La conocí una tarde cualquiera en la oficina donde laboraba en Caracas. Era delgada, con una tez con apariencia de porcelana china, su cabellera era una melena castaño clara que acostumbraba a llevar libre y que peinaba con desenfado, llevando la parte delantera hacia un lado de su cabeza, lo que le daba un aire no sé porque, de fiera en celo permanente.
Los compañeros de trabajo no tardaron en descubrir esa nueva especie que aparecía de improviso y llenaba con su presencia los pasillos; creando una atmósfera que irradiaba sensualidad a su paso. Era una mujer madura para su edad, cuando la conocí ella contaba con 22 años, pero había algo en sus ademanes y gestos que la hacían ver como una precoz trotamundos, conocedora de cuanto lugar alegre de Caracas existiese, dondequiera que llegaba era recibida con especial atención y todas las puertas se abrían a su paso.
Esto siempre me llenó de curiosidad, no comprendía como una mujer podía estar tan relacionada y ser tan conocida; donde quiera que fuera era saludada y los brindis y atenciones eran comunes. De su pasado contaba poco, había tenido una hija a los 18 años en una aventura que no tenía futuro, ese mutismo en el cual se encerraba a ratos dejaba ante sí, un enigma al conocerla, eran contados los que entraban a su mundo; a ese mundo que ella protegía con tanto celo. Las relaciones de trabajo no iban muy bien con ella en la oficina, sus compañeros le tenían recelo y las mujeres hasta cierto punto, envidia.
Recuerdo que se hizo costumbre verla llegar temprano a la oficina, cuando lo hacía llegaba con el rostro que denotaba cansancio, era difícil comprenderlo en una mujer tan joven. Al brindarle mi amistad la saqué un poco de ese encierro en que se había refugiado en su oficina, en ese momento me di cuenta que era una persona sensible, con un gusto por la buena música y la literatura, todo esto muy lejos de la personalidad que reflejaba, que mostraba en ese ambiente un tanto hostil hacia ella.
Pasaron los meses y fui conociendo los cambios de carácter en ella, de la efusividad mostrada minutos antes, pasaba a la más absoluta tristeza. La incomodidad de vivir en un sitio ajeno, con su pequeña hija y su madre enferma la ayudaba a esos cambios de carácter y quizás la llevarían a otros, que yo desconociéndolos para ese entonces, no llegaba a vislumbrar. Un día me preguntó que pensaba yo de una mujer que llevara doble vida; que en la mañana acudiera a sus labores normales de trabajo y en las noches se dedicara a proporcionar placer a hombres solitarios y trasnochados. Me dijo que me hacía la pregunta porque era el caso de una amiga a la cual le pasaba esto; luego de un rato en meditar la respuesta, le respondí, no sin antes pasar por una serie de posiciones éticas y moralistas, llena de tabúes y convencionalismos. Ante mi respuesta se llenó de un mutismo y su rostro se encerró de nuevo en una especie de pose ininteligible para mí.
Con el tiempo la actitud de ella se hizo notablemente evidente, la chica de la historia no era otra sino ella, comprendí su pregunta, su cansancio y sus tristezas en ese momento.
Desde ese momento comprendí el porqué la Luna tienes dos caras, que solo muestra su cara luminosa cuando refleja la luz del sol.



Muy buen relato, bien logrado. Gracias por compartirlo.
Gracias por leerme Nanky, saludos amigo.
Cuento conmovedor y muy sutil que aborda el valor del sacrificio, la entereza en el vivir y las ciega presión de la moralidad.
La joven que describe el narrador, a su manera, es una heroína que en el marco de la más rotunda cotidianidad y sin más armas que su tesón por proteger a sus seres queridos, se ofrenda a la inmundicia de la misma sociedad que la condena.
Hay que ver cual de esas dos caras brilla más- y es más verdadera y comprensible- sin brillar tanto.
Excelente, Hegoz,
muchas gracias!!
Muy bueno tu análisis, a ciencia cierta la persona y la situación pudieran ser reales. A veces somos jueces con el rigor que nunca usamos para nosotros mismos. Saludos amigo
Muy buen relato saludos desde Panamá.
Gracias por leer mis pequeños escritos amigo
Hegoz, un relato conmovedor… hay seres así. como la mujjes de tu narrativa, que se inmolan por el bien de los suyos, aunque les caiga el mundo encima. Por desgracia, como tales seres irradian luz, es lo que los hombres vemos, pero es como la de la luna,, que tiene su lado oscuro, que en el caso de la luz, no es un lado oscuro, sino heroico.
Volivar.
Asi es amigo, igual hay que quererlas con sus luces y con sus sombras, con sus defectos y sus virtudes. Como siempre amigo, gracias por leer mis relatos.
Me gusta los valores que fomenta este cuento. Me gusta mucho como escribes, has conseguido que no aparte los ojos de la pantalla. Me ha encantado! Te felicito sinceramente y te doy mi apoyo (mi voto). Yo también tengo un cuento (infantil), se llama “Las aventuras de Chopi el charco”. Te dejo en enlace y te invito a leerlo:
http://www.falsaria.com/temas/publicar-cuentos/las-aventuras-de-chopi-el-charco/