La flechadora de estrellas
18 de Abril, 2012 19
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Pues no. Ésta que vez cuando caminas por la principal avenida de la ciudad de México, en el corazón de la América Septentrional, no soy yo, es mi hermana.

Pero como estoy segura de que esta afirmación mía te ha sumido en la más terrible de las incertidumbres, voy a hacer una excepción y te voy a contar mi historia. Mi nombre romano es Artemisa, aunque soy más conocida por mi nombre griego, Diana. No obstante que para estas dos civilizaciones antiguas soy hija de Júpiter, para esta cultura heredera de los mayas y de los aztecas soy en realidad producto de un escultor mexicano de nombre Juan Olaguibel, quien me elaboró en bronce entre abril y septiembre de 1942, tomando como modelo el escultural cuerpo de una mujercita de 16 años que se llamaba Helvia. Qué bonito nombre, verdad, nomás que si me hubieran bautizado como “Helvia la Cazadora”, en lugar de “Diana la Cazadora”, nadie se hubiera dado cuenta de que soy, a toda honra y con mucho orgullo, representante legítima de la hija de Júpiter.

Veo que te confundo más, así que empiezo por el principio. En 1942 el entonces presidente de México, Manuel Ávila Camacho, en su afán por embellecer la ciudad capital, ordenó la edificación de una serie de fuentes monumentales a ser colocadas en lugares representativos. Fue así que se comisionó al escultor Juan Olaguibel, para que, con el arquitecto Vicente Mendiola, realizara la construcción de una de esas fuentes para una glorieta que se ubicaba en el Paseo de la Reforma, muy cerca de la entrada principal al Parque de Chapultepec.

El tema elegido fue Diana, la diosa griega, solo que a diferencia de la original, la Diana mexicana no estaba destinada a cazar venados, sino estrellas. De allí que me hayan colocado disparando al cielo y que mi sobrenombre original haya sido, aunque nadie lo recuerde mas, “La Flechadora de las Estrellas del Norte”.

Hasta aquí todo bien. A no ser porque nadie contaba con que la esposa del señor Presidente era una persona ultraconservadora, que desde un principio inició una campaña para que me cubrieran rápidamente las partes pudendas, llegando alguno o algunos fanáticos al extremo de ponerme ropa interior de tela en un descuido de las noches capitalinas. La Liga de la Decencia siguió insistiendo y logró que poco después se le ordenara a mi padre, el escultor, que me pusiera ropa interior de bronce.

Como don Juan Olaguibel tenía fe en que la razón lo asistiría tarde o temprano, me puso una especie de taparrabos prendido con tres tornillos, para removerlo cuando fuera oportuno. El paso del tiempo terminó por dar la razón a mi progenitor, y ante la proximidad de los Juegos Olímpicos a celebrarse en Mexico en 1968, el regente de la ciudad ordenó que me quitaran aquel horrible taparrabos de bronce y que se me permitiera lucir mi belleza en todo su esplendor.

Sin embargo, y para mi desgracia, los obreros encargados de desnudarme de nuevo lo hicieron sin el tacto indispensable -¡ay, los hombres!- y me causaron tal desperfecto que mi padre decidió mejor hacer otra Diana nueva, que colocaron en mi lugar, y a mí me donaron a un pueblo lejano llamado Ixmiquilpan, que está en el corazón del Valle del Mezquital, donde me encuentro adornando la plaza principal, muy cerca del ex convento de San Miguel Arcángel (para no extrañar a mi viejo amigo el Angel de la Independencia, que se quedó en México, a unos cuantos pasos de donde estaba yo instalada).

No creas, sin embargo, que estoy triste. Los ixmiquilpancitas (¿se dirá así?) me tratan con mucha consideración y en el fondo me queda la enorme satisfacción de que a mi hermana -si, a esa que ves en la avenida principal de la capital mexicana- la hicieron a mi imagen y semejanza, y de que yo soy tan hermosa y tan querida por los mexicanos que hay replicas de mi en otras doce ciudades de este país. ¿Podrá mi lejana antepasada Artemisa decir lo mismo?

19 Comentarios
  1. Muy, muy bonito e interesante escrito histórico. hoy ya he aprendido algo nuevo, todos los caminos dignifican si son tomados con humildad y entendimiento.
    Gracias Vimon por compartir, un saludo!! :)

  2. Magnífica manera de embellecer un relato tan ilustrativo. Tu demuestras que cualquier tema puede ser abordado con ingenio, con imaginación, y aprender regalándonos con la lectura.
    Gracias Vimon
    Un saludo

  3. Amerika, muchas gracias por tus amables comentarios. Un saludo.

  4. Gracias a ti por leerme, Oscar, y por tus estimulantes comentarios. Un saludo.

  5. Gracias, mi estimada Damarys, por tu bello comentario. Saludos.

  6. Interesante lección de historia escrita de la mejor forma posible, de ea forma que tu sólo sabes dar a tu prosa. Me ha encantado VIMON, le daría dos o tres veces a me gusta… Felicidades amigo.

  7. Gracias, amigo Erg, por tu voto y tus estimulantes palabras. Un abrazo.

    • Un placer leerte pero soy tu amiga Erg. (¿por que has pensado que soy un hombre?)..

  8. Vimon, me ha sorpendido tu erudición, tus conocimientos históricos, artísticos, y esa narrativa, llena de bellas expresiones: La flechadora de las estrellas del Norte.
    Felicidades.
    Atentamente Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México)

  9. Erg, mil perdones, de hecho en uno de tus escritos te hable de los bellos ojos en la foto. Y muchisimas gracias por leerme. Un abrazo.

  10. Jorge: te agradezco mucho tus estimulantes expresiones, especialmente por venir de alguien con tanta experiencia en esto como tu. Un mexicanisimo abrazo.

  11. Vimon, entretenida y didáctica anécdota. Resulta claro que no comenzaste a escribir ayer y de seguro tienes por allí trabajos muy interesantes. Ojalá el éxito te mueva a compartirlos. Saludos.

  12. Gracias por tus positivos comentarios, Felix, y por supuesto que continuare compartiendo relatos y poesias. Saludos.

  13. ¡Que buen relato!.
    Al principio estaba intrigado. ¿Flechadora de estrellas?. ¿De qué va?.
    Definitivamente este relato te atrapa, y es una magnífica forma de dar a conocer un detalle pequeño pero enorme.

    ¡Felicitaciones!.

  14. Gracias, K’iin Balam, por tus amables comentarios. Un saludo.

  15. ¡Felicitaciones de nuevo!

  16. Gracias de nuevo, Paloma. Un saludo.

  17. Enhorabuena por el relato. Atrayente de principio a fin.

  18. Gracias, Alvaro. Un abrazo.

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