Un perro, un mono, una araña, una paloma, un par de manos, o, mejor dicho, las sombras de un par de manos sobre la pared, proyectadas por la luz de una vela puesta a la fuerza en el pico de una botella de vino, vacía, por supuesto, que las velas no son buenas para conservar este tipo de bebida.
Corte de luz. No hay radio ni televisión como distracciones disponibles debido al corte de energía en la casa de los bisabuelos. Pero eso no es excusa para no divertirse; los adultos pueden sentarse a la mesa y conversar, como antaño los primeros hombres entorno al fuego, mientras los niños juegan con su sombra. Además, un apagón no es cosa de todos los días.
Hay muchísimas figuras posibles de realizarse empleando las dos manos, e incluso todo el cuerpo, todo depende de la habilidad contorsionista del que juega y, por supuesto, una pizca de creatividad.
“Un dinosaurio”, dice el hermano menor al ver la figura hecha por su hermana. “¡No!, es un perro”, contesta ella. Como se verá, también la interpretación de las figuras es imprecisa, aunque en este caso la interpretación de la mayor será aceptada e imitada. “¡Un perro!”, le dirá el niño al bisabuelo, quien no podrá hacer más que reír y solicitará la realización de un cocodrilo.
¡Un cocodrilo!, difícil tarea para estos hermanos aficionados, pero lo intentarán, se pondrán a prueba, cavilarán lo suficiente hasta lograr la figura… o una aproximación.
¡Un cocodrilo!, sí, un cocodrilo se volverá el espectro de esa noche y atormentará las mentes de los hermanos. Si no lo logra, si son ellos lo suficientemente resistentes al miedo, les rogará, se pondrá de rodillas (esto es imposible, pero tal vez lo intente), hará de todo con el fin de obtener una sombra que le reafirme su existencia, pues es de saber popular que toda existencia tiene una. Hasta los espectros las tienen, en la mente de cada persona, aunque invisible, claro. Pero este espectro no, es una creación espontánea, imprecisa, aún no tiene existencia propia.
Pensar entre dos es más complicado de lo que dicen, siempre hay una expectativa sobre lo que hará el otro, uno no puede quitársela fácilmente. Así le pasa al hermano menor, que logra muchos cocodrilos (o aproximaciones), pero duda de todos. “Tal vez sería más fácil poder transformar las manos”, piensa mientras sigue intentando. Los intentos son tantos que terminan por olvidar al cocodrilo. Hay figuras más interesantes. Sin embargo, no hay que sentir lástima por el cocodrilo, claro que no, tal vez no exista aún, pero no hay apuro.
La hermana mayor tampoco ha logrado nada, el olvido se ha vuelto sintomático, de fácil contagio, y la oscuridad parece absorber toda potencial existencia. Sí, alguien movió la botella de vino provocando un disgusto entre los niños. ¡El juego no es válido!, el ángulo de incidencia ha cambiado, no hay imparcialidad. Es un juego sin reglas, pero cualquiera se fastidiaría si le estropearan un juego tan ingenioso.
La concentración del hermano menor se ha ido, sus manos se han movido, no han sabido guardar la postura que le permitiría dar vida a un dinosaurio, distinto y mejor que aquel logrado por su hermana. Ahora la botella está en movimiento, el juego parece terminar.
“¡Un cocodrilo!”, se escucha la voz del bisabuelo una vez más, mientras las sombras de los niños crecen a una velocidad exponencial, figurándolos gigantes. Y en las manos del hermano un cocodrilo. ¡Un cocodrilo!, una figura que también crece al ritmo de los pasos del anciano.
En ese momento, era como si el bisabuelo se hubiera convertido en un hechicero, capaz de, con un simple asir de manos, darle vida a cualquier creatura. Todo a partir de una simple sombra.
Efectivamente, de las manos del hermano menor se proyectaba la figura perfecta de un cocodrilo, lo cual estimuló una sonrisa en su rostro, la cual sería compartida por la hermana, que parecía ver en su sombra propia un dinosaurio.
¡Un cocodri…y no alcanzó el tiempo para nombrarlo una vez más. El anciano parece haber deshecho el hechizo. “Hora de la cena”.



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Gracias por publicar y compartir en la red social literaria.
Un saludo,
El equipo de Falsaria
“Pensar entre dos es más complicado de lo que dicen, siempre hay una expectativa sobre lo que hará el otro, uno no puede quitársela fácilmente.”
Me gustó muchísimo esta frase. Muy interesante relato. Felicitaciones y gracias por compartir.
Deliciosos los colores nostálgicos del cuento, realmente un hechizo, que el bisabuelo deshizo en el final.
felicidades sigue escribiendo
Zack Zala: Tu relato logra que vivamos el pasado,cuando las principales distracciones de los niños eran eso, en las paredes formar figuras fantasmagóricas con el movimiento de las manos…
Atinadas expresiones…. en fin, una narrativa bien lograda.
Felicidades
Atentamente
Volivar Martínez Sahuayo, Michoacán,México