Han transcurrido dos meses y aún al despertar por las mañanas siento que salgo de una espantosa telaraña, y el pensar que yo mismo la tejí, poco me consuela.
La empecé a tejer cuando en una tarde romántica fui con mi esposa a la linda ciudad de Zamora (vivimos en Sahuayo) a disfrutar tirados en el verde pasto de la calzada Zamora-Jacona. ¡Qué felicidad! Cerrando los ojos, con ella de la mano, recordé los tiempos juveniles, cuando todo era regodeo con mi entonces joven mujercita.
Esa como telaraña escalofriante aun me atrapa en cuanto me despierto en las mañanas, decía, y no se me olvida lo que nos ocurrió al regresar a casa.
Sin hacerle caso a las vueltas de las manecillas del reloj, de pronto noté que las sombras de la noche ya iban a cubrirlo todo, y jalando a mi mujer del brazo, de prisa nos subimos al auto para regresar a nuestra ciudad, y lo que nos ocurrió en el camino aún me hace despertar angustiado, preguntándome si el nuevo día me reservará sorpresas como las de aquel viaje.
Veníamos a la mitad de la cuesta del cerro de Chavinda; cuesta muy empinada y llena de curvas; conducía yo en segunda y hasta en primera velocidad, a causa de una hilera de camiones que a vuelta de rueda iba delante de nosotros.
-Jorge (ese es mi nombre; no lo había dicho. Qué agravio para mi ego), por Dios… ¿no puedes rebasar? Ya es muy noche; salimos muy tarde de Zamora y apenas vamos a la mitad del camino; si sigues con este pasito llegaremos a Sahuayo en la madrugada, y los muchachos no se acuestan si no estamos nosotros, como bien lo sabes.
-Ya, Clarita, cálmate; no puedo darle más de prisa porque, como ves, van muy lentos los vehículos.
-¡Jorge, mira a esa mujer, allí, en la orilla de la carretera, parece que está herida!
-Sí; pobrecita; sangra mucho; tiene la ropa desgarrada.
-¡Hace señas, como suplicando que nos paremos!
-No podemos hacer eso; también traemos vehículos atrás; además, es peligroso, porque pudo haber ocurrido un accidente; la policía llegaría en cualquier momento, y sería tremendo el lío en el que nos viéramos envueltos.
Seguí dándole acelerador al auto, aunque poco, ya lo dije, y al llegar al lugar conocido como la Tosca, para bajar a la pequeña población de Santiago Tangamandapio, saqué el vehículo de la carretea, y lo estacioné en un amplio acotamiento, pues no se me quitaba de la cabeza la idea de que aquella mujer necesitaba ayuda urgente.
-Caramba, ¿qué haremos? ¡Si se tratara de nosotros, qué feo que nadie nos hiciera caso!
-También yo pienso eso, Jorge; creo que sería mejor que nos regresáramos para ver en qué podemos ayudarle.
Y eso hice.
A lo lejos titilaban las luces del alumbrado público del poblado de Chavinda, que se recuesta en la planicie, muy cerca del imponente cerro; mi auto poco a poco rodó carretera abajo, buscando a la mujer que nos había pedido auxilio.
-¡Allí está! ¿La ves?
-Sí. ¡Pobrecita; tiene la ropa empapada de sangre!
Al llegar a donde estaba la mujer, realicé temerarias y arriesgadas peripecias para estacionar el auto al borde del abismo; al fin logré dejarlo afuera de la cinta asfáltica y me bajé, tomando de la mano a mi esposa: caminamos a un lado de la carretera, tiritando a causa del aire helado que bajaba de la montaña, acercándonos a la que nos pedía auxilio.
-¡Mi hijito, por Dios, señores! ¡Está allá, abajo, en la barranca; sálvenlo, por favor!
-¿Qué les pasó, señora?
-¡Hará unos diez minutos que mi marido, yo y mi niñito, subíamos por la carretera en nuestro carro, pero al no bajar las luces altas una camioneta que circulaba en sentido contrario, mi esposo se encandiló y chocamos contra una vaca que de pronto salió de entre la huizachera! ¡Por favor, salven a mi muchachito!
Y sosteniendo a mi esposa, que no quiso quedarse con la mujer, a veces de pie y luego rodando entre los matorrales, bajamos, para detenernos contra el espinoso tronco de un chocompús; por fortuna nos auxilió la luz de la luna esplendorosa que luchaba contra las tinieblas, aunque sin lograr vencerlas a cabalidad.
-¡Allí, Jorge, allí está el auto!
-¡Hay que acercarnos con cuidado!
Llegamos; nos percatamos de la enormidad de la tragedia. ¡Era aterradora! Las llantas veían la luz de las estrellas; el chofer estaba presionado contra el volante; un niño tirado en el piso, llorando a más no poder, y una mujer desangrándose en el asiento del copiloto, a la que no se le notaba señal alguna de vida.
-¡Clarita, toma al niño y vámonos; están muertos los papás! No podemos hacer nada por ellos; apresurémonos; subamos antes de que llegue la Policía Federal de Caminos; no nos vaya a enredar en esto. ¡Oh, espera! ¡Fíjate en la mujer! ¡Se parece a la que está allá, arriba, en la carretera! Tiene la misma blusa azul, el mismo pans de mezclilla color negro; el mismo peinado, la cara ensangrentada.
-¡Es ella, Jorge, vámonos, apúrate! ¡Debemos llegar a nuestro carro lo antes posible, y por piedad, le pisas a todo lo que da el acelerador, para huir de este terrorífico lugar!



Intrigante texto, amigo volivar.
Desde el momento en el que se los protagonistas descubren el accidente, la historia eleva su interés hasta culminar en su sorprendente final.
Un relato fantástico muy entretenido que, además, explora los alcances de la solidaridad humana y el valor que tiene lo inexplicable para el existir.
No es extraño advertir en tu texto, el ambiente mágico que todavía se conserva (afortunadamente) en nuestra provincia mexicana y en general en los espacios rurales de los países hermanos de Latinoamérica.
Muchas gracias
Saludos!
Jesusademir, un saludo; un gran gusto escribir y recibir tu comentario.
Gracias por pasar por este espacio.
Atentamente
Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México)
Estimado Volivar es siempre muy bueno leerte. Interesante la atmósfera de tensión que creas en tu relato, dejando el lector curioso hasta el impactante final. Siempre retratando tu tierra lo que enriquece el texto. Un saludo desde Brasília.
Rosemarie.s. torres: muchas gracias por leerme. Por otra parte, tú tambén recibe un saldo desde Sahuayo (en el estado -en otros países les dicen condados, provincias) ¿Alguna vez tendrías tiempo de contarme algo de Brfasilia? me gustaría tanto saber a qué de dedicas, aunque es evidente que a escbirir, y a a hacerlo en serio, con gran pasión y por ende muy bien.
En verdad que de alguien con esa cultura y preparación académica que se nota en sus textos, es interesante y uno quisiera saber más, como en tu caso,rosamarie.
Volivar
Estimado Volivar, gentil como siempre. No sé si ese es el espacio ideal para contar cosas personales…si quieres puedes leer lo que escribo y después rechazar lo que escribo ahora. Intentaré resumir.
Brasília es una ciudad incomún, creada para ser capital, con una linda arquitetura de Oscar Niemayer. Construída en el medio de la nada en 1960, fue fruto de contoversia por la plata que costó.
Sobre mí - Fui una de estas niñas extrañas que piensa que el libro es un juguete. Era fatal que una niña así comenzase a escribir y por eso hice periodismo. Soy casada con un peruano Victor. Vivi en Lima un tiempo, donde estudié algo de español, pero tuve de volver. Soy asmática y no me adapté al invierno. No trabajo más como periodista hace años. Mi hijo practicamente con epilepsia. Tuvo la primera crisis en el segundo día de vida. La poesía comenzó en mi vida como catarsis después que perdí mi papá. Eso, querido Volivar es un poco sobre mí. Te deseo lo mejor en tu vida y también a los tuyos. Un abrazo en la distancia como dice la estimada Gudea.
Me gustó , realismo mágico en estado puro. Gracias or compartir. Saludos desde una triste Buenos Aires, no sé si sabrás, pero acaba de chocar el ferrocarril, que evoco en alguno de mis cuentos y hay un tendal de muertos.
Un cara a cara con la muerte narrado en gran forma y con ritmo apasionante.
Un placer leerlo.
Saludos,
Nanky, una disculpa… es imperdonable que hasta ahora te esté saludando y agradeciéndo tu comentario, siempre positivo y muy valioso, teniendo en cuenta la personalidad literaria de s u autor.
Volivar
lobolejano: un saludo y un gran agradecimiento por tu comentario, que, viniendo de ti, para mi es como un tesoro muy valioso
Volivar
Saludos Jorge,antes que nada agradezco tu seguimiento a mi cuenta, aunque son pocas mis publicaciones salen del corazón, esperemos subir algunas mas es estos días.
Sin duda me encanto tu relato, en nuestra cultura mexicana existen diversas anécdotas acerca de sucesos como el que te ocurrió,a mi me ha pasado y es desconcertante, los hemos adoptado a nuestro folclore, y es grandioso, por que nos hace verlo de una manera mas natural sin tanta fatalidad y miedo, bueno.. uno nunca termina de asombrarse ante ese tipo de cosas, mensionas dos grandes enigmas del ser humano, el amor y la muerte, no imagino el amor tan grande que la mujer con la que se toparon en el camino tenia a su hijo, esa fuerza por proteger a tus seres queridos, el amor de una madre, cuando sea mama lo sabre, que tan grande seria ese amor que traspaso la barrera de su nueva realidad y la realidad que nosotros los vivos poseemos, enhorabuena volivar te felicito por tu relato y tus demás publicaciones.
Excelente fin de semana.
ely_presley ( Elizabeth Casillas)
Me gustan tus cuentos,en especial este,pues lo sobrenatural me fascina y la expresion “las llantas veian la luz de las estrellas” me ha fascinado,te escribi este comentario en este texto tuyo porque en los otros tienes muchisimos comentarios,felicitaciones.
Miguel Angel Ramírez Morales: te agradezco tus hermosas palabras, que me animan a seguir este arduo trabajo. En cuanto tenga un poco de tiempo voy a leer todo lo que has publicado
Gracias, Miguel
Volivaf
Ely-presley (Elizabeth Casillas): soy muy bruto, perdóname. Hasta hoy pude ver lo que me comentaste el día 5 de mayo. Pero diré a mi favor que tenía a mi esposa muy enferma en Morelia y me pasada 5 días de la semana, desde el mes de enero
, hasta julio, en esa ciudad. Amiga, qué bien me hacen tus palabras, tu comentario.
Sigue escribiendo, deseo con muchas ansias ver algo tuyo en esta red.Creo que eres mexicana, pero ¿de qué ciudad? ¿qué haces, trabajas, estudias? lo que sí estoy seguro es de que eres una gran literata, de que tus escritos soy muy hermosos, como tu nombre.
Volivar,que te envía un caluroso saludo.
Rosemarie s. Torres: el 22 de febrero me contaste cosas muy personales; entre ellas que tu hijo tiene problemas de salud; espero que no sufran (tú y él) tanto. Que empezaste a escribir poesía después de que perdiste a tu padre.
Recuerdo tus hermosos poemas. Amiga, pero no te perdono, jamás, nunca, que no hayas seguido publicando. Al menos yo no he visto nada nuevo tuyo en la red.
(alguien me escribió ayer algo en este cuento, y por casualidad vi el comentario tuyo, lo que fue una gran suerte, para decirte que nos hacen falta tus poemas, que los necesitamos con urgencia, para seguir la vida con alegría).
Volivar