Green is the colour (tercera parte)

En la terminal encuentran un paquete sospechoso, una pareja intenta pasar los controles sin declarar unos dedales que se han tragado la noche anterior. En la cabina del A340-600 se ha encendido la luz del sistema hidráulico indicando que algo va mal. Tras varias comprobaciones abortan el despegue y Midori se queda en tierra. Ya en casa, tiene ganas de relajarse, de olvidar por completo el mundo. Desconecta el teléfono. Ha decidido hacer una sesión con sus películas favoritas de Audrey Hepburn y comer ensalada de frutas con helado. La noche pasa desapercibida.

Se levanta del sofá, ha tenido suficiente cine por hoy. Se merece un baño caliente con sales aromáticas.

El vapor se ha condensado en el espejo del baño, pasa una toalla de manos por la superficie empañada hasta ver su imagen borrosa reflejada. Toma un frasco, unta la crema verde a base de aguacate y pepino en la mano y la riega por su cara formando pequeños círculos que van cubriéndole todo el rostro hasta llegar al cuello. En conjunto con el pelo recogido, desnuda y la cara completamente verde, se siente ridícula. Va hasta la habitación, allí encima de la cama está la reliquia. Es verdaderamente hermosa e intrigante. La toma entre sus manos, la siente. Ve a través de ella como algo late en su interior. El rumor de millones de pensamientos antiguos y futuros la embargan. El haz verde que emana de la piedra le produce una paz profunda. La naturaleza la abraza. Lo incompleto encuentra su parte. Es el mantra universal. El gran orgasmo cósmico. Todo el universo concentrado en su punto de gravedad.

 

No sabe cuanto tiempo ha pasado pero un ruido la hace volver en si, aturdida y débil tarda unos segundos en comprender que el sonido que proviene de la cocina es de cristales cayendo . ¿La ventana? alguien intenta irrumpir en casa. Un calor como el del desierto la invade, aunque no se aprecia, debajo de la máscara verde, la cara se le ha puesto roja. Sale al pasillo sin hacer ruido . La silueta es desproporcionada gracias a la luz que entra desde el patio. Un gigante ha entrado por la ventana y se dirige hacia la sala. Se desvanece de la cintura para abajo, como un genio entrando en la lámpara, siente que se desmaya. Regresa a la habitación, no se ha dado cuenta pero ha estado sosteniendo la reliquia en su mano izquierda todo este tiempo. Le siguen temblando las piernas, y en consecuencia el cuerpo entero. El armario es grande, puede ser un buen refugio, si se esconde entre la pila de ropa que tiene acumulada dentro. Al pasar la barrera que divide la habitación y el armario, materializada en sendas puertas que se deslizan, el tótem deja de emanar luz y la oscuridad se vuelve tan grande que Midori jura no haber visto un negro tan profundo en su vida.

 

Landino sabe que no será difícil entrar. Ella debe estar en algún punto lejano del planeta, confiando en que los aviones vuelan a diferentes alturas. La verja es de fácil acceso. Es un edificio de condominio de tres plantas, la mayoría de los habitantes están jubilados, en el centro hay una piscina bien cuidada, cristalina. La ventana de la cocina es lo suficientemente grande para que pase un hombre de su envergadura, no hay rejas ni nada que se resista, rompe el cristal con la linterna y espera a ver si ocurre algo, pero como imaginaba nadie reacciona, ni siquiera un alma se asoma entre las ventanas que lo rodean.

El apartamento es mas bien sobrio, hay pocos adornos, las paredes son blancas y los aparatos parecen ser bastante modernos. El televisor, negro y plano, descansa sobre la repisa central de un mueble hecho a medida con láminas de melamina blancas y negras. También hay una caja negra redondeada al lado conectada con cables al televisor. Los cajones están integrados, no hay palancas ni pomos de los que jalar para abrirlos. El sofá es verde pálido, que hace juego con la mesa central (más bien con el mantel que cubre una parte). Landino inspecciona hasta el más mínimo recoveco, sin resultados. Sabe lo que busca, aunque no lo haya visto.

En ambas paredes del pasillo que comunica con las habitaciones cuelgan fotos de diversos lugares del mundo. Ella con monumentos reconocibles de fondo, la forma plástica del “Yo estuve aquí”.

Al echar una ojeada en el baño se da cuenta que lleva un buen rato sin orinar, a su edad eso no es bueno, él lo sabe, se lo había dicho su médico, Santorini. En un movimiento ágil apoya la linterna en el hombro izquierdo y ladea la cabeza, sujetándola para que no se caiga, apunta el foco hacia el inodoro, levanta la tapa, se abre el pantalón y descarga. En realidad tenía muchas ganas, pero apenas soltó dos chorros entrecortados. Tal vez la tensión del momento lo había bloqueado. Landino desiste y pulsa el botón de la cisterna, la luz del foco produce destellos fantasmagóricos sobre el agua en movimiento.

Una de las habitaciones está habilitada como despacho, la biblioteca ocupa toda una pared. Hay guías de viaje y algo de literatura, en su mayoría novelas de Agatha Christie. El escritorio cuenta, entre otras, con computadora, impresora y separador de plástico con papel fotográfico de varios tamaños. Clavado encima del escritorio un gran mapamundi lleva chinches repartidas por toda la superficie del planeta.

Las cortinas son oscuras, así que la luz que proviene de la calle no puede colarse. Con la ayuda del foco, Landino, repasa el dormitorio. En la cómoda que está frente a la cama no hay nada aparte de ropa interior, joyas, pinturas, cremas y cosas por el estilo. En la mesita de noche hay una agenda, un libro, gel lubricante, dos bolígrafos, una caja de condones… Ni rastro del artefacto.

Un ruido como de arena cayendo causa un fuerte sobresalto en Landino que está absorto, hurgando en la segunda gaveta de la mesita, instintivamente, apaga la linterna y rueda por encima de la cama, al caer del otro lado echa pecho al suelo amortiguando el golpe con la palma de la mano, gira sobre el hombro derecho y queda enfrentado a la puerta de la habitación. No sabe de donde proviene el sonido pero está ahora en una posición ventajosa por si se ve obligado a defenderse. No puede ser ella ¿Será posible que tenga un amante o algún familiar que vigilen la casa y él no lo haya averiguado en la investigación exhaustiva que hizo antes de decidir el día propicio.? No lo cree.

El sonido se desvanece y aumenta, es como si hubiese un gigante girando un reloj de arena gigante. Asoma la cabeza por el pie de la cama, no logra identificar la procedencia del sonido pero se da cuenta que del armario sale un resplandor verde, es muy sutil, aun así puede verlo gracias a la oscuridad que lo envuelve. Está ahí, no es una ilusión, la luz late. Se le encoge el estomago y siente las piernas, a partir de las rodillas, como dos sacos de cemento. La lógica le grita desde algún lado que debe ser un aparato electrónico. Sabe que el artefacto es una piedra verde como el jade, pero nadie le dijo que podía emitir luz. Tiene que levantarse y ver que es eso de ahí dentro. El gigante gira de nuevo el reloj.

De pequeña el desorden la salvó, en varias ocasiones, de hacer cosas que no le agradaban, como tener que jugar con el primo que quería meterle mano todo el tiempo o de ir al parque (cosa que odiaba) porque sus padres la castigaban prohibiéndole salir hasta recoger la ropa y ordenar la habitación. Ahora podría salvarle la vida, sólo si se queda inmóvil, con suerte el intruso no busque entre el montón de ropa que está regada por el suelo del armario.

Los pasos amortiguados del intruso retumban en su cabeza, ha entrado en la otra habitación, quizás. No siente las piernas pero sabe que están ahí. Ese vuelo tendría que haber salido, ella estaría en las alturas, ajena al peligro, y, a su regreso sólo tendría que cambiar la cerradura y dar el parte al seguro. El sonido del inodoro descargándose le produce vergüenza y lástima a la vez. Morir desnuda con la cara embadurnada de crema en manos de un desconocido no es precisamente lo que ella considerara una muerte digna. Los pasos se dirigen hacia donde se encuentra ella, por los bordes del armario puede ver la luz de la linterna. Un chorro de calor baja por la entrepierna formando un charco debajo de ella. Su mano derecha está tan apretada que las uñas se han clavado en la palma, en la mano izquierda sostiene la reliquia, al mirarla queda atrapada por su belleza, el haz de luz verde brota del interior inundando todo el armario. quiere deja de mirarlo pero no puede, quiere que pare. El rumor se hace más fuerte como un ejército de camiones de volteo descargando arena en la playa. El silencio que precede a la explosión violenta de la naturaleza se apodera del cuarto.

Ella siente la vibración de la puerta deslizándose, el grito no le sale de la garganta, le brota del vientre y como un animal que se siente amenazado Midori se abalanza sobre él blandiendo la reliquia.

Landino ve aparecer un monstruo de entre la pila de ropa, retrocede tropezando con la cama, aprieta la mandíbula hasta que una muela se quiebra. Un trozo de hueso se le escurre debajo de la lengua. La plaga de dioses vengadores finalmente lo ha encontrado. El fuego emerge de las tinieblas, justo bajo sus pies. El monstruo con la cara agrietada y verde se abalanza sobre él, con las manos por encima de la cabeza, sostiene un arma que resplandece mil veces más que el sol. Se da cuenta de que algo está a punto de ocurrir, algo tan malo que el mundo da vueltas a su alrededor. Tan terrible que el universo se detiene y deja de crecer. En el punto más oscuro de la noche, el que anticipa el amanecer. Ahí, en un instante, el silencio.

 

Volver a parte 2ª

Sin comentarios
Deja un comentario

13

Seguidores

11

Publicaciones

8

Veces que ha sido leído este artículo