Indigenismo citadino
3 de Agosto, 2012 5
4
     
Imprimir
Agrandar Tipografía

Indigenismo citadino

Yo llevaba alrededor de ocho estaciones recorridas en metro y ya estaba hasta la madre de escuchar a los vendedores: rastrillos, lupas, engrapadoras, libros, discos, etc. A diez pesos le vale a diez pesos le cuesta. En todos los vagones habrá siempre un vendedor de fruslerías, y en cada estación. Pero el siguiente no sería un vendedor, esta vez sería diferente, la recordaría como la insensibilidad. Entró una indígena, con una armónica, tocándola con rapidez, inflando y desinflando sus cachetes tan pétreos como azarosos pezones, provocando una armonía enajenadora, con sólo dos tonos y soplidos al azar. La anciana se acercaba con un caminado precario, sin ver hacia enfrente, pues era ciega. En una mano llevaba un bastón y con la otra el instrumento musical. De su brazo derecho traía colgando una cubetita en donde los pasajeros del metro debíamos depositarle nuestra lástima. Yo no tenía planeado darle alguna moneda porque desde hacía tiempo regalaba de esa manera mi dinero hasta que, después de vivir famélicamente, reflexioné que “está cabrón darle dinero a cada jodido que veo en la calle”. Mi madre siempre me lo dijo: eres un blandengue. Pero esta indígena me traía recuerdos de mis raíces, como si mis antepasados me llamaran. Cada que se acercaba a mi lugar, en donde estaba sentado, me acongojaba más y más en cada paso pequeñito que ella daba; hasta me daban ganas de llorar, darle todo mi dinero y sentirme más cerca del cielo. Pero era lo contrario, sabía que mi dinero sólo la aliviaría momentáneamente pero jamás la iba a curar; refunfuñaba cómo diantres era posible que una señora mayor, como decíamos en mi barrio: una viejita con cabeza de ciruela pasa con leche: canas y arrugas, ¡de tatuaje! Pero esta era ciega y frágil, lenta, ¡y estaba caminando entre miles de cuerpos nescientes que sufren del desinterés que consideran normal pero que toman decisiones a todo momento y tienen gran impacto en la ciudadela. “¿Hola, cómo estás Dios? Je, perdón, ¿estás?”. Me preguntaba estupideces que podrían tener muchas de respuestas: la necesidad, el gobierno, los astros, Dios, el sistema, el neoliberalismo, el narcotráfico, el fútbol. Pero lo cierto fue que a la única certeza que llegué es que los indígenas deberían ser los pobladores más dignos de México.

Entonces pasó frente a mí, chocando su bastón en el piso. Su armónica era hermosa, color amarilla y ensalivada, por un momento pensé que el sonido había absorbido al tiempo, es decir, como si la armónica hubiera capturado a los segundos y en cada soplido que la anciana daba, pasaba un segundo frente a mis sentidos, con lucidez y armonía.

Le coloqué en la cubetita cuarenta y cuatro pesos, lo que me había sobrado del billete de cincuenta con el que pagué dos boletos del metro. Recordé a mi madre, después a mi abuela y al final a la bisabuela, que había muerto de ochenta y tantos años unos meses atrás. Morenas, trabajadoras, cocineras, ejemplares. Incursamente espirituales, bondadosas y hasta mitológicas. El metro llego al andén posterior y la anciana salió del vagón a tumbos para después, inmediatamente, entrar al siguiente vagón.

5 Comentarios
  1. Amigo Julioko, me gustó el mensaje implícito acerca del respeto que merecen los indígenas por ser los primeros pobladores de la región. A pesar de ello su cultura ha quedado rezagada y su gente desplazada y olvidada, obligándolos a migrar a zonas más pobladas y mendigar por la falta de oportunidades laborales. En mi país (Venezuela) pasa lo mismo.
    Por otra parte, sabes que me gusta mucho tu estilo. En este caso tuve que remitirme al diccionario para entender como aplicaste algunas palabras, a mi juicio algo rebuscadas. Por ejemplo la palabra: “incursamente” y la expresión “cuerpos nescientes”; la primera, que parece ser un adverbio, en realidad no lo es. De hecho esa palabra no existe, o por lo menos no la conseguí en ninguna parte. Al igual que “cuerpos nescentes”, que lo asocio a ¿”personas ignoranes”?. En fin, son sólo observaciones. Pero como siempre logras captar mi atención haciendo que me meta en el relato hasta el fin.
    Saludos!
    Rafael Baralt

  2. Primeramente gracias por leer y por hacer tal observación.
    No justificare mi escaso vocabulario que me hace inventar palabras jaja pero por lo menos intento estar consciente de donde surgen, veras:
    Con la palabra “incursamente” me refería a la palabra “incurrir”, que sí es un verbo y significa caer en falta o error. Y yo en el relato le califiqué a las familiares (madre, abuela) como espirituales. Como si ser tan espirituales y religiosas les haya costado caro.
    Y con los cuerpos nescientes me refería a los millones de personas defeñas que no saben el mensaje implícito que intente ofrecer con el relato.

    Saludos

  3. Hola Julioko.
    Excelente relato. Mucha sensibilidad social.
    Y un reclamo genuino para la reinvindicación de los derechos de los indigenas.
    Abrazo y voto.

  4. Julioko: te felicito por poner muy en alto a los verdaderos dueños de la riqueza de nuestro país, y que a pesar de esto, piden limosna en todas partes: en las oficinas gubernamentales, en las calles, cuando ellos son los dueños y señores de México; los demás, no somos más que emigrantes o arribistas.
    Saludos Mi voto
    Felicidades
    Volivar

  5. Julioko: quise decir “inmigrantes”.
    Saludos
    Volivar

Deja un comentario