La luna en el cielo
29 de Marzo, 2012 6
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Escuece la herida si miro al futuro. Nada. O lo mismo. Aterrador instante imaginado. Falta camino y hay vértigo. Quieto. Despierto dormido, hipnotizado, desnudo y vacío. Es un pellizco insoportable la ausencia de letras en el papel en blanco. Es un navajazo en el pecho escribir desde el cielo y escuchar el interminable eco. Aterra la neblina del mañana que me esconde el día siguiente. Lo intento, y duele el silencio. Quieto de nuevo. Hastío y dejadez. Pregunto un para qué sin respuesta. Y en la pausa, quieto. Sólo quiero observarte desde el cielo. Sin hacer nada porque algo no motiva; solo tú. Imaginarte, la sonrisa, la mirada y la impaciencia de la maleta interrumpiendo el beso. Nada es perfecto en el cuerpo a cuerpo; para eso inventaron los cuentos, los sueños. Y cuento con los dedos, como un niño, los días que restan para el encuentro. Y no cuento, como los adultos, para evitar más puntos en la herida que infecta tu ausencia. Corro hasta dejar atrás mi respiración. Vuelo hasta olvidar la posibilidad. Peleo hasta descubrir mi debilidad. Y al despertar, el tiempo siempre abofetea sin piedad. Duele caminar por el suelo.

La pena duerme cómoda en el recuerdo; Y, sin embargo, duele en el presente, y sobrevive enorme hasta que la mata el futuro.

Hay un coche blanco; unas luces intermitentes. Aparece un beso en una boca de metro, una mirada esquiva evitando las lagrimas, y media vuelta fría. Cada paso, que se aleja valiente, tiembla débil queriendo regresar. El cerebro recuerda al corazón, y su voz, con una última palabra inesperada, explota la emoción.

Carezco de final. Olvidé el inicio. Caprichoso final que aún espera las letras. Rugoso folio en blanco que se convirtió en cristal. Tal vez hoy es el final. ¿Es necesario más? Escribir sin lectores por amor al arte tiene fecha de caducidad. Para amar es necesario ser correspondido. La literatura, indudablemente, es dinero. Y quererte, siempre, es sexo. La creatividad un instante privado. Y mi futuro, sensaciones venideras que todavía no tengo entre los dedos.

El tiempo es un niño mimado y caprichoso que señala y ríe. Un adulto que repite un pellizco en la nariz infantil; soberbio, la roba y la vuelve a colocar; una y otra vez. La rutina aterra, y atrapado en este espacio con excesivas paredes, a veces me agota ser inconformista.

Imbécil el ser humano en su totalidad al creerse la luna en el cielo. Y muchas veces, ni siquiera alcanzamos a ser estrella. Imbéciles por creernos el plato único; Y en ocasiones, comemos sin hambre. Imbéciles por ser para ellos y olvidarnos a nosotros. Sin duda, imbéciles.

6 Comentarios
  1. Una vez más, Dani. Me faltan las palabras para poder transmitirte todo lo que tus letras despiertan en mí.
    Un gran relato, de esos en los que se cava hondo. De esos en los que la magia aparece y no deja indiferente.
    Me ha encantado.
    Un abrazo!!

  2. Sí, agota ser inconformista cuando a veces es tan sólo a veces. Discrepo en cuanto a que “nada es perfecto en el cuerpo a cuerpo”. Puede darse la existencia de luchas limpias de movimientos que nunca quiebren.

    “Duele caminar por el suelo”, mis palabras preferidas. Sin fecha de caducidad, por mucho que la literatura maltrate y duela unas veces, y llegue a ser éxtasis muchas otras más.

  3. Muy buen relato Daniel, gracias por compartir ese instante privado de creatividad con nosotros y tal vez hoy es el final, o tal vez, como dice el indio solari(poeta y cantante argentino, lider de los Redonditos de Ricota)”puede suceder que la vida no termine nunca más”.

  4. “Escribir sin lectores por amor al arte tiene fecha de caducidad. Para amar es necesario ser correspondido. La literatura, indudablemente, es dinero.” Excelente construcción. Un relato tejido de sensaciones, como es tu estilo. Un saludo. Tomo prestada esta frase para ponerla en el face. Un saludo.

  5. que riqueza de sentires contrastados !!!!!!

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