La coartada perfecta
7 de Noviembre, 2011 4
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brokendollxu9

Les corta el pelo con la navaja de papá. Una a una. Siempre desigual. La cabeza de plástico nunca sonríe. El cuerpo lo rompió el perro de un mordisco y nadie decidió volverlo a coser. Nevaba aquella mañana de lunes. Su abrigo largo acariciaba los charcos al caminar. La niña del vecino del cuarto corría con ella bajo el brazo. Y tropezó, y se hizo daño en las rodillas. Hay un silencio aterrador en esos imperfectos accidentes. Después, un lloro cuando desconocidos miran. Todo incomoda. Él siempre tiene tiritas de colores; para ella, una de flores. Calma y susurra una promesa y un deseo; su muñeca sin un solo roto. Cesan las lágrimas. Media sonrisa y una cura en el brillo de sus ojos. La muñeca no sonríe ni con la marca roja que trazó el rotulador. Un peinado desigual, un ojo sin pestañas, un cuello con final. Los lunes son días perfectos para ser de mentira.

Despierta queriendo ser nube, imperfecto, distinto, como cada uno de sus muñecos. Ellos no lo son. Nunca regresan a su hogar.

Ordena su colección inerte con mimo desproporcionado. Un trozo de tarta aplastado, una vela encendida, ninguna vida, cien invitados sin latidos. Ríe en silencio y regala besos de plástico con una felicidad infinita. Todas perfectas gracias a un trabajo minucioso en cadena. De Rosa a Marlene. Vigilan inexpresivos sus ojos pintados. Ha afilado sus orejas desproporcionadas. Falta volumen a los labios. Y llaman a la puerta. Nunca es de día entre las paredes de su hogar. Sus zapatos son eco sobre la madera. Llaman otra vez.

Salpica la gorra y jadea su rostro sin afeitar. No saluda. Innecesario. La niña tras su pierna, sonríe cogida a la mano del padre. Él vuelve a negar. A engañar con el labio inferior hinchado alegando ‘penita’. La pequeña aprieta el uniforme de papá. Aprieta los dientes y sostiene dos lágrimas bajo los párpados. Nadie le cree. La puerta de madera cierra sobre el marco antes de cualquier réplica. Afuera llueve. Dentro, ellas esperan.

Peina con un cepillo el cabello de las cien muñecas rotas. Las besa, una a una, y desnudo, duerme. La oscuridad no permite ver sus pupilas inexistentes. Y sin embargo, no puede evitar sentir,que, a dos pasos, en fila, todas están presentes; inertes. Él sorbe un vaso de agua, santigua su pecho, besa una cadena, esconde una pastilla en la lengua, traga, y el sueño le vence.

Llaman a la puerta. Nadie abre. Otro día. Llaman a la puerta. Afuera no llueve. Otra semana. LLaman a la puerta. El sol busca espacio entre pequeñas nubes inperfectas. Otro mes. Llaman a la puerta. El eco de los nudillos insistentes y nerviosos tiemblan, pero sólo rueda una moneda que pierde el equilibrio y tintinea sobre la madera. Silencio…

Peinaba con un cepillo el cabello de las cien muñecas rotas. El hombre posa la gorra sobre una silla vacía. Anotan y fotografían. Las cabezas rotas se ordenan junto al cuerpo desnudo, arañado; torturado; inerte. Un vacío en sus dos ojos, negros, sin pestañas. Un agujero como un puño en su pecho; roto el corazón; ilocalizable. Un río seco que encharca la madera. Dos pasos le son suficientes. Busca la pequeña cabeza de muñeca que hace demasiado llora su niña. La encuentra, la roza pero no la toca. Una tirita de flores tapa su boca.

4 Comentarios
  1. Aveces me das miedo.

  2. Olvidé decirte que me apunto a seguirte. Tienes mucha madera.

  3. Gracias por pasar a leer. He andado unos días desaparecido. Disculpar!!
    Y Luisa, Gracias por seguirme!! Lo de la madera… espero que no me coman las termitas, jeje!!
    Un saludo!!!

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