La malla oxidada
4 de Noviembre, 2011 7
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rachmaninoffmanos

Y miraba complacido cómo se quemaba la mecha. A medio día, cuando todos están esperando en casa a que baje el calor, salió el niño equipado con un par de papeletas que arrebató del escondite secreto de su hermano. Pasó al otro lado de la malla sin permiso y cuidando que no lo viera nadie sacó la candela para encender la estufa y le prendió fuego a la mecha. Cuando acercó por un momento la papeleta para ver mejor la mecha intermitente y chispeante, ésta estalló en su mano y en su cara. Su única reacción, aturdido por la explosión y sus propios gritos, fue la de taparse la cara herida con las manos y revolcarse en el piso pataleando como si este fuera un método aprendido para soportar el dolor y enfrentar el arrepentimiento o como si acaso fuese este el primer gesto de un extraño ritual para devolver el tiempo.

Un pianista, preocupado porque no podía dejar de pensar en lo mucho que le costaba tocar y comprender la fuga que tenía que interpretar para la audición que tenía en cinco días, había salido a pasear para tomar aire alrededor del condominio donde estaba de visita y había vivido toda su infancia, caminando lentamente y rodeándolo por la malla como lo hacía de pequeño. Mientras caminaba cerca de la malla roja y oxidada, estos pensamientos fueron reemplazados al toparse con un niño que estaba al otro lado de esta, con una papeleta lista para estallar cerca de su cara…

En esa misma malla jugó él cuando era niño a tirarle piedras al panal de abejas gigante construido en el pino, hasta que un día a uno de sus amigos las abejas lo dejaron ocho días descansando en casa sin poder comer debido a las picaduras; tiempo después, el gordo, un muchacho que pertenecía al grupo de los grandes, en vez de dar la tediosa vuelta a todo el condominio, quiso escalar esa misma malla al haber botado un balón de fútbol al otro lado. Cuando había escalado la mitad, uno de sus pies se desencajó de uno de los pequeños orificios formados por el tejido, quedando el área cercana al codo del brazo derecho asegurada firmemente entre la púas. El gordo quedó colgando por un momento hasta que su peso lo liberó dejando en la malla una clara evidencia de lo desafortunado del evento. Años después se repetía el momento, ahora presenciaba de nuevo la tragedia de un niño para el que a partir de ese instante serían las papeletas y las sirenas su único objeto de elección con sentido entre la amplia oferta de juegos pirotécnicos.

Desde el otro lado de la malla, eternamente agradecido, contemplaba el pianista aquel rostro desfigurado; miraba con alegría los puntiagudos alambres de púa mientras recordaba el resto de piel colgada acompañada del recuerdo escalofriante del zumbido de las abejas: nada de eso le importaba. En ese momento lo único importante era que ahora comprendía que una fuga era una alegoría a la vida, pero a diferencia de la anterior, esta estaba hecha de hilos y costuras siempre producto de acertadas decisiones. Descubrió entonces que una fuga es la ficción máxima, el único molde capaz de albergar en su totalidad nuestra fantasía sobre la vida, mientras la vida, su vida, la del gordo, su amigo y la del niño, eran y siempre serían una gran fuga tocada siempre por un muy mal pianista.

7 Comentarios
  1. ¡Bienvenido a Falsaria!

    Gracias por publicar en la red social literaria.

    Un saludo,

    El equipo de Falsaria.

  2. Me encantó el texto. Me recordó a una película, o incluso lo vi desarrollado como una novela… Pero no me hagas mucho caso, que aún me falta un café.
    Gracias por compartirlo!!
    Bienvenido!! Espero seguir leyéndote

  3. Gracias por el saludo y por la lectura. Espero poder leerlos y también seguir escribiendo.
    Ahora ya sé cómo puedo seguir a personas.

  4. Qué buen final!
    Me ha gustado mucho cómo vislumbra el significado de la fuga, de la vida…
    Muy curioso.
    Un abrazo!

  5. Gracias por tu comentario, me alegra mucho que te haya gustado.
    Un abrazo.

  6. Muy bueno, esa constancia del elemento opresor que siempre estuvo ahí, desde la infancia del pianista.

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