Él quería ser escritor. Deambulaba por las calles en soledad, buscando interpretaciones, mientras se bañaba de luz artificial. Llegaba todos los días, a las once de la noche, al cruce principal del municipio: tres carriles para cada calle, una serie de semáforos ya sin funcionamiento y un sitio de taxis a medio kilometro. Nunca habría silencio total. Se escuchaba el ruido de una máquina para niños a las afueras de una farmacia que abre las veinticuatro horas del día: Anda amiguito, ven a divertirnos. Las carcajadas varoniles, de los taxistas, corrompían también la belleza del silencio. Él deseaba tener el talento para describir lo que veía, pero carecía de todo, hasta de pluma y papel. Prendía un cigarro de esos ilegales, acosta de los guardias públicos, quienes en vez en vez pasaban a toda velocidad con las sirenas prendidas, hacia la oscuridad del monte.
Hacia las dos de la mañana, llegaba la misma puta descuidada, drogada y con una historia diferente, al sitio en donde él se aposentaba, en la banca de la parada del camión.
— Hola… mi escritorcito guapo, ¿por qué no escribes sobre mí, nene? –dijo la prostituta tambaleándose.
— Hola, Penumbras –dijo él, mientras daba una calada al último cigarro que le quedaba.
— ¿Cuál Penumbras, pendejo? Me dicen la Calambres.
— Lo sé, amiga. Y da igual… ¿sobre qué escribiré hoy?
— Sobre una vieja, que me pagó para que su esposo me cogiera, mientras ella lo video grabaría, para enseñárselo a sus hijos cuando crezcan.
— Vienes cada vez con historias más enfermas.
— ¿Te acuerdas que me dijiste una vez que darías hasta el culo por una historia buena para escribir?
— No.
— Pues te conseguí algo… Un cogehombres con mucho dinero y mucho anonimato –finalizó la Calambres, mientras una camioneta con rines cromados, vidrios negros y matricula de Sinaloa, se estacionaba donde se detienen los autobuses para que la gente aborde a ellos.
Las ventanas de la camioneta se bajaron, y una música ranchera escapó con estridencia. El tipo que iba manejando llevaba sombrero, botas, pantalón de mezclilla y camisa de botones; también tenía bigote y un diente aparentemente de plata. Era blanco, muy blanco, de descendencia francesa, con la nariz ancha y larga, cuerpo grueso y sonrisa pícara y recelosa.
— Súbanse –dijo con voz gruesa y pétrea, pero juvenil.
Él sintió miedo. Sintió deseos por estudiar medicina, biología marina o contabilidad, y dejar para siempre el taller literario con valor curricular en donde, en ese momento, se sentía sometido. Ese deseo lo hizo entender que ser un buen lector, no significaría ser un buen escritor. Un deseo que jamás pensó que sufriría. Sin embargo, su otro yo; su yo escritor, lo incitaba a subir a la camioneta, a vivir y desvivirse; a vivir una historia, comprenderla y plasmarla, y recibir las buenas críticas de sus compañeros, de sus lectores que aun debía ganarse y sobre todo, responder a las críticas que él se hacía sobre su vocación invisible. Es tu oportunidad para demostrar si eres escritor o simplemente eres un buscador de historias sin éxito -se dijo-; además, según Borges, no es bueno buscar las historias, sino es mejor que las historias vengan a ti. Apuesto a que Borges tambien hubiera dado el culo con tal de escribir una historia que le insistiera escribir.
Subió a la camioneta antes que la Calambres, se acomodó al lado de la palanca de cambios, y se persignó pidiéndole a dios que la historia no le doliera.



Amigo Julioko, si esta página permitiera marcar como “favorito” lo hiciera sin dudar. Este relato me atrapó, no sólo por la historia sino por lo bien contada y descriptiva. Muy real, y con un toque de humor. Terminé con una sonrisa dibujada en los labios. Simplemente excelente!
Como no hay marcaje de “favoritos” te doy mi voto.
Un abrazo,
Rafael
Gracias por leer, sin duda intente hacerlo como tu dices que fue, y que bueno que terminaste con una sonrisa y una aprobacion, gracias por tu voto
saludos
Muy buen relato, Julioko, tal vez lo mejor que te he leido. Saludos y mi voto.
Gracias por leer y tu voto, uno se supone siempre intenta ir hacia adelante
saludos
Me ha gustado, te voto.
¡Lo que hay que hacer para escribir historias! Jejeje, espero que no le doliese. Un saludo y V