Este relato no es el que yo quería escribir, os ruego por tanto un poco de paciencia, es una advertencia, a Volivar, a Jesus, a Diego, A Daniel, a Julio el Lobo feroz, y a todos los que me leen. Esta mañana salté de la cama de un salto porque la cabeza no paraba de darle vueltas a un relato, a una historia imposible de escribir. Mañana lunes comienzo un curso de relato breve y mi mente se adelantó como una bala que sale del revolver antes de tiempo. Después del tremendo salto me lavé la cara, que menos, me hice un café bien cargado y me puse a escribir en el absoluto silencio del salón, con toda mi familia durmiendo.
Y eso hago ahora: estoy soltando todo en mi libreta roja Moleskine, escribo antes de que se me agoten las ideas, rápidamente, y ni siquiera sé el tema del relato.
Ahora sí: la buscamos desesperadamente y no la obtenemos, y si la tememos se presentará de inmediato, que es? La soledad. Vivimos en amalgama, en masa, en sociedad, sin descanso ni silencio que valga, hasta ahora perfecto, ¿no?, pues no, porque yo busco lo contrario. Porque yo soy un alma desalgamada, que se quiere despegar, soltar todo ese lastre, esa sustancia pegajosa y pestilente que nos une al vecino de enfrente, a los niños de arriba que te despiertan de la siesta, a la suegra que viene cuando menos te conviene normalmente para tú cumpleaños y te canta desafinando y desafiante el “cumpleaños feliz” con cara de perdiz.
Lo cogéis ya? ¿y esa vecina tan graciosa del Tercero B que cuando estás en mitad del acto toca el timbre insistente y te pide té?, “Que?” le dices tú con cara de orgasmo. Que sociedad, que marasmo. La amalgama te aporrea la puerta a todas horas, intentando venderte un productos de oferta, pasados de fecha, caducos, con todo tipo de trucos, desde un pegamento hasta una extremaunción papal. Dios, te acosa por teléfono, por e-mail, por skype, por internet, por yo que sé. Yo quiero soledad, para escribir un rato, solo un relato por favor, quince minutos de nada, corro soltando palabras a borbotón antes de que el cura de mi parroquia me llame pidiéndome un donativo, ó que me llamen de la China para entregarme un hijo adoptivo.
Llevo quince minutos exactos, no me quedan más, y llego a la conclusión de que no era esto, que yo no quería hablar de la soledad, que antes de dar el gran salto mortal mi sueño era sobre un establecimiento comercial, sí, hace días vengo dándole vueltas a un gran relato mágico sobre la Tienda de las Ilusiones que quiero abrir en una calle lateral, donde no se oiga el tráfico de la avenida principal. Y ahora me vuelvo a la cama, donde tenía que estar, con mi amalgama mental.
Pero os prometo un relato breve sobre mi Tienda de las Ilusiones. Perdón, ya sé que no rima esta frase final, pero tampoco rima la vida real. o si?



Una idea interesante, una Tienda de Ilusiones, ya tendremos una eternidad para “la soledad”, un abrazo.
Desahogo virtuoso y sincero, que sin duda servirá como catarsis eficaz, para ese relato prometedor que esperemos pronto nos llegue y nos llene de placer de letras.
Muchas gracias
Saludos
mmmmmmmmmmm
sí
comparto la necesidad de Esa soledad que necesitás cuando las almas que te rodean te abruman
sin más hoy, a la salida del colegio, una madre loca de un alumno mediocre como ella, haciendo un escándalo de nada, en plena salida con todos lo críos en medio de una lluvia torrencial, que se largó a última hora
Dios!!! con todos los padres en medio!!!y los paraguas, y los me llamás un remís? y las abuelas que se metían a recoger al nieto!!! OOYYYYYYYY DIOS!!
Cómo quería estar sola de toda soledad, en medio de la isla!!!!!!!
en fin, cada vez cuesta más escuchar al otro
besos