Invertir la realidad (mi tienda de las ilusiones)
6 de Marzo, 2012 8
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Hay gente que invierte en Bolsa de Valores, otros en propiedades inmobiliarias, otros invierten el tiempo en no hacer nada, como el inútil del portero de mi bloque de oficinas que se pasa la mañana apoyado en la barandilla de la calle mirando al sol como buscando algo que se mueva por el espacio exterior. Yo invierto la realidad.

Y tengo buenos dividendos. Siento muchísimo el relato de ayer sobre La Soledad pero gracias a ese gran salto que pegué desde la cama, y del que todos fuisteis testigos, hoy me siento con la mente en calma y dispuesto a contar sobre como invierto mi tiempo, sobre todo en horario laboral y retribuido, con la tranquilidad de que mi jefe no trabaja en esta oficina sino en Madrid, a seiscientos kilómetros de distancia de aquí, y no tiene ni idea de que tengo un blog, y menos todavía se imagina que soy un falsario.

Resulta que yo le doy la vuelta a todo lo que se me presenta por delante, no invierto en nada realmente, solo voy surfeando por los acontecimientos vitales, por los cimientos de la existencia mundana, arrastro mis zapatos levemente por la acera para no molestar, para pasar desapercibido. Es la mejor estrategia, el otro día una funcionaria de Hacienda me maltrató verbalmente y con obstinación, yo me acordé de lo que me repite los miércoles Rigden, el monje budista que me enseña los principios de la filosofía oriental: nada de enfadarse, es la peor emoción, y tal y como la funcionaria me escupía palabras yo le devolvía sonrisas, y con lo feísima que es la tía (y juro que se llama Margarita!) yo voy y le digo que el sol, que esa mañana entraba tan temprano ya por la cristalera, se reflejaba en su cara iluminándola. Se me rindió la funcionaria, y desde ese día es mi amiga, ha suavizado su mirada y ya no me escupe palabras, pero sigue siendo feísima la condenada.

Y así hago con todo, intentando darle la vuelta a la realidad, tal cual. Desde hace dos o tres años recibo unas llamadas de teléfono en la oficina de gente muy diversa preguntando por “Antigüedades Nicanor” (vaya nombre, pienso yo), yo siempre respondo educadamente, como me imagino que responderían en un auténtico anticuario, que NO, que se han equivocado. Y ese público heterogéneo siempre me contesta como con prosa literaria, por lo que sospecho que se trata de un mercado con alto poder adquisitivo. Y eso me está haciendo pensar. ¿y si invirtiera la realidad completamente?, ¿y si a partir de la próxima llamada equivocada respondiera que sí, que qué desea, en que le puedo ayudar?, sí digamé?.Da igual lo que me pidan, un espejo del Dieciocho, un trisillo Isabelino, un quinqué, “¿señora, qué?”. Lo tengo todo a mi alcance, se lo haré llevar por un módico precio que incluya el transporte y un buen margen, es mi oportunidad para darle la vuelta a mi realidad. Veo a Rigden sonriendo y advirtiéndome que deje que todo fluya, que no fuerce la situación. Me proveeré de todo tipo de objetos en la casa de mi madre, que en sus dos casas tiene cuadros, muebles y decoración suficientes para llenar un museo, y que decir de mi hermano pequeño a quien que su suegro le pegó la sana costumbre de coleccionar cachivaches, objetos inútiles y cacharros sin destino marcado, por Dios.

Y si la tienda de antigüedades falla, tengo una idea genial. Resulta que todas las semanas recibo otra misteriosa llamada, esta vez del departamento de morosos de una de las grandes compañías telefónicas, en la que me preguntan por tal ó cual vecino de mi bloque, incluso a veces por mí, para reclamar deudas y facturas impagadas. A veces inclusi llegan tan lejos en su atrevimiento que me piden que si me puedo acercar, por favor, y dejar una nota debajo de la puerta al vecino de parte de la compañía de teléfonos. Ven la oportunidad de invertir la realidad?
a próxima vez voy a decir que si, que conozco al vecino en cuestión y que puedo hacerme cargo de la gestión, y que por una suculenta comisión puedo dejar notas, hacer visitas a discreción y todo lo que se tercie, incluso llevar la lista de morosos de la gran compañía en toda la ciudad y alrededores.

Pero un momento, si yo lo que realmente quiero es invertir en mi Tienda de las Ilusiones, de la que hablaré en mi próximo relato. Una tienda de libretas y cuadernos de colores, plumas mágicas, lápices de madera y con olores, libros personalizados, estanterías sin fin, que abra los domingos por la mañana y hasta en fiestas de guardar, donde vengan los adultos, niños no por favor, con problema existencial, y que salgan con ilusiones, por la puerta lateral.

8 Comentarios
  1. Aquí tienes un socio para la tienda de ilusiones, al otro lado del Océano las sensaciones son similares, la existencia, no conoce de fronteras, arrasa a todos por igual. Un abrazo. Gracias por compartir.

    • Contaré contigo pues, para montar este establecimiento en el que se venderán (pero no se cobrarán) ilusiones !

      Un abrazo nanky. Jose Maria

  2. Me encantó esta Tienda De Las Ilusiones y aguardo ansiosa el próximo relato. Gracias por compartir.

  3. qué buen relato!!!!
    contame como socia
    tengo algunos personajes teatrales para venderles

  4. Real, actual, refleja una onda del ser que puede ser compartida por muchos.
    Si fuera real que tienes un maestro…¡Qué suerte!
    Yo me apunto a tomarme un cafelito en tu tienda, con mi problema existencial, y espero salir por la puerta de atrás cargada de ilusiones.
    Gracias por compartir

  5. Relatourbano: otra obra maestra salida de tu pluma; si pudiéramos vivir de iusiones, qué felicidad.
    Muy ameno lo que has puesto hoy en la red. Atrapas al lecor con esa magia que ienes al escibir de la cotidianidad, porque las ilusiones son algo esencial de nuesta vida.
    Atentamente.
    Volivar, que te lee con inmensa alegría.

  6. Me atrapaste nuevamente. Un bello relato. Recordaré lo que te recomienda el sabio maestro: cero enfado.

    Saludos!

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