Existencia
22 de Enero, 2012 6
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Al fin llego, ¿a dónde? A mi cafetería de siempre. El viento gélido del invierno azota mi rostro desnudo
durante los instantes que aún permanezco en la puerta. Estoy decidida a pasar,
pero disfruto del mal tiempo que hace en la calle para sentir un mayor gozo al
abrir las puertas y entrar en el interior. Sacudo mis botas y, sin quitarme
todavía la capucha que cubre parcialmente mi rostro, entro en mi amado local.

Llega hasta mí el delicado olor a café; camino lentamente con la cabeza agachada,
pasando al lado de personas desconocidas para mí. Camino cual sombra inerte que
sigue a su dueño. Nadie se percata de mi presencia, nadie se da cuenta de que
he rozado con el abrigo las bufandas colgadas sobre las sillas. Mas yo me he
dado cuenta de todo. Desplomo el peso de todo mi cuerpo sobre una silla de la
mesa del rincón: he contado diecisiete personas en el local.

La joven camarera se acerca a mí con temor, pues aún no me he quitado la capucha.
Con el tono de voz más dulce que mis cuerdas vocales son capaces de articular
le pido un café. La muchacha se aleja rápidamente: saben que soy cliente
habitual, pero todavía no se acostumbran a mi presencia.

Ocupo el rincón más oscuro de la cafetería, y desde allí lo observo todo: una pareja
de enamorados dándose de comer el uno al otro un gofre con chocolate; un
pequeño grupo de amigos que hablan de los estudios; una mujer y su madre
tomando té junto a un bebé dormido en el interior de un carro mecido
continuamente por el brazo de la mujer más joven; otro pequeño grupo de
ancianos que comentan las noticias de un periódico extendido sobre la mesa… Sé
lo que hacen todos y cada uno de ellos, pero ninguno se ha percatado de mi
presencia.

Ocupo el rincón más oscuro de la cafetería, ese rincón que todo el mundo ignora, ese
rincón que se mira únicamente con el rabillo del ojo. Todos los del local
sienten mi presencia, pero ninguno me ve, nadie se atreve a mirar directamente
mi posición. Me miran de reojo, pero incapaces son de determinar si soy una
figura humana o la oscuridad del rincón. Permanezco allí, inmóvil… como una
sombra.

Al fin llega mi café. El aroma asciende hasta mi rostro, calentándome las
coloradas mejillas. Vierto el azúcar muy lentamente mientras le doy vueltas. El
primer sorbo es un placer, pues con él entra en mi mente la idea de que tengo
un delicioso café a disposición de mi paladar.

Y allí permanezco, sumida en la oscuridad, en el silencio, en la soledad y el
vacío…

Soy la sombra ocupante del rincón que nadie se atreve a mirar; soy el aire
invisible que hace estremecer al cuerpo con un escalofrío; soy la presencia que
se siente en una habitación vacía.

Nadie me oye, nadie me ve, nadie me toca… pero existo, estoy ahí… y siempre estaré.

6 Comentarios
  1. Café solo y triste: por desgracia, como tan literariamente lo expresar en el maravilloso final de tu “Existencia”, así ocurre en la cotidianidad… nosotros lo observamos todos, nos percatamos de todo, pero nadie “nos oye, nadie nos ve, nadie nos toca… aunque, y felizmente, existimos”.
    Admiro tus cualidades para expresar tan finos sentimientos que brotan de tus dedos, aplicados a tu ¿ordenador?.
    Volivar Martínez Sahuayo, Michoacán, México

    • Gracias de nuevo Volivar por tu comentario. No me agrada nuestra sociedad, pero siento una gran admiración hacia todos y cada uno de los seres humanos. Somos únicos, diferentes a pesar de estar hecho de lo mismo; tantas formas de pensar, tantas formas de ver el mundo… somos tantos… y conocemos a tan pocos…
      Gracias de nuevo. Un saludo.

  2. Me identifico en muchos pasajes contigo, me ha gustado terriblemente, tu relato. Muchas gracias por compartirlo.

    • Gracias a ti nanky por leer y comentar. Me alegro de que pienses que en muchos pasajes te identificas conmigo. Realmente me considero una sombra solitaria, y no es del todo agradable sentirse así: espero que no te pase lo mismo.
      Gracias de nuevo; un saludo.

  3. Un relato que da mucho qué pensar. De hecho, me he llegado a plantear que el personaje fuese la muerte…
    “Soy la sombra ocupante del rincón que nadie se atreve a mirar; soy el aire
    invisible que hace estremecer al cuerpo con un escalofrío; soy la presencia que
    se siente en una habitación vacía.”
    Un abrazo,
    Luna

    • Muy curioso, lo digo en serio Luna de Lobos. Ni yo me lo había imaginado, y, ahora que lo dices, le di una descripción que podría ser interpretada así. Ésta es una de las ventajas de poder mostrar tus obras a gente desconocida: siempre se descubren diversos enfonques.
      Gracias por tu comentario, Luna de Lobos.

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