Incomunicados
13 de Septiembre, 2012 14
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Ella miraba por la ventana, a su lado una anciana movía la cabeza de un lado a otro con resignación. En el vagón de aquel tren cada persona iba a lo suyo.

El joven del pelo azul, con el ipod a un volumen por encima de lo que se considera saludable para los oídos; el señor del maletín gritándole a un tal Juan a través del móvil; la muchacha de la carpeta, con fotos de Damon y Stephan Salvatore, sumergida en su whatsapp; un chico rubio de ojos verdes que jugaba con su teléfono; y una señora oronda, que acababa de subir, y puso sus bolsas en el asiento de su izquierda para evitar la compañía durante el trayecto del cercanías.

La anciana seguía moviendo su cabeza con resignación y suspiraba como si hubiese ocurrido una desgracia.

Aunque miraba por la ventana veía en el cristal, reflejado, el rostro de su vecina de asiento. La anciana tenía unos ojillos pequeños, grises y muy vivarachos, pero el movimiento de su cabeza y el suspiro denotaban una tristeza que contrastaba con el brillo de su mirada.

En el fondo ella sabía lo que pensaba, su abuela se lo repetía constantemente: “¿Dónde vamos a parar? La gente ya no se comunica, las personas no hablan, no se saludan, no se miran a los ojos, no se conocen.”

¿Cuántas maravillosas historias se perderían por culpa de ese aislamiento (autoimpuesto)? ¿Cuántas experiencias dejaríamos de tener al querer aislarnos de los demás? ¿Y si la chica del whatsapp perdía la oportunidad de mirar los verdes ojos de aquel que se sentaba frente a ella? ¿Y por qué aquel señor no paraba de chillarle/gritarle a Juan por el móvil y sonreía un poco? ¿Por qué la oronda señora no quería a nadie a su lado? ¿Por qué los jóvenes van siempre con los oídos tapados?

¿Cuántas veces habrían coincidido en este mismo vagón, a esta misma hora, estas mismas personas?

Podía ver, en los ojos grises, todo esto y en el fondo, en silencio, le daba la razón.

Perdemos al cabo del día decenas, cientos, de momentos irrepetibles para conocer a los que andan a nuestro lado. Así el mundo cada vez se hace más extraño, más frío, más absurdo, pero al llegar a casa nos conectamos a facebook, a twitter, a tuenti, a badoo, a zook o ¡vete tú a saber! para encontrar ¡calor humano! Así que, ¿para qué hablar con la persona que tenemos al lado?

Retiró la vista de la ventana. La señora se levantaba para bajarse en la siguiente parada. Le miró y quiso decirle: “¡Tiene usted razón, donde debería haber personas sólo hay islas solitarias que forman archipiélagos sin puentes, sin conexión, construyendo un mundo triste y oscuro!”.

Pero no pudo… Subió el volumen de su mp5 y continuó mirando por la ventana.

14 Comentarios
  1. Muy certeras tus consideraciones, Sofi, el mundo se ha incomunicado gracias a los nuevos mecanismos de comunicación (?). Un abrazo y mi voto.

    • ¿Gracias a los nuevos mecanismos? No será quens escondemos tras ellos…
      Sea lo que sea, esperremos que esto no nos deshumanice demasiado.
      Saludos Vimon

  2. Una verdadera meditación sobre la actualidad de la comunicación entre los seres humanos, Sofista. Te felicito! Y muy buen desenlace para que sea un cuento. Mi voto

  3. Sofista: esa es la triste realidad; se está terminando la intercomunicación social, y esto gracias a la tecnología; esa tecnología que debería aplicarse a la producción de la materia prima, para que la gente saliera de la miseria, pero no, la aplican a las cosas valadíes, consiguiendo que los seres humanos no sepamos nada y no nos interesen los asuntos, los temas, las vidas de las personas que tenemos a lado, aunque sean familiares.
    Amiga, vaya que el mundo se ha vuelto de cabeza, olvidándose de vivir.
    Mi voto
    volivar

    • Ojalá en algún momento no nos escondamos tras tanto cacharro y volvamos a una comunicación directa y humana.
      Saludos Volivar

  4. Una reflexión excelente Sofista, ¿cuántas veces no somos partícipes de escenas como éstas?, como si cada quien estuviera en su mundo, pero sin advertir que mientras compartimos el mismo espacio formamos parte del mundo del otro y viceversa. Me gustó, mi voto y un abrazo!

  5. Querida amiga, me ha encantado tu reflexión sobre la incominicación humana. ¿ por qué será que preferimos comunicarnos via internet y otros métodos tecnológicos avanzados y evitamos hacerlo frente a frente? ¿ Por qué será que evitamos mirarnos a los ojos?
    Tal vez temamos ver la soledad y frialdad de nuestro corazón reflejada en los ojos de nuestro interlocutor.
    Un beso y mi voto.

  6. Aprovechando mi lectura de “El lenguaje del Yo en la modernidad” me parece que el problema no son los teléfonos, internet ni ninguna de las tecnologías de comunicación las que nos hacen incomunicativos, sino más bien, el concepto del Yo que existe actualmente. Transcribo: El individualismo actual que caracteriza a la sociedad actual promueve un empuje a la originalidad narcisista, confundida con la justificación para el goce. Asistimos en consecuencia a la omnipresencia del Yo, a la omniverborrea del Yo, El Yo está tan presente que nadie escucha a nadie. Un Yo habla y otro le interrumpe. Por eso, uno de los términos que ha hecho fortuna en nuestras sociedades posmodernas es el de la autoestima, basada en la creencia en la omnipotencia del Yo, en la afirmación de un Yo a prueba de bomba. De hecho, eso es lo que persiguen las técnicas cognitivo-conductuales: una vez evaluado, una vez que se ha dejado al paciente “sin cualidades”, la promesa es convertirlo en dueño y señor de sí mismo. Paradójicamente, este artificio lleva al desvalimiento más absoluto de los sujetos porque la castración imposible de admitir retorna en lo real. (El lenguaje del Yo en la modernidad. Manuel Fernández Blanco. Psicoanalista) Un saludo, Esther.

  7. Me ha encantado Sofista. El análisis filosófico, la ironía del final, todo.

    Te dejo el voto merecido.

    Un abrazo,

    Nico

  8. Influye, como siempre, el buen o mal uso que hagamos de la tecnología. Bien usada, es que podemos compartir estas cosas, en estos sitios.

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