Ignacio se encontraba frente al féretro de Juan, su abuelo. El hombre había fallecido repentinamente, hacía escasamente seis horas. La muerte le había sorprendido en la noche y nadie había podido hacer nada por él.
El joven recordaba muchas de las cosas vividas con el anciano, así como las historias que éste le había contado. Éste era un hombre con una gran experiencia y lleno de vivencias, que el nieto guardaba celosamente en su interior.
Ahora, las historias acudían a su mente en tropel, pero el joven sólo deseaba que su abuelo volviese para contárselas. Sin embargo, uno de aquellos relatos prevalecía sobre los otros en el momento crítico que vivía.
Al igual que Juan, el personaje de la historia había muerto repentinamente. Cuando el hombre se percató que estaba a punto para cruzar el camino que llevaba a la otra orilla, observó a un Ser extraño ante él.
Tenía un aspecto raro y se aproximaba lentamente, con una maleta raída en su mano. Tan pronto llegó a su lado éste le dijo:
—Lo que tengo que decirte lo haré sin rodeos…soy la muerte. Es la hora de irnos
—Pero con la cantidad de cosas que tengo pendientes, ¿no podrías…?
—Lo siento —interrumpió la muerte —pero ha llegado el momento de tu marcha.
— ¿Qué traes en esa maleta? —Preguntó intrigado el personaje
—Tus pertenencias
Eso alegró por un momento al hombre, que se atrevió a preguntar.
— ¿Entonces serán mis cosas, mis ropas, mi dinero…?
—Todo a lo que te refieres, son cosas materiales que nunca te han pertenecido. Eran de la tierra.
— ¿Serán pues todos mis recuerdos?
—Lo lamento, pero esos ya no van contigo. Son propiedad del tiempo.
—Pues deben ser mis talentos.
—No, porque esos formaban parte de las circunstancias.
— ¿Qué me dices de los amigos y familiares?
—Éstos tampoco te han pertenecido, pues son del camino
— ¿Y mi mujer e hijos?
—Nunca han sido tuyos, su propietario era el corazón.
— ¿Será mi cuerpo lo que hay dentro?
—No te equivoques tampoco era tuyo. Su propiedad es de la tierra.
—Pues ya sólo me queda saber, si dentro de la maleta está mi alma.
—Lo siento. El propietario de la misma era el universo.
El hombre quedó decepcionado por las respuestas recibidas. Sin embargo, aunque lleno de espanto, arrebató la maleta a la muerte y arrancó a correr.
Cuando se hubo alejado, sin esperar a más, abrió con facilidad la misma y se dio cuenta de que ésta estaba vacía.
Suspiró y sus ojos se llenaron de lágrimas. Luego, regresó y preguntó a la muerte:
—Me estás diciendo, ¿qué nunca tuve nada?
—No he dicho eso. Cada uno de los momentos que viviste, fueron sólo tuyos…
La vida es un momento y será lo único que podrás cargar en la maleta, si la has disfrutado en su totalidad.
No te detengas a comprobar la propiedad del momento, disfrútalo. Vive el ahora, vive la vida y no te olvides de ser feliz.
*Este corto está basado en un cuento cuya autoría desconozco. Si algún lector descubriese el autor, ruego me lo comunique para hacerlo constar. ([email protected])




Los mejores cuentos son los que te enseñan algo importante, y este desde luego lo hace. Esta escrito con sencillez y su trama está muy elaborada, un cuento fácil de leer cuya dificultad reside en la enseñanza que lleva dentro, y eso para que dicho saber llegue es lo más importante. Me ha gustado y mucho, te doy mi voto.