Ella me abrazaba y me decía que a partir de aquel momento todo supondría una calma, una inmensa relajación y nada más de esfuerzos y peleas. Pero no. Eso sencillamente lo imaginé. Como un mal sueño. La realidad era esta fiebre. Claudia tenía mononucleosis, tiene todavía mononucleosis, y evidentemente no puede beber, pero sigue fumando como una descosida. No va a salvarme esta vez, ¿cómo podría pedírselo? “¿Te importaría decirle a tu amiga de las tetas enormes que…”
Esa chica del concierto, sin camiseta, con la piel empapada en sudor y brillando por las luces; con un lado de la cabeza rapado. Luego fui a pedirle un papel para un cigarro.
-Claro, toma dos- y sonrió. Yo como un tonto, era demasiado para cualquiera, aparte, todavía estaba con Cristina, ¿qué iba a hacer?, ¿pedirle el móvil para cuando mi actual relación fracasara? Un buen plan-b, así de prácticos debiéramos de ser todos. Pero con la edad parece que el drama se intensifica, y con el drama vienen las malas decisiones y la inutilidad de los consejos.
Me gusta escribir sobre mí mismo. No porque sea el único en mis alrededores que merezca la pena, sino porque no conozco a nadie que necesite corregir tanto su forma de ser como yo. Aquí puedo hacerlo. Lo pienso, lo escribo y luego tachones. Fuera todos parecen en celo, estar verdaderamente húmedos, volvió la moda de la bisexualidad y la soltería entre mis amigos. En cambio yo, me encierro, corrigiéndome, voluntariamente, hasta que se hace de noche. Y escribo y perfecciono cada frase. El otro día Abel me habló de la elevada posición del artista con respecto a su propia obra, esa capacidad totalizante, totalizadora, de sumo principio. Yo lo comprendo igual. Las palabras me resultan insgnificantes, están ahí gracias a mí, y las palabras de otros son sólo una marca que superar.
Me faltan cigarrillos.
Debo de llevar cuatro días sin fumar y me siento histérico pero con una relajación muscular que me convierte en una paradoja. Es la décima vez que dejo de fumar en un año, y cada vez que lo dejo, a los dos días, olvido el motivo, ¿qué problema hay en fumar? ¿Las flemas, pulmones negros? ¿Es eso un problema de momento? Caeré esta noche, probablemente, en el cumpleaños de Patricia.
-Oye Pallas, ¿tienes un piti por ahí?-
Soy en esencia una persona débil sobrecargada de orgullo. Mi lavia me ha salvado hasta el momento de todo cuanto hubiese podido arruinarme la vida, de todas esas chcias que hubiesen podido arruinarme la vida. Es como un arnés, la cuerda que te sujeta los piés al hacer puenting. Mejor que vuestros biceps.
Literatura. En verdad yo trato de hacer literatura. De escribir libros. Novelas. Relatos. -Hola, buenos días, me llamo Eloy y soy escritor-. Debe de ser la palabra más fea del castellano. “Escribo obras. Me entrevistan por ello”. No es ni un trabajo ni un oficio, sólo algo repugnante. Un espectáculo que se alimenta de lo más íntimo que puede tener una persona. Lo convierte en lo vulgar, lo arificial. Y aún así prefiero participar en ese teatro, ser una máscara más entre reporteros y novelistas, reirles las gracias, tan prudente como cualquiera.
Odio conocer a gente que también escribe. Los malos escritores todavía los salvo, ya que seguramente todos ellos son mejores personas que escritores, así que terminarían por caerme bien. Los que saben escribir, en cambio, nunca sé a qué atenerme. Leo sus cosas y les engrandezco en mi imaginación, pensnado que tienen algo especial, ¡creadores profundos! pero luego son tipos aburridos, pedantes, ridículos, sin ningún talento para la vida.
Y luego estoy yo.
Escribo sólo por el simple hecho de sueprar lo que hice ayer. Algo noble. Más allá de mis palabras tan sólo defraudo. Pregúntale a Cristina, pregúntale a mi madre, a mis antiguos profesores, mis amigos. Doy la mitad de lo que podría ofrecer.
-Bebe demasiado.
-Esta todo el día tirado en el sofá viendo películas estúpidas.
-Sólo se mueve por una chica. A veces ni eso.
-Siempre pensando en el sexo.
-Sólo lee novelas. No estudia ni aunque le pagues.
-Nunca está en casa, siempre en la maldita calle.
El día en que yo me siente a escribir y vosotros aprendáis a leer, voy a haceros tragar esas impertinencias. Mientras, podéis seguir, me las merezco. Diría que ni siquiera son suficientes.




