Gato
30 de Octubre, 2011 13
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El sol le calienta. Abre los ojos. Se despereza. Salta desde el tejado y cae suavemente en el suelo. Sus verdes ojos, fijos en un punto distante. Bosteza y empieza a andar, majestuoso, por el trigal. Su larga cola naranja se mueve al compás de las espigas rozadas por la brisa.

Al otro lado, desde un alto muro, lo observa una pequeña bola plateada y peluda. En sus ojos, azules como el cielo, las pupilas se dilatan hasta llenar de noche su mirada. La cabeza ladeada, las orejas hacia atrás y el pelo erizado: se prepara para defender su territorio de ese intruso.

Es un gato joven. Tan solo ayer correteaba con su mamá, aprendiendo a cazar, sin preocuparse por el resultado. Al fin y al cabo su madre estaba allí para darle su propia presa si era necesario. Se frotaba contra ella por la noche. No tenía miedo; era feliz. Pero ella se había ido. Ya era tiempo de que viviera su vida, buscara su camino y se hiciera un gato de provecho.

Esa noche había descubierto el miedo. Todo era más oscuro que antes, los ruidos más fuertes…, hasta el aire se había vuelto frío, a pesar de que era pleno verano. No dejó de temblar mientras la luna rondaba, pero al salir el sol y mirar el campo a su alrededor, se sintió fuerte. Su madre le había enseñado bien. Sí, viviría su vida.

Y ahora, ¿qué hace ese gato grande acercándose a su zona? ¡¿No ve que él está dispuesto a defender su territorio con uñas y dientes, incluso con su vida?!… Bueno, quizá no tanto. El mundo es muy grande y él demasiado joven para morir.

El gato grande y naranja sale del campo dorado y se para al pie del muro. La bola peluda lo mira amenazante. Él saltta sin esfuerzo alguno y aterriza justo enfrente del belicoso cachorro, que, totalmente asombrado por el salto, un salto del todo imposible, olvida su miedo y, balbuceante, pregunta:

—¿Cómo has hecho eso? ¡Nadie puede saltar tan alto! ¿Me enseñarás?

El gato bosteza y, sin responder, pregunta a su vez:

—¿Cómo te llamas, pequeño?

—¡Yo no soy pequeño! Ya vivo solo y, por cierto, estás en mi zona.

—¿Tu zona?

—Sí, eso es, y la defenderé de cualquiera que se atreva a entrar en ella.

—Aún no me has dicho como te llamas.

Y el cachorro, desarmado por la tranquilidad del recién llegado, responde, aturdido:

—Mi mamá me llamó Azul. Y tú, ¿ cuál es tu nombre?

—Tengo muchos, pero tú llámame Gato.

—¿Gato? ¡¿ Cómo voy a llamarte Gato?!. Todos somos gatos. ¿Cuáles son tus otros nombres? ¿Y por qué tienes más de uno?

—Para ti soy sólo Gato. Quizás algún día conozcas alguno de mis otros nombres. Quien sabe. Y basta ya de preguntas, tenemos mucho trabajo por delante.

—¿Cómo que tenemos?… Yo no tengo nada contigo. Ni te conozco, ni te he llamado, ni…

—¿No quieres saber el secreto de mi salto?_ Le interrumpe Gato.

—Hummmm… Bueno, sí. Explícamelo y vete.

—Ah, ¿y tú qué vas a darme a cambio?

—Bueno, yo… ahora no tengo nada. No sé… ¿Qué tal la próxima pieza que cace?

—¿Me ofreces algo que todavía no es tuyo?

—Bueno…, yo…

—Déjalo. No me interesa la caza.

—¿Cómo no te va a interesar? Tú comes, ¿no? ¡Pues necesitas cazar!

—Yo no necesito cazar para comer.

—¡Oh! ¿Vives con los humanos, ¿verdad?! ¿Cómo es eso? ¿Cómo son? Cuéntame, ¿cazan para ti? ¿ Los tienes amaestrados?

—Veo que quieres que te cuente muchas cosas, pero no tienes nada para ofrecerme.

—Dime, ¿qué puedo darte?

—Dame tus mañanas al sol sobre este muro.

—¿Para qué?

—Para compartir silencios y saborear trozos de espíritu.

—¿Espíritu? ¿Qué clase de ser es? ¿Es bueno? ¿Se come? Nunca nadie me ha hablado de él. ¿Cómo se caza?

—Hasta mañana, Azul.

 

13 Comentarios
  1. Me encantó…”compartir silencios y saborear trozos de espíritu”

    Felicidades.

  2. “compartir silencios y saborear trozos de espíritu” , que buena frase. Y que buen cuento!

  3. me ha gustado mucho,el gato es un animal que siempre me cautiva y en tu texto se saborea muy bien,es gracioso y a la vez poético.

    • Gracias. Es el primer capítulo de un cuento que escribí para mi hija de 8 años (en ese entonces) para responder cuestiones que le preocupaban. Y su animal preferido es el gato. No tenía opción.

  4. Me quedo con la frase que escogieron Felipe y Marcos Alejandro:
    “Para compartir silencios y saborear trozos de espíritu.”
    Me ha gustado mucho, Taiku.
    Un abrazo,
    Luna

  5. Gracias Luna de lobos.

  6. Me gusta mucho como escribes. Te felicito sinceramente y te doy mi apoyo. No sé si has leído mi cuento “Las aventuras de Chopi el charco”.

  7. Parece que Azul se ha encontrado con alguien importante. Me ha gustado mucho y me he quedado con más ganas de saber sobre Gato. Es todo un filósofo, aunque me ha extrañado que no se llame Gata. Felicidades y voto.

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