Se sentía miserable, no podía moverse, sabia que el tiempo de recuperación seria largo. En aquella habitación solo podía ver el techo, las horas se tornaban infinitas, pero se había salvado. Aquella noche del accidente, Dios le tendió una mano, lo rescataron de entre lo hierros retorcidos casi sin vida, no sabe cuantas horas pasó en el quirófano, pero hoy tiene esperanzas. Será una larga convalecencia, solo transcurrieron ocho días.
Cuando despertó de la anestesia, no sabia donde estaba, todo su cuerpo dolía, sintió un extraño rumor, alguien decía algo sobre el, no alcanzó a entender, pero al cabo de unas horas fue tomando conciencia de donde se encontraba, del accidente nada recordaba, solo el estruendo del choque y algo que lo apretó hasta hacerle perder el sentido.
-¿Cómo estas?, tuviste suerte, naciste de nuevo (le dijo). Era una voz tranquila, no supo que responder, no alcanzaba a distinguirlo, sabia que era alguien y estaba allí.
-¿Dónde estoy? (preguntó) su vista estaba nublada, no distinguía nada, eso lo desesperaba.
-Estamos en el hospital, bastante maltrechos los dos, a propósito mi nombre es Enzo.
Llevo un tiempo aquí, y creo que estaré mas aun. Trató de responder pero no tenia voz, trató de mover la cabeza y esta no le respondía.
-Tranquilo, todavía tienes que recuperarte, lo tuyo es muy reciente. Cerró los ojos y trató de relajarse mientras dos lagrimones rodaban por sus mejillas.
Así comenzó aquella amistad, dos hombres compartiendo una habitación y sus dolores,
Federico sentía que su futuro se desmoronaba, no podía moverse, el yeso se lo impedía, tenía la vista fija en el cielorraso, pero Enzo se encargó de darle ánimo, le describió la habitación, la vista que tenían desde su ventana. A través de su relato, supo que tenían al frente un hermoso jardín, donde flores multicolores reunían a los colibríes. Federico vivió uno a uno sus relatos, el amanecer cada día, una nueva flor que se mostraba presuntuosa, las parejas paseando por el jardín, aquel anciano que se sentaba en el banco debajo de un árbol con un libro, el cual leía con unción.
Cerrando los ojos podía ver ese colibrí que aleteaba frente a su ventana como saludando. Enzo cual si fuera poeta, relataba las puestas de sol, que según el, desde aquella ventana se podía apreciar. Fueron muchas semanas que los dos compartieron, Federico sabía que pronto terminaría su calvario, el médico se lo había anunciado, eso y lo que veía su compañero a través de la ventana le dieron nuevos bríos.
Enzo sufría de una enfermedad Terminal, y como estaba muy avanzada comenzó a decaer, pero no cesó de alentar a su compañero, y las imágenes de la ventana eran cada ves mejores, hasta que…
Una tarde sufrió una descompensación y lo llevaron a cuidados intensivos donde nada pudieron hacer por el.
Federico sintió la ausencia de su amigo, pero un par de días después, le quitaron el yeso y comenzó a moverse, lo primero que le pidió a un familiar fue que le ayudara a asomarse a la ventana y disfrutar la vista que le relataba Enzo.
Tamaña sorpresa la suya al ver que a través de la misma solo se veía una pared, y más aun cuando supo que Enzo era ciego, que todo lo hermoso que había relatado durante tanto tiempo, fue fruto de su imaginación.
Federico alzó sus ojos al cielo y solo le dijo…
-Gracias.




Buen relato, Moli, saludos y mi voto.
Gracias Vimon, un abrazo para ti.
Amigo Moli, una vez escuché una historia similar a la que relataste, pero aquella adolecía de algo muy importante y que tú si muestras: una singular forma de describir y de hacer llevar al lector al sitio y al momento. Por ello mi voto.
Un abrazo,
Rafael
Gracias amigo, te diré que esto es algo que escuche alguna vez y lo quise armar como relato.
Te dejo un fuerte abrazo.
El Moli: qué belleza, amigo. Qué tema tan lindo y perfectamente narrado. Te felicito.
Mi voto
Volivar
Gracias Volivar, un placer saber que autores como tu me lean.
Un abrazo amigo.
Amigo rosarino.
Es impresionante tu relato.
Desgarrador, sentido, conmovedor, con un mensaje enorme, profundo, bellísimo.
Un gran abrazo y un gran voto.
Gracias Richard, alguna vez quizás llegue a escribir como tú.
Te dejo un fuerte abrazo.
Qué te puedo decir… simplemente maravilloso. Hasta vi en mi mente el hermoso paisaje multicolor que describiste con tanta dulsura.
Estas dando pasos agigantados para convertirte en un excelente escritor.
Mi voto.
Gracias Martha, no se si llegaré a la excelencia, pero se que siempre haré lo que sienta.
Un fuerte abrazo.