Era uno de esos días de tiempo bueno en el invierno antártico y la gente de la base, ansiosa de ver la luz solar, salió contenta a la calle central, con caras alegres.
Una de las personas dijo: -Hace tiempo que no podemos jugar al fútbol, ¿Qué tal si hacemos un partido? Una de las chicas de la dotación lo apoyó: -¡Me parece buena idea! ¡Yo juego de golera!
Enseguida se contagió el espíritu deportivo y el jefe sacó una pelota que tenía en su casa y la tiró a rodar donde el mar congelado había dejado un espacio plano y con poca nieve, ideal para un partido de fútbol.
La pelota, estaba pesada por el frío y rodaba poco, pero los expedicionarios estaban tan entusiasmados que no se preocupaban de esos detalles.
Marosa, la foca curiosa, había salido de su hoyo en el hielo y se puso a mirar entusiasmada. ¡Nunca había visto un partido de fútbol en la nieve!
Otras focas que estaban por allí, al sentir el bullicio, se acercaron a Marosa y en un momento, se había formado una tribuna de focas, lobos marinos y muchas palomas antárticas, que miraban el partido desde las elevaciones de la playa y desde los témpanos que habían quedado varados en el mar congelado.
Si hubiera sido verano, seguramente habría muchos pingüinos también, pero en esta época, los pingüinos estaban en procura de comida en lugares más cálidos.
El partido, que había empezado como una diversión, comenzó a tornarse en algo serio. Se habían conformado dos equipos de 4 personas cada uno y el jefe hacía de juez.
Toda la dotación de ese invierno, estaba jugando. Había 15 grados bajo cero y como no había viento, la sensación térmica era agradable, pero los jugadores tenían que estar muy abrigados, porque si se quedaban quietos, se les enfriaba la transpiración y se podían enfermar.
En un equipo, las chicas de la base eran mayoría y en el otro jugaban los más veteranos, que estaban un poco gorditos.
Entre esa diferencia física y el intenso frío que limitaba las posibilidades de todos, el partido era parejo.
Al equipo en que jugaban las chicas, el jefe lo llamó “Palomas antárticas” y al otro “Los elefantes marinos”
En cada equipo había quedado un jugador de los hombres más jóvenes, y ambos se lucían cuando quedaban frente al arco, demostrando que eran ágiles y estaban bien entrenados.
A los diez minutos de juego, el cuadro de “Los elefantes marinos” hizo un gol y lo festejaron como si fuera la conquista del campeonato del mundo.
Las “Palomas antárticas” no podían llegar al arco, pero se defendían como leopardos marinos y no dejaron que les hicieran otro gol.
A medida que pasaban los minutos los del equipo de los Elefantes, se comenzaron a cansar y la presión sobre el arco contrario fue cediendo.
Las Palomas, aprovecharon este afloje y avanzaron por la punta derecha dejando atrás al defensa de los Elefantes y desde varios metros el puntero pateó al arco aprovechando una ráfaga de viento a favor y la pelota entró al arco.
El golero quedó tirado en la nieve, sin poder creer el gol que le habían hecho.
El público de palomas antárticas que estaban sobre el témpano, no se contuvo y la bandada salió volando, haciendo un círculo sobre la cancha, que dio ánimo al equipo de las chicas y enojó un poco a los Elefantes marinos.
El sol que se vislumbraba detrás del glaciar, ya se iba. Unas nubes negras avanzaban desde el sur y el viento comenzó a sentirse, haciendo sentir más frío a los jugadores.
El juez pitó para reanudar el juego y anunció que quedaban dos minutos de juego y se terminaba el partido. Estaban empatados y nadie quería perder, así que ambos equipos se pusieron las pilas y comenzaron a correr detrás del balón.
Los Elefantes marinos, más experientes, avanzaron como un bloque hacia el arco contrario, pasándose la pelota de manera precisa y el puntero remató al arco aprovechando que la que jugaba de guardameta, estaba adelantada…
Parecía que la pelota entraba, pero picó en un montículo de nieve y se fue por un costado.
Las focas y lobos que miraban el partido se empezaron a retirar buscando protegerse de la tormenta que avanzaba. Quedaban apenas 30 segundos de juego y esta sería la última jugada.
La guardameta, puso la pelota en el suelo y la pateó con toda su fuerza.
El portero contrario salió a devolverla intentando hacer el gol, pero se cayó al pisar el hielo lustroso y quedó tendido sin poder hacer nada.
La pelota picó y rebotó hacia el arco. Marosa, que venía arrastrándose sobre su panza, conversando del partido con su prima Corina, vio que la pelota venía hacia ella y se quedó quieta… La pelota rebotó de nuevo, picó en la cabeza de Marosa y ¡se metió en el arco!
Los Elefantes Marinos, no podían creer y le reclamaban al juez.
Las Palomas Antárticas, festejan el triunfo en la hora.
Marosa, no sabía qué hacer, así que se retiró a un lado y quedó expectante.
Los dos equipos se fueron sobre el juez pidiendo cada cual lo que consideraba justo.
El jefe no sabía qué decir, porque en el momento en que la pelota había sido tocada por Marosa, él estaba preparando el pito para finalizar el partido y no pudo ver la jugada… así que optó por tomar una decisión salomónica: -Acá jugaban las palomas y los elefantes marinos, así que si el gol lo hizo una foca, ¡No vale! -El partido queda empatado.
Los dos equipos se retiraron comentando los sucesos del juego y cada uno se declaraba mejor que el otro.
Al final era mejor que quedaran empatados, así cuando hubiera otro día lindo, jugaban la revancha.
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Historias de Marosa la foca curiosa: “Fútbol en la nieve”
Por Waldemar Fontes, Publicado en “Copos de Nieve - Nº 26 - Junio 2010″



Muy buen relato. Saludos.
bonito relato. un saludo.