La soledad del tejo
4 de Agosto, 2012 11
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Hace muchos siglos, un soplo del Creador nos dio la vida en este maravilloso planeta, llamado Tierra. Pertenezco a la especie denominada plantas, y mi nombre es “Tejo”.

Pobladores de valles y montañas, teníamos el respeto de aquellos que, según la creencia de su ego, se conceptuaban a sí mismos seres “superiores”: los hombres.

En la época celta éramos considerados como árboles sagrados. ¿Recuerdas cuando vuestros ancestros, los druidas, hacían bastones mágicos y predecían el futuro con palillos que fabricaban con la carne de nuestras ramas? Tú humano, yo árbol, convivíamos en armonía

El hombre apreció la flexibilidad que poseemos y construyó numerosos arcos y ballestas, con los que, en tiempos de discordia entre los de vuestra raza, obtendría la victoria en innumerables batallas. Descubrió nuestro néctar letal y, en las derrotas sufridas, lo utilizó para ayudar a morir con honor a los guerreros de algunas tribus que, apresados por el enemigo, optaban por poner fin a sus días bebiendo infusiones elaboradas con la savia de la corteza que nos envuelve, evitando así verse sometidos a la esclavitud. Tú humano, yo árbol, convivíamos en armonía.

Corriendo períodos de paz, fuimos utilizados en la fabricación de ejes para carros y toneles; e incluso, asentamos las posaderas de los más adinerados en las famosas sillas de Windsor.

En vuestra constante búsqueda descubristeis que, igual que os dábamos la muerte, también podíamos ayudaros a proteger la vida de los bebés que corrían peligro de no llegar a nacer, o salvaros de una muerte segura en las mordeduras de algunos ofidios.

El hombre fue adquiriendo más conocimientos y en el siglo XVIII supo de nuestro efecto sanador sobre la malaria y las enfermedades reumáticas.

Hace décadas, los científicos descubrieron las propiedades curativas que contiene nuestra rugosa piel. Podemos preservar a los hombres de esa terrible enfermedad a los que ellos denominan cáncer, y nos sentimos felices de ayudarles. Tú humano, yo árbol, convivíamos en armonía.

El ego del hombre se fue acrecentando en la misma proporción que aumentaban sus conocimientos, conceptuando al raciocinio su Dios, y olvidando que la verdadera esencia habita en el corazón. En frenética carrera hacia ninguna parte, mutó respeto por desprecio y humildad por prepotencia, considerando al resto de los habitantes del planeta sus siervos. ¡Humano!, detente un instante y observa; aquieta tu mente y siente. Ahora dime, ¿qué ves? Yo árbol ¿y tú…?

Conocidos como árboles de la vida y de la muerte, convivimos con esa dualidad existente entre nuestra extraordinaria longevidad y nuestra elevada toxicidad.

Algunos miramos al cielo cerca de las ermitas y de los cementerios. Mas lo cierto es que cada vez somos menos

No te juzgo, ser humano, poblador de la tierra; pero al observar tus andanzas, no puedo reprimir el miedo. Si no te respetas a ti mismo, si era capaz de aniquilar a los de tu especie por ideología política, por desmedida ambición de poder o por el mero hecho de querer dominar el mundo, ¿qué no harás conmigo cuando me consideres inútil?

FIN

 

 

 

 

11 Comentarios
  1. Lo diría asi , realmente hermosa esta suplica del tejo…..que bien cenicienta

  2. Gracias, Jose Giovani, muchas son las súplicas de los seres vivos de la Tierra; detengámonos por un instante y prestémolas atención.
    Un abrazo.

  3. Cenicienta literaria: te aseguro que al inicio de tu hermosa narración (como todas las tuyas), creí que el tejo era algún animalito del bosque.
    He admirado tu inmenso acervo cultural. ¡Mira que saber tanto en todas las ciencias y las artes humanas!
    Ahora sé que el tejo es un árbol, que fue utilizado para dar la muerte, pero que en los últimos tiempos los científicos han utilizado su sabia para curar… aunque, como dices, estos árboles se están extinguiendo, ¿y qué podemos hacer para detener que desaparezcan? Seguramente los laboratorios más poderosos ya los exprimieron y están dándoles en la torre, es decir, acabando con ellos. Qué lástima.
    Saludos, y espero que estés bien en cuanto a lo material, que en cuanto a tu personalidad, no habrá que quitarle ni agregarle nada. Eres linda, lo que sé, por tus escritos y por tu perfil.
    Atentamente
    Volivar (Mi voto)

    • Gracias amigo, Volivar.
      Me hace mucho bien leer tus lindos comentarios hacia mis relatos y mi persona.
      Ojalá, percibamos los mensajes de nuestros aliados de la naturaleza y les respetemos como ellos nos respetan a nosotros.
      Un fuerte abrazo.

  4. Hola Cenicienta.
    Es una certeza indiscutible que tus relatos, además de calidad literaria, tienen magia.
    Exponer algo real de la forma en que lo haces, tan original es tu sello indiscutido.
    Un beso y voto

  5. Mágico canto a las maravillas de la naturaleza a las que nuestra “civilización” ha dado la espalda. Extraordinarios compañeros a los que estamos condenando a las reseñas en bibliotecas, moriremos con ellos.
    Me gustó. Felicidades y gracias.

    • Gracias, amigo Oscar, ojalá un día, no muy lejano, seamos conscientes los humanos de que no sosmos superiores a nuestros hermanos de la naturaleza y podamos convivir en perfecta armonía.
      Un abrazo.

  6. Hermoso relato, Cenicienta. Me enseñaste muy bien lo que es el tejo y lo que somos los humanos. Te felicito. Mi voto.

    (No será: si ERES capaz de aniquilar?)

    • Gracias, querida amiga Lydi; espero que los humanos seamos capaces de reconciliarnos con la naturaleza y convivir en armonía para siempre.
      En efecto, la observación que me haces es correcta. Un despiste a la hora de dejarme llevar por la velocidad de mi pensamiento, más ágil que la mano para transcribir.
      Un beso.

  7. Gracias querida amiga Lydi.
    Espero y deseo que los humanos nos reconciliemos con nuestros hermanos de la naturaleza y convivamos cooperando con ellos en nuestro hermoso planeta, Tierra.
    En efecto, la observación que me haces es correcta; se trata de un error, debido a que la velocidad del pensamiento es mayor que la de la mano al transcribir mis sentimientos.
    Un beso.

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