La alcantarilla
30 de Septiembre, 2012 9
6
     
Imprimir
Agrandar Tipografía

La tarde se escurría por las paredes de los edificios del centro. Las sombras grises ascendían lentamente para escapar al otro lado del mundo. Gente caminaba de aquí allá bordeando un pequeño parque enterrado en medio de la ciudad, vacío de vida, lleno de árboles flacuchos, donde más tarde prostitutas recargaban sus tristezas. Grillo sentado en una mugrosa mesa de ajedrez pública, veía un punto entre el cielo y el asfalto, con su mirada hundida, pérdida, sin expresión ninguna. En una mano sujetaba una bolsa de plástico llena de cemento, como si fuera un enorme flan desmenuzado hasta hacerlo una pasta pegajosa. El sentimiento del hambre, se había dormido una vez más, dando vueltas, meciéndose en su estomago hasta por fin, echarse en el mismo lugar de siempre. Su pequeño brazo se levantaba en automático para llevar la bolsa a su diminuta boca, para aspirar ese olor capaz de hacerlo desintegrarse y renacer cada que llenaba sus pulmones. La gente pasaba sin siquiera notar que existía, que estaba ahí entre una de esas asquerosas mesas de ajedrez; como si les doliera la vista el voltear a verlo. Era mucho más lindo fingir que no existía, que no había nadie sentado ahí, que ese niño no era real.
El viento soplaba en leves ráfagas congeladas.Unas cuantas hojas vencidas por ese frió viento, caían alrededor de Grillo; haciendo un sol de hojas frías en el piso y él, en el centro; hojas secas rojas y amarillas elevaban sus llamas rodeando su cuerpo que creía calentarse en ese fuego transparente, estiro su brazo, abrió la palma de la mano, extendió sus dedos acariciando la punta de la cada flama, hasta que, se dio cuenta que su bolsa estaba tirada en el piso, la miró y le sonrió. “Esa bolsa llena de oro, era su tesoro”; así le decía a Lulú, su pequeña hermana un año menor que él. “En esta bolsa hay magia. Si tienes hambre la desaparece, si tienes frío igual lo desaparece, si quieres olvidarte de casa te lleva a otro lugar y si quieres olvidarte del mundo, te deja!” Le decía cada noche cuando juntos se acurrucaban en un compartimiento secreto, de una alcantarilla del parque. Recostados sobre cajas de cartón, de huevo, de jabón. Pegaban sus cuerpecitos para darse un poco de calor, se tapaban con una vieja lona con la cara de un candidato a la presidencia, con su sonrisa radiante estampada a colores, viéndolos con su mirada ficticia, sin saberse ambos que existían, tan apartados unos de otros. Además de una pila de periódicos con los que hacían que la lona fuera como un edredón, que resultaba muy calentito para esas noches frías, donde no habían tenido suerte para robar o lograr que la gente les diera una moneda, y poder comprar su lata mágica. En un guacal de jitomate conservaban sus únicas pertenencias: Tres cabos de velas, un bote de cemento con una ranura a modo de alcancía, donde trataban de ahorrar para casos de verdadera emergencia, un cochecito sin llantas, una lupa con el lente estrellado, un gastado des-armador pequeño, una cajetilla de cigarros, llena de colillas a medio fumar que coleccionaban en las calles, varios encendedores, una vieja fotografía de ellos mucho más pequeños junto a sus padres en el atrio de la Villa.
Dayana, una prostituta de poco mas de cuarenta años, bastante bien conservada, se acerco a Grillo, le puso una bolsa de papel entre las manos y le acaricio el cabello—Anda mi Grillito, comete esa torta que te traje. Hay “mijo” ayer me fue bien sabes, ya tenia días que no había tenido suerte—Grillo la oía como a través de un largo túnel, la miraba con sus ojos vidriosos, le sonrió a aquella mujer que tenia el rostro de su madre. La estrecho de la cintura, creyendo que era su mamá que había vuelto. Dayana sentía que era su forma de darle las gracias—Bueno ya, deja esa bolsa, ya esta toda seca, mejor cómete tu torta y ¡ya veté a dormir!, ya sabes como se pone aquí mas tarde, al menos no saben de tu coladera donde vives, ahí estas mas seguro, si te ven aquí los de servicios te querrán llevar como otras veces, ¡¡Órale!! ¡¡Grillito váyase para su coladera!!—Con trabajos Grillo se acomodó en el fondo de su pequeño refugio, se apretujó en su lona, tomo a Tita, la muñequita destartalada de su hermanita. A la pequeña Lulú, le habían explotado los pulmones dos semanas antes, mientras corrían escapando de la gente que trabajaba en servicios sociales y de salud. Debajo de un puente de pronto Lulú se detuvo, quería jalar aire pero no podía, no podía respirar y se oyó como si se hubiese reventado un globo dentro de una botella y cayó al piso. Grillo corrió hacía ella la abrazo le repetía su nombre como cuando quería despertarla en las mañanas, pero sabía que estaba muerta…¡muerta!, lo sabía, pero no quería quedarse solo, ¡no eso nunca!, le hacía tanta falta, pero sabía que no podía hacer nada por ella, se levanto apretó los puños y corrió, corrió, hasta que ya no pudo mas. Sus ojos parecían llaves abiertas hasta el fondo. Como ahora, las lagrímas hacían surcos de mugre en sus mejillas. El mar le estuvo goteando de los ojos hasta que se quedo dormido.
El día se le estaba escurriendo y no había tenido suerte, no alcanzó bolsas de dulces para vender, fue al mercado pero nadie quiso que le cargara sus bolsas por miedo que se echara a correr, sin saber que no tenía la fuerza suficiente para siquiera intentarlo, se sentía débil, cansado. Había sido una bendición la torta que había devorado en la mañana, se la había traído su mamá cómo algunas otras veces antes. Caminaba sin rumbo dando vueltas. El sol ya estaba descendiendo en el cielo, quedaban pocos minutos de luz, cuando se sentó en una banca a un costado de la Catedral en el Zócalo. Su mirada se paseaba por toda la gente que pasaba frente a él, el olor a comida le llegaba por todas partes, le llenaba los pulmones en lugar de la panza. Saco un cigarro entero que era lo único que había encontrado ese día, espero que alguien tirara una colilla aún encendida. Exhaló una bocanada extensa de humo, como si acabara de darse la gran comilona de su vida, sus ojos se clavaron en una familia que venía caminando hacia él, el padre llevaba a un pequeño en los brazos, la mamá a su lado lo llevaba tomado del brazo y en su otra mano, llevaba a una niña pequeña y esta a su vez le daba la mano a un niño poco mayor que ella. De lleno un golpe se le estrello en el pecho, clarito podía ver que era él mismo con la pequeña Lulú de su mano cómo antes, un vació mas grande que el hambre se apodero de su estomago, la extrañaba tanto, tanto…No quería llorar, se levanto y dirigió sus pasos a su parque. Tenía que conseguir algo de dinero. Las noches estaban poniéndose cada vez más frías y el frió era lo que menos le gustaba al igual que la lluvia. Cuando llovía tenia que replegarse en el fondo de su compartimiento para no mojarse, a veces se mojaban sus cartones y periódicos, además que pasaban mucho más ratas, que lograba ahuyentar con sus pies pero le daba miedo dormir y que quisieran ¡comérselo!. Adoraba los días cálidos, todo le parecía más bonito, aún su alcantarilla era a veces en verdad confortable. Se detuvo en un semáforo y entre luces verdes y rojas se puso a dar maromas. Logro conseguir para su lata mágica, y tal vez un pan y un litro de leche. Ya era de noche cuando entró a la tlapalería de siempre a comprar su bote, el dueño se la despachó sin siquiera mirarlo, sabía que estaba mal, pero era una venta, una venta cómo cualquier otra y mientras trajera para pagar a él que le importaba lo que hiciera después.
Grillo salió feliz de la panadería, además de dos bolillos le habían regalado un trozo de pastel que ya nadie quería llevar, ya no lucía apetitoso, pero a Grillo se le hacía increíble, hacía tanto tiempo que no comía pastel. Al doblar la esquina el susto lo paralizó por unos segundos, una camioneta blanca de servicios sociales parada un poco mas allá. Gente de servicios estaban subiendo a otros niños, que se habían adueñado de unas escaleras de un viejo edificio abandonado, el cual era su fortaleza de cartón. Algunos quisieron escapar pero no lo conseguían, los agarraban como conejos y sin delicadeza los arrojaban dentro de la camioneta. Uno de los señores de servicios alzó la mirada y descubrió a Grillo parado en la esquina y echo a correr para atraparlo, Grillo reacciono y salió volando siguiendo sus pasos. En la huida choco con algo o alguien, cayo al piso, el pastel se esparció en el suelo, los bolillos salieron rodando hacia la calle, su cubo de leche no resistió la caída y se derramo en un chorro constante e instantáneo, sólo pudo recoger aprisa su lata y salir de nuevo a toda velocidad sin voltear a ver si lo seguían, daba vuelta en cada esquina que alcanzaba. Sin saber llegó a su parque, sin pensarlo entró en su alcantarilla, se quedó quieto por minutos que le parecieron horas, jadeaba en silencio, quería hacerse invisible, sus manos temblaban aferrando su lata. Puso muchísima atención en los ruidos del exterior, hasta que lentamente la calma le lleno los pulmones. Había estado cerca esta vez, tendría más cuidado el día siguiente, no podían capturarlo, ¡no quería!.
Tomó su pequeño des-armador de su caja y con ansiedad se llevó el bote a su boca apretada, haciendo casita con las manos. Poco a poco su cuerpo se relajaba, todo dejaba de importar, el hambre de nuevo se quedaba con hambre, el frió y el miedo se le escurrían de su piel inmune ahora. Su mirada se perdió en el reflejo de la luz de la luna que lograba filtrarse por los huecos de la alcantarilla. Unas pequeñas estrellas blancas caían hasta perderse en el fondo. Una luz muy blanca descendía lentamente,hasta quedar frente a él. Vio a Lulú de frente, con un vestidito blanco muy bonito, su cabello peinado hacia atrás muy pegadito y limpio con un moño blanco atrapando un chonguito. Lulú le sonreía con infinita ternura en la mirada. Grillo trataba de hablar de decirle algo pero su voz no salía, Lulú se llevó un dedo a su boquita en señal de que no era necesario decir nada. Lo miraba directo a sus ojos hundidos y tristes por unos instantes, hasta que su vocecita dulce cómo caramelo, le dijo—Ya todo se terminó Grillito, me han dejado venir por ti, ¡sabia que te gustaría! Adonde vamos no hay nada que te haga recordar esto que sientes ahora. Te gustará!! Hay tantas cosas lindas, ¡de veras!, También esta mamá, Grillo, ¡mamá! Ahora sólo toma mi mano y cierra los ojos, cuando despiertes estaremos juntos otra vez, juntos… Grillo cerró los ojos aún con el mar dentro y todo se desvaneció, se quedo atrás, todo atrás.
Osorio.

9 Comentarios
  1. Muy buen relato, Osorio, saludos y mi voto.

  2. Una historia que se escribe en el día con día de cada calle,en cada esquina que no tiene patria fija y se encuentra en cualquier lugar. Te felicito es uno de tus primeros escritos y siempre logra conmoverme. Tienes mi voto. Mi amistad y apoyo. TQM.

  3. Vimon, gracias por tú visita, comentario y voto….saludos…

  4. Historias que desgraciadamente existen mas de lo que quisiéramos, en cualquier latitud del mundo. siendo los niños los que estarán en el mundo de mañana. Necesitamos actuar, ayudar si podemos, al alcance de nuestras posibilidades, un granito de arena pronto puede ser una playa que haga la diferencia……Gracias Musa Peregrina…sabes que te quiero muchisimo…….

  5. Produce escalofríos ssber que todo esto sucede en nuestras calles. Una historia muy bien contada. Te animo a pulir el texto, quitando algunas faltas y agregando algunas comas. Saludos.

  6. Triste historia, muy trágica pero muy buena. La he vivido de cerca. saludos.

  7. Hola Osorio.
    Cruel, desgarrador, doloroso.
    Y el hecho de saber que es una situación, real, existente… duele más.
    La narración es muy buena. Tan solo detalles.
    Saludos y voto.

  8. Qué prosa poética para describir una triste realidad. Te felicito, Osorio.

  9. Jhonny, Hugojota,Richard, Ladyfeliz, gracias por su visita y comentario y observaciones. Una realidad plausible en cualquier lugar del mundo…..que Tú puedes cambiar aunque sea un poco….gracias…..

Deja un comentario