo de un cigarrillo que se consumía con rapidez hasta apagarlo poco después. Torcieron la esquina unos zapatos negros, continuaron rectos hasta una gran avenida y dos calles a la derecha más. Siguieron apresurados hasta casi su final y se detuvieron totalmente en el interior de un local.

Se puso cómodo como habitualmente, el abrigo en el asiento contiguo al suyo, el paquete de tabaco y la decencia en la barra del bar.

-Un whisky joven, sin hielo.

-Empieza usted fuerte la noche, Nicolás.

-No ha sido un gran día, créeme.

-¿No cree que bastante pena es ya la suya como para arreciarla con más sucesos desagradables diarios?- Le sirvió la bebida junto con una libreta de notas y un bolígrafo azul-. Pensaba que a usted esas cosas ya no le afectaban. Por cierto, le dejo esto aquí, apúnteme alguna petición, una buena canción, sé que puedo confiar en su gusto.

-Prefiero no mencionar mucho hoy el tema, la verdad. ¿Una canción? ¿Para qué? – miró extrañado al papel y al camarero, al tiempo que empezaba a trazar las primeras letras de un título conocido.

-Tenemos actuación esta noche, una joven va a acercarse a cantar todo aquello que nuestros mejores clientes deseen, aparte de su repertorio, claro. Y entre ellos, entra usted por supuesto.

-Aquí la tienes, habrá que comprobar si su voz es capaz de sostener esos acordes- le entregó la nota escrita y se centró en su tarea nocturna.

En el bar, siguió bebiendo y charlando con el camarero acerca de los dires y diretes de la gente de a pie y demás parafernalias flotantes en conversaciones superfluas y carentes de jugo vital. En un desafortunado giro de cabeza en dirección a la entrada, vislumbró un pelo moreno, liso, descomunalmente largo y vivo. Se parecía a un negro azabache y la muchacha tenía una piel gitana que alguna vez había sido suya… Carmen. No podía ser cierto, pero por suerte no lo reconocería, habían pasado demasiados años y él había desmejorado mucho. Con esa barba descuidada y esa delgada figura, esbelta hacía tiempo, entre otras cosas, no podría saber que era él, y si lo hiciese, le faltarían piernas para huir del local de la rabia que le descargaría la joven. Debía seguir odiándole como hasta entonces. Se dirigió a su camarero, inspirado.

-Póngame el cóctel que más pueda agradar a la cantante, estamos de celebración.

Una vez se lo hubo servido, salió con las dos copas a su encuentro y se la tendió a la chica, que estaba agachada colocando la funda de su guitarra en el suelo del escenario.

-Señorita, espero que tenga la amabilidad de brindar esta noche conmigo.

Carmen se levantó para observar al hombre que a ella se dirigía. Sonrió tímida y cogió el Cosmopolitan ofrecido por Nicolás.

-Por supuesto. ¿Celebramos algo?

-Realmente sí, celebramos nuestro nuevo comienzo, celebramos el primer día de una historia por reinventar.

La chica rió ante el descarado comentario.

-¿Por reinventar dice? Estará queriendo referirse a una historia por inventar y si así fuese, al menos su nombre debería conocerlo, ¿no cree?

-No subestime mis palabras, ni quiera comprender más allá de una mera afirmación, que de hecho, es bastante cierta. No hay que obviar las segundas, ni mucho menos las primeras oportunidades, ¿no le parece? Si la vida se lo ofrece, señorita, cójalas sin reservas, a veces es mejor no cuestionarse la realidad.

A la mañana siguiente, el humo de un cigarrillo llenaba la atmósfera del portal. Unos pasos ágiles subían las escaleras de madera carcomida, las cuales crujían con fuerza. Unas llaves tintineantes llegaban hasta la cerradura y abrían la puerta de su hogar. Las manos que empujaron para dar el portazo, impecables, no presentaban la tez ennegrecida de la noche anterior. La felicidad se tendió junto con él sobre la cama de su habitación. Luego resignación, habían sido una noche y un adiós, un espejismo.

7 Comentarios
  1. Buen relato de un reencuentro. Me gusta tu forma de contar las cosas, noto cierto tacto íntimo que me introduce en la historia. Gracias por compartir!

    • Me encantan los reecuentros, pero más me gusta contarlos cuando no terminan del todo bien, no sé por qué.
      Gracias a ti por leer David.

  2. Buen relato, bien contado, gracias por compartirlo con todos nosotros. Saludos

  3. Beatriz, eres muy buena en eso de escribir con gran belleza, con hermoso estilo…
    Ante ello, no queda más que felicitarte, y suplicar, con humildad, que sigas en esto, que sigas deleitándonos con tu narrativa, siempre esperada por este servidor (servidor, ya lo he comentado, en México, es algo así como un sirviente, un lacayo, alguien que está a las órdenes de su patrón, amo, o superior en rango).
    Volivar

    • Ay Volivar, lo primero gracias por la aclaración porque yo le hubiese dado otra connotación a la palabra, aunque también percibiese ese significado. Me resulta muy interesante ver esas pequeñas cosas desde otras perspectivas, así que gracias al igual que por tus felicitaciones, que una mera aficionada como yo quizás no merezca.
      Estoy intentando mantener un nivel de subidas de textos constante, pero me va a costar estos días por falta de tiempo, igualmente es bueno saber que habrá quien te lea cuando lleguen.
      :)

  4. Felicidades Beatriz, interesante relato, buen ritmo y mejor fin. Gracias por compartirlo.

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