Existe, en un poblado de la Ciénega, una casa ubicada en la plaza principal. Los lugareños evitan siquiera acercarse al derruido portón de madera que desde hace muchos, muchos años permanece cerrado como si escondiera un secreto terrible.
Hay quienes aseguran que en las noches sin luna al interior de la casa se escuchan pasos cansados y unos quejidos lastimeros, incluso, algunos aseguran haber visto la silueta de una mujer mirando a la calle.
Cuentan los ancianos del lugar que esa casa perteneció a una mujer tan hermosa como soberbia, que en tiempos dela Guerrade Independencia traicionó y entregó a muchos de los capitanes que buscaban la libertad de México.
Lo cierto es que desde hace muchos años que las paredes de esa casa se caen a pedazos, los techos se derrumban y un olor insoportable se apodera de la calle.
Yo conozco esa casa, he caminado por sus largos pasillos entre sus paredes llenas de cuadros y repisas con bustos e imágenes de santos, he escuchado los quejidos que se desprenden de los cuartos más oscuros, yo mismo he llorado en noches de soledad.
Dicen que la casa está hechizada, que las traiciones de Juana Orozco maldijeron por siempre cada uno de los ladrillos, cada una de sus tejas.
Tenía 17 años cuando crucé por única vez el portón. Con paso vacilante recorrí la larga estancia, eran las 5 de la tarde, apenas unos pequeños rayos de sol lograban colarse entre las raídas cortinas negras, con mi mochila al hombro penosamente subí la endeble escalinata que a cada paso crujía al sentir el peso de mi cuerpo.
Recorrí cada una de las habitaciones, el paso de los años había dejado una gruesa capa de polvo sobre los muebles. Sin pensarlo se pasó el tiempo, cuando me di cuenta el reloj en mi mano marcaba pasadas las 10 de la noche. Comencé a desandar el camino, llegué a la puerta que daba a la calle, quise abrirla. No pude, una fuerza extraña mantenía cerrada la salida, la oscuridad era total, una sensación de vacío se anidó en mi estómago… ¡era miedo! Tenía miedo, entre rezos y sobresaltos el sueño comenzó a vencerme, lentamente y sin pensarlo mis ojos comenzaron a cerrarse dejándome completamente aislado del mundo real. ¡Soy franco! No sé si fue un terrible sueño o la más aberrante de las realidades pero de pronto una música lejana comenzó a escucharse, el eco de risas y charlas se volvió de pronto en un ruido ensordecedor; la estancia en la que me encontraba se vio repleta, sin saber cómo, cientos de figuras espectrales se mecían al compás de una danza antigua, las figuras, de hombres y mujeres bebían en enormes copas y reían. De pronto, silencio total, de la enorme escalera descendía majestuosa una figura femenina, tras ella, tres doncellas palidecían ante el resplandor de Juana Orozco, porque era ella, al llegar al amplio salón, de una puerta que hasta entonces no había visto, salió un negro brutal jalando con una cadena a un campesino. Llegados frente al espectro de la mujer, el descomunal negro dijo algo su oído. Llena de rabia, Juana Orozco, o su espectro, tomó un agudo cuchillo que le tendió una de las tres doncellas y sin piedad alguna lo clavó repetidas veces en el cuerpo de aquel infeliz que a cada cuchillada se retorcía de dolor.
De pronto, los ojos de aquella mujer se posaron fijamente en mí, con un ademán de su rostro azuzó al enorme negro para que me retuviera. No tuve fuerzas para defenderme, cuando me di cuenta me encontraba cargado de pesadas cadenas arrodillado ante aquella mujer. Igual que con el campesino, levantó la mano sosteniendo el puñal para enterrarlo en mí pecho. Cerré los ojos y perdí la conciencia. Sentí un enorme frío, abrí los ojos, estaba tirado en la banqueta de la casa, el reloj de la iglesia marcaba las 6 de la mañana, tímidamente la gente comenzó a salir de sus hogares, unos para ir a misa, otros para comenzar a barrer el frente de sus casas. Me puse de pie, con paso vacilante caminé al templo, me senté, aquí, en la puerta de donde no me he movido en los últimos 60 años.



Impresionante relato, Tadeo, dentro de la mejor tradicion de las antiguas leyendas de Mexico. Felicitaciones, mi voto, y bienvenido a esta red literaria. Un saludo.
Agradezco tu comentario VIMON, es gratificante ver que no sólo a mí me gusta este tipo de trabajos
Tadeo: bienvenido a esta red literaria Falsaria. Eres mexicano, deduzco por tu narración tan interesante.
Y, asimismo, me doy cuenta de que sabes escribir muy bien, y creo que de seguir en esta red, entre amigos que tanto nos estimamos y nos estimulamos, te sentirás agusto, porque cuando notamos que alguno tambalea en este arduo trabajo literario, no faltan las manos amigas que le tiendemos, amistosas.
Volivar
Jorge Matínez (Sahuayo, Michoacán, México)
P. D. de entrada penseé que ibas a referirte a la leyenda relacionada con la vieja mansión, tipo castillo europeo del siglo XIX, que construyó don Pofirio Díaz en la ribera del lago de Chapala, cerca de la ciudad de La Barca, Jalico.
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Estimado Volivar, no tengo la suerte de conocer ese edificio, el relato está basado en una casa abandonada que se encuentra en el centro de la ciudad de Jiquilpan y agradezco tu bienvenida
Enhorabuena Tadeo por este relato tan sorprendente, me ha gustado la historia y tu forma de contarla. Te voto.
Agradecido por tu voto, trataré de poner más historias que se han perdido en la memoria colectiva de mi región
Magnífico.
Gracias, la sola palabra que has escrito equivale a mil palmadas de aliento