Incomprensiblemente inextricable cotidianeidad
17 de Febrero, 2012 10
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Si has conseguido leer el título serás capaz de leer la historia, adelante:

Uno se intenta despegar de la odiosa rutina que se nos pega a diario, y lo hacemos en el momento más débil para esta: el viernes por la tarde. No hace falta mucho esfuerzo para eso, parece que estamos programados para hacerlo automáticamente, en ese momento sin concretar del viernes se tiene la ligera sensación de perder un poco las referencias, en el intento por hacer todo diferente, de llenarse de ocio y actividades agradables, se deja uno parte de su identidad.

Y esa sensación de estar en “off”, como flotando, por el divertido y holgazán mundo del fin de semana, se vuelve a perder abruptamente el domingo por la tarde. El fin de semana inventado por el mercado es una quimera, una ilusión óptica, y solo es una realidad tangible para Visa, para el centro comercial y para la autopista de peaje.

El domingo por la tarde, ese es el gran momento de la semana y no el famoso lunes por la mañana, que es otro invento. Es a partir de darnos cuenta por sorpresa de que en unas horas empieza otra semana y, que casualidad, la semana nueva empieza en lunes. Y vuelta a la cotidianeidad, vaya palabra, hay pocas sensaciones tan confusas como la de volver a la cotidianeidad, es un proceso que nos parece irreal quizá porque la palabra sea tan complicada que creemos que no es posible volver a ella; pero sólo tiene que llegar el domingo por la tarde, es imparable.

El desagradable pitido del despertador es como un calambrazo de identidad, como la silla eléctrica de tu condenada personalidad, y ya no hay apelación posible. El salto de la cama te recuerda que edad tienes, ahí en frio caes en la cuenta de que ya no tienes 30 años, y si te quedan dudas, después te vienes a encontrar con ese Yo que ves al otro lado del espejo, con esa cara de bobo y pidiéndote a gritos un poco de crema hidratante, ese también eres tú.

Y cuando en el ascensor te encuentras a esos vecinos derrotados ya antes de empezar el día, cuando cruzas la avenida por el paso de zebra que te gusta a ti, cuando vas al café y te sientas solo en esa mesa (y no otra), ese eres tú también, poco a poco recuperas tu supuesta identidad.

Cuando viene la camarera con el café exactamente como te gusta a ti, cuando abres el correo electrónico y entran en tromba esos mensajes que te recuerdan a que te dedicas, cuando el imbécil del portero te dice que tienes una carta certificada de Hacienda, cuando te llama una poeta para preguntarte la hora de la reunión y te recuerda que eres poeta tú también.

Y así durante cinco interminables e inextricables días, en los que tenemos una falsa convicción de seguridad, durante los que creemos saber quienes somos y que hacemos aquí. Hasta el viernes después de comer, cuando hartos ya de tanta identidad de diario (y de hacer colas en el banco), tiramos la rutina al contenedor enfrente de casa, intentando renovarnos, convertirnos en alguien diferente, y empezamos a flotar por el irreal e incomprensible mundo del fin de semana.

10 Comentarios
  1. Impecable descripción de nuestro andar cotidiano, por no decir de nuestra cotidianeidad que suena realmente complicado, por suerte existe esto de la literatura que es un libro de autoayuda o es todos los libros de la biblioteca de Babel. Muy bueno y gracias por compartir.

    • Gracias Diego! prometo compartir más! buen fin de semana…..a flotar en la irrealidad hasta el domingo por la tarde.

      Jose María

  2. Excelente acercamiento al día a día de todo ser humano.

    Saludos,

  3. Interesante reflexión, lúcida y nada autocomplaciente, acerca de los avatares del día a día.

    Como quiera que sea, pensar acerca de la rutina nos hace distanciarnos un poco de ella y construir de esta manera, un cierto ámbito de libertad.

    Saludos!

  4. Relatourbano: tan complicada es la palabrita esa, que tú -y tal vez también tus paisanos- la escriben: cotidianeidad, y nosotros, en México: cotidianidad.
    Una felicitación muy calurosa por ese domicilio de las bellas letras de que eres poseedor.
    Volivar (Sahuayo, Michoacán, México)

    • Hola Volivar, gracias otra vez por tu comentario tan amable, y sí: la palabra se las trae, en España se usan las dos formas, yo he usado la más complicada por razones obvias, jeje.

      Un abrazo, Jose María

  5. relatourbano
    me encanó tu descripción
    aunque con un océano en medio separándonos, siento igual sensación de ¡qué vengo yo a hacer aquí?! del fin del descanso.
    felicitaciones, che!!!!
    desde Buenos Aires, Argentina

    • Gracias Ersilia, efectivamente da igual que tengamos un océano en medio, las sensaciones son las mismas, aqui en España ys es Domingo por la tarde, ya siento el abismo, en pocas horas será lunes !

      Jose Maria. El Caravanserai.blogspot

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