La calle de los Zócalos Azules
22 de Octubre, 2012 9
6
     
Imprimir
Agrandar Tipografía

Es la calle de todas las calles, es la que corre de la montaña al mar, es la calle de las esquinas de cal, la calle de las callejuelas de albero, de zócalos azules, la de los pasadizos de viejo misterio.

La número seis se aprieta a gusto entre fachadas altivas, le gusta intimar con un sol que se posa sobre sus tejas a dormir la fría siesta de marzo. Es coqueta y se sienta junto a la tarde, se la pasan mirándose a los ojos hasta que se les va la luz. Con su alero bobo, del que cae un trocito cada día, desde hace ya más de mil mañanas, con un portón tan simple que no se deja ver, de pura timidez, y una sola ventana enrejada que lleva años de charla con un naranjo enano que no quiere crecer, para tenerla de frente.

A esta calle no sube el rumor de la Alameda ni llega el traqueteo de los coches de caballos, aquí es donde el sol siempre da de lado y el viento entra frio y envalentonado, por eso me gusta apoyarme en su fachada tibia a pasar las horas muertas con mi libreta roja, que se llena de sensaciones pilladas al vuelo, mientras miro a los niños mirar y las viejitas pasar, con sus sombras pegadas al suelo.

Espero pacientemente a que salga ese hombre de pueblo, con su cigarro y su sombrero, pero lo único que pasa es un perro ciego, guiado por dos palomas cansadas, y una pareja discutiendo tanto que al final de la calle ni son pareja ni son nada.

Que no le llamen casco antiguo, que le llamen pueblo, me dijeron las viejas, porque en los pueblos las mañanas son claras como las de antes, y las tardes se llenan de verdes que bailan con el Levante.

Cuando más abajo la calle impone su silencio, los turistas solitarios buscan algo que mirar, mientras el sol atraviesa limpiamente el naranjo, yo cierro los ojos para olerlo, y pensarlo, y pienso que no es casco que es pueblo, porque aquí se oyen gritos de niños, se escucha la radio por las pequeñas ventanas, los guisos del mediodía se escapan por los patios con todo su olor, y si pasas la mano por las fachadas se notan las grietas de cal.

Y blanco es el azulejo, con el nº 6 de añil, un blanco pintado a mano, de mano de viejo, el día ya hace su guiño, que se tiene que ir.

Los zócalos azules se vuelven violeta, poco a poco, juegan conmigo al engaño, lo hacen todas las tardes para que vuelva a escribir sobre de ellos, para que señale al alero con mi lápiz, para que mande recuerdos a la plaza con el viento de la esquina.

Y por fin, cuando ya me marcho, la noche de marzo abre su puerta, sin luz para iluminar la figura, yo sé quien es aunque no lo vea, es el viejo del pueblo con su cigarro y su sombrero, pero yo camino de vuelta, con mi literatura, con el naranjo que ya no huele y el empedrado que brilla en lo oscuro, como el acero.

9 Comentarios
  1. Pues ya puedes decir y con justicia que dejaste de ser intento señor poeta relator esto que hiciste es verdaderamente el retrato de todos nuestros pueblos del mundo Hispano por que todos tienen su calle de zicalos azules haz ganado un adep`to a tu lectura.
    Salamandra

  2. Me encantó, está repleto de imágenes poéticas maravillosas. Un gran abrazo y voto desde Buenos Aires.

  3. Mi voto para este relato tan singular. No conozco tu calle, pero se parece mucho a la mía., solo que yo no sé describiría tan bien.

  4. Esto no es un relato RU, es una hermosísima poesía en prosa. La he leído seis veces y cada vez me gusta mas. No se de que parte de España seas, RU, pero esta hermosa pieza, leída en voz alta con la música de fondo de los “Recuerdos de la Alhambra” de Francisco Tárrega, me ha llevado conocer España. Gracias por ofrecerme esta oportunidad de visitarla…Un abrazo y mi voto.

    • Vimon: por el nivel de tu escritura, que me digas lo que me has dicho me ha emocionado de verdad.
      aunque te aviso: lo próximo es pura poesía…

      Abrazo del otro lado del charco. Jose María relato urbano

  5. !Pues venga de ahí!

Deja un comentario