La Santa Muerte
18 de Mayo, 2012 28
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Alicia nunca supo de donde había salido aquel curioso regalo. El llavero con la pequeña figura de la Santa Muerte simplemente apareció sobre su escritorio en la oficina. La imagen no debería medir más de siete centímetros -pensó- y no era del todo desagradable. Sin embargo, la idea de la muerte no era, de por sí, una de sus favoritas. Así que, con un extraño pesar en el corazón, derivado tal vez de la idea de que bien podría ser un detalle de amistad de algún compañero bien intencionado, su primer impulso fue tirarla a la basura.

Sin embargo, ya viéndola bien, con todo y su aparente terrorífico mensaje, la pequeña estatuita podía resultar hasta simpática, posiblemente debido a su reducido tamaño o al hecho de reflejar un bello trabajo artesanal, producto de las mágicas manos de algún artesano anónimo, de los que hay tantos en el pais.

Al principio le pareció que se trataba de madera tallada, por lo fino y preciso de los detalles. En efecto, el rostro y el esqueleto, semicubiertos por un bello manto negro, se acercaban peligrosamente a la perfección. Pero no, el peso de aquel pequeño objeto hacía más bien pensar en un trabajo en metal, tal vez plomo o cobre.

Especular que podría ser una mala broma de alguna compañera de la oficina era lo más lógico. El auge que había tomado la Santa Muerte en México, en los últimos años, con templos y hasta sacerdotes dedicados a su veneración, provocaba la pródiga circulación de su imagen, en todos los tamaños y colores, a pesar de que estaba reconocida como la Santa preferida de los delincuentes y de los narcotraficantes. Eso pensó Alicia con preocupación.

Además, la maldita costumbre de las bromas pesadas -que ella aborrecía tanto- había sentado definitivamente sus reales en la oficina, especialmente entre el gremio de las secretarias, al cual afortunadamente Alicia había dejado de pertenecer, desde que orgullosa le mostro a quien quisiera verlo su recién obtenido título, con honores, de Licenciada en Ciencias de la Comunicación.

Una extraña curiosidad, muy femenina -se diría ella misma después- la impulsó a tomar la regla del escritorio para medir el llavero. La medición no podía ser más exacta: 6.66 centímetros. ¿Y el peso? –Se preguntó-, afortunadamente tenía sobre su escritorio la balanza para calcular el porte de las cartas y demás paquetes que manejaba en su trabajo cotidiano. Exactamente 66.6 gramos, aunque en realidad el objeto se sentía más pesado. Ya teniéndola medida y pesada, le pareció a Leticia que la pequeña muerte estaba más bajo su control.

El teléfono sonó. Era Luis recordándole que esa noche irían a escuchar en Bellas Artes la última presentación de su obra musical favorita: el Réquiem de Mozart. Nada podría haberla hecho más feliz: Luis y Mozart; Mozart y Luis. Así que, sin pensarlo mucho, depositó el llavero en su bolsa de mano y salió corriendo al baño a retocarse.

El Palacio de Bellas Artes, templo máximo de la cultura mexicana, quedaba tan sólo a unas cuantas cuadras del edificio de su oficina. Tomó el ascensor y, ya retocada y perfumada, sintió que el corazón se le quería salir del pecho por la emoción. Era la primera vez que Luis, aquel jóven tan alto y delgado -aunque eso sí un tanto pálido y taciturno- la invitaba a salir de noche.

Dentro de su alegría notó, sin embargo, que estaba algo cansada. A medida que empezaba a recorrer las pocas calles que la separaban de Bellas Artes, el peso de su cuerpo parecía hacerse más grave. Esto le preocupó, porque aunque el trayecto era corto, a esas primeras horas de la noche la oscuridad había empezado a enseñorearse de algunos rincones de la ciudad, de donde la violencia podía surgir de pronto, sin previo aviso.

Lo curioso era que la pesadez no era proporcionada. De pronto sentía su cuerpo más pesado de un lado que del otro. La molestia era tal que empezó a tener dificultad para caminar. Sentía como si un gran imán la jalara hacia abajo o hacia un lado y después hacia el otro.

Queriendo cortar camino dio vuelta en la calle de López, tan sólo a dos cuadras de su destino. Nunca había visto aquella calle tan oscura. Una neblina lúgubre y pesada parecía cubrirlo todo. Ni una sola luz, ni un transeúnte, ni un automóvil. Todo era gris, oscuro. Su preocupación se fue transformando rápidamente en miedo, en pánico, en terror.

En cualquier momento podía surgir de algún rincón el asaltante, el delincuente, el asesino. Ya apenas podía caminar. Sus pasos eran cortos, débiles, imprecisos. Y aquel enorme peso que parecía crecer a cada instante ya casi no le permitía moverse.

Bamboleándose al filo de la banqueta sintió primero un fuerte jalón hacia su izquierda, hacia la calle, y apenas pudo mantenerse en pié. Un segundo tirón la lanzó sobre su costado derecho, haciéndola caer pesadamente sobre su propia bolsa, en el instante mismo en que el vehículo pasaba a su costado a más de cien kilómetros por hora, sin siquiera rozarla.

Alicia tocó con la mano su bolso y recordó, entonces, quien la acompañaba.

28 Comentarios
  1. Vimon, admiro la elegancia con la que tratas este tema. Enhorabuena y voto.

  2. Gracias, Antonio, te mando un abrazo.

  3. Bien escrito, un gran saludo desde Buenos Aires.

  4. Gracias, Nanky, por tu comentario. Un saludo desde Jamaica.

  5. Vimon: qué gran narrativa.. si pudiera te pondría muchos votos. (He estado sin aliento, hasta el final; tú sí que pusiste en práctica aquel consejo de Anton Chéjov: “no dejar respirar al lector”.
    Felicidades
    (Un poco tarde, pero la admiración no tiene tiempo. Por motivos familiares tengo que estar continaumente en la carretera, y esto me apesadumbra, porque no puedo leer con la asiduidad que quiero lo que publican mis compañeros y amigos)
    Volivar

  6. Enhorabuena, Vimon, atrapa hasta el final. Un beso y mi voto

  7. El culto a la Santa Muerte es a la vez curioso y escalofriante. Un relato excelente. Tienes mi voto.

  8. Un estupendo relato Vimon. Escalofriante, te atrapa hasta el final!!. Abrazos.

  9. Amigos Volivar, Angeles y ZusiOns, gracias por sus oportunos y estimulantes comentarios. Saludos

  10. Felicitaciones.

    Excelente relato, me gusta como trataste un tema tan polemico en tierras aztecas.

    Saludos

  11. Gracias, Lot, por tus comentarios. Un saludo.

  12. Soraya, gracias por tus comentarios. Un abrazo.

  13. Me encanta tu prosa pero es peligrosa, basta leer el primer párrafo para quedarse enganchado y encontrarse con la parca.
    Un abrazo

  14. Oscar: gracias por tus amables comentarios y me alegra saber que el relato produce tal efecto. Un abrazo.

  15. Felicidades Vimon, me encanta el tratamiento y el desarrollo que le das. Un abrazo y mi voto.

  16. Gracias, mi estimado Pedro, un abrazo.

  17. Es un tema algo complicado de tratar, sin molestar a un sector de la sociedad mejicana tan devota de “La Santa Muerter” .Lo has hecho con estilo.Te felicito.
    Un abrazo en la distancia.

    Gudea

  18. Gracias, querida Gudea, por tus valiosas opiniones. Un abrazo.

  19. Tambien desde mi parecer, esta bien escrito y te engancha. Todo tiene sentido, excepto de que Luis le causara tal felicidad, y al mismo tiempo, sea la primera vez que la invita a salir de noche. Eso esta raro, pero en general, es un cuento con principio y fin muy claros, eso me gusta; y es un tema “milagroso” o “inexplicable” al que toos los mexicanos tenemos contacto.

    Saludos

  20. Mi estimado Julioko: dicen que el arte no se debe explicar, sin embargo, como esta es una red muy propicia para ensayar y aprender voy a tratar de explicar el papel de Luis en este relato. Como veras, yo acomode en el texto varias referencias indirectas a la muerte, e incluso al mismo demonio. La medida y el peso de la figura dan 666, que es el numero del diablo. Luis es un joven delgado, alto, palido y taciturno (otra imagen de la muerte), que la invita a escuchar el Requiem (musica de muertos) de Mozart, quien como se sabe murio mientras componia esta obra. Si era la primera vez que Luis la invitaba a salir de noche no creo que tenga mucha importancia. Satisfecho?

  21. Ay! que miedo! Por lo que leo en los comentarios, supongo que me pierdo parte de su sentido desde España, pero de nuevo engancha y te obliga a leer hasta el final

  22. Gracias por tus comentarios, Territorio, y que bueno que el relato te engancha, ese es uno de los ideales del escritor. Un abrazo.

  23. Saludos, te felicito me gustó la sutileza y el enganche que me causó. Un abrazo

  24. Gracias, Ozzy, por tus amables comentarios. Y si te gustan los cuentos macabros te recomiendo “Un Sueno Feliz”, que subi ayer y ya esta en la seccion de Cuentos. Un Abrazo.

  25. Enganchada hasta el final, te sigo y mi voto.

  26. Gracias, Morticia. Yo tambien estare pendiente de tus escritos.

  27. Un relato tan peculiar como el tema que trata. Elegancia y sutileza para un tema casi tabú entre la gente. Magnífico, cuenta con mi voto.

  28. Gracias, M.V.C. por tus estimulantes comentarios y tu voto.

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