Las hermanas
21 de Julio, 2012 8
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¡”Yo los vi, no miento, estaban cubiertos de sangre!” Gritó con fuerza.

Estremeció a todos los que estaban en la sala.

Los médicos quedaron en silencio durante algunos minutos para luego retirarse del lugar a deliberar en un cuarto contiguo.

La decisión no tardaría en llegar y era unánime: la joven estaba enferma y quedaría internada en el Instituto Psiquiátrico de por vida.

Volvieron al salón principal, pidieron retirar a la joven que fue llevada a su cuarto, donde la sedaron y ataron y comunicaron la decisión a sus padres.

Desgarrador fue el llanto de la madre y los gritos del padre y hermana. Luego de un rato, cuando se sintieron un poco mejor, firmaron los papeles y se retiraron del lugar con las cabezas gachas evidenciando un terrible dolor.

Atravesaron el parque lentamente. Pero una vez traspasados los umbrales del Instituto, comenzaron a sonreir. Una sonrisa macabra. Estaban felices.

Una semana antes.

Era un pequeño pueblo antiguo donde el tiempo parecía no transcurrir y cuya población no superaba los 200 habitantes. La Iglesia, la Municipalidad, la plaza y el caserío alrededor.

En la casa más alejada, vivía una familia típica, padre, madre y dos hermanas mellizas de 13 años.

El padre, agricultor, tenía 5 hectáreas en las cuales cultivaba distintas clases de hortalizas y verduras. La última cosecha había sido muy buena, el tiempo había ayudado y sus ingresos serían importantes. Este invierno la bonanza reinaría en la casa de esta familia.

La madre se dedicaba a las tareas domésticas, la comida, la ropa, los animales de granja y al cuidado de sus dos hijas, Florencia y Penélope.

Las hermanas eran muy distintas. Penélope era fría, calculadora y de apariencia poco agraciada por un horrible accidente siendo un bebé; nadie sabe como se cayó de la cuna. El golpe en el piso le provocó un corte muy profundo en la frente. La cosieron y salvó su vida pero le quedó una cicatriz muy grande. Además le había generado un problema en la columna que la obligaba a encorvarse. Florencia en cambio, era una de extraordinaria belleza, sencilla, cálida, ingenua e inocente. No jugaban juntas. Porque Penélope no jugaba.

Cada cual en sus asuntos. Y así transcurría la vida, sin grandes sobresaltos.

Una noche Florencia se fue a dormir más temprano que de costumbre. Se despertó al rato muy angustiada y alterada a raíz de un sueño aterrador.

Soñó con su abuelo, muerto hacía unos años, que estaba vivo y bajaba de su vieja camioneta. Lucía totalmente saludable. Ella pensaba dentro del sueño que lo que estaba viviendo era real. Y se puso muy contenta. En un momento baja la vista, la vuelve a subir y ve a su abuelo, sin cabeza, sangrando y rebotando contra una pared…Se dio cuenta que era un sueño.

Quedó muy perturbada. Durante 3 noches seguidas los sueños de terror se repetían. La hostigaron sin piedad. Su carácter cambió. Se volvió sombría, seria, retraída.

Penélope notó el cambio en su hermana. Y lo gozó. Los padres también lo notaron y se preocuparon mucho. Intentaron hablar con Florencia pero no le sacaron palabra. Cada vez más alejada.

Su hermana comenzó a burlarse y a torturarla con frases como: “Te vas a morir, tonta” o “otra noche sin dormir”, repetidas veces. Su maldad daba escalofríos.

Florencia se recluía en su interior cada vez más, al punto que no comía, no dormía, no hablaba.

Su hermana estaba totalmente feliz de ver a su “bella” hermana en ese estado.

Hasta que una noche ocurrió algo totalmente inesperado.

Penélope se encontraba durmiendo plácidamente en su cama hasta que sintió unos gritos que le congelaron la sangre. Espeluznantes. Salió corriendo hacia el cuarto de sus padres. Le pareció que provenían de allí.

Entró. El espectáculo era dantesco. Vio a sus padres retorcidos en la cama, muertos, cubiertos de sangre. En el piso, paredes y techo, había salpicaduras también.

Parada en el medio del cuarto, totalmente manchada de sangre y un cuchillo enorme entre sus manos estaba Florencia. Inmóvil.

Penélope salió corriendo gritando despavorida. Llegó a la puerta de la casa para escapar pero estaba trabada con un gran madero el cual no pudo mover. Escuchó pasos y se escondió bajo la escalera. Se escuchaban cada vez más cerca. Cerró los ojos. Los abrió. Y otro grito desgarrador en la profundidad de la noche; la estaba mirando su padre, ensangrentado y con los ojos en blanco. Al instante apareció su madre en el mismo estado. Los gritos de terror de Penélope no parecían de un ser humano. Y de la nada apareció su hermana, limpia, bella, cambiada y con una sonrisa dulce y cálida para decirle “Hola Penélope”. No resistió tanto miedo y confusión. Se desmayó, en la caída se golpeó con un mueble y se provocó otro corte profundo en la cabeza.

Despertó en el Hospital del pueblo.

Estaba atada.

Sus padres y hermana la habían llevado.

Según estos, Penélope se despertó aterrada porque soñó que los padres habían sido asesinados por Florencia y que luego los había visto vivos. Del miedo que tenía al despertarse se cayó, se golpeó la cabeza y se desmayó.

Al enterarse Penélope de la versión, no cesó de repetir que era una mentira, que ella decía la verdad y estaban haciendo todo esto para dejarla internada y deshacerse de ella.

La llevaron al Instituto para enfermos mentales.

Allí quedó encerrada por decisión de la Junta Médica.

Pasaron cinco años. El Director del Instituto al ver la buena conducta demostrada por la joven, le otorgó algunos permisos. Por ejemplo; le volvieron a dar cubiertos metálicos para utilizar en sus comidas y le permitieron salir al parque, una hora por día para caminar.

Estaba muy contenta. Los médicos también. Pasaron 2 años y la conducta era soberbia.

El Director le permitió entonces salir a caminar por el pueblo, acompañada por una enfermera.

Su felicidad no podía ser mayor ya que luego de 7 años, volvía a caminar por las calles donde había crecido. Tenía 20 años.

Salió todos los días durante varios meses. Era felíz.

Una tarde, tranquila como todas, se cruzó con sus padres y hermana cerca del río.

El momento fue estremecedor. Las hermanas se paralizaron y no dejaron de observarse fijamente a los ojos.

Fue entonces que la joven sacó un cuchillo de entre sus ropas y se lo clavó en el pecho a su hermana con una violencia inusitada. También mató a la enfermera de una certera cuchillada. Estaba enajenada.

Fue entonces que el padre y la madre arrastraron inmediatamente los cuerpos de las mujeres muertas hasta el borde del río. Allí las dejaron para que la corriente las lleve.

Mientras tanto, la joven observaba todo, sonriente y con las manos cubiertas de sangre.

Sus padres regresaron al lugar donde ella se encontraba. “¿Seguimos caminando?”. “Si Florencia”, respondieron ellos.

Y se perdieron en el bosque.

F I N

8 Comentarios
  1. Richard, ¡Que manera de escribir!, ¿no se te ocurrió hacer una novela? tienes las condiciones y una manera de relatar exquisita, muy bueno amigo.
    Te dejo un abrazo.

  2. Muy bueno, Richard; me ha parecido corto. ¿Has pensado hacer una segunda parte?. Me encantaría.
    Mi voto y un beso

    • Estimada Cenicienta.
      Muchas gracias.
      Y realmente no lo he pensado pero si una escritora como vos me sugiere hacerlo, lo intentaré sin dudar.
      Beso.
      Grande.

  3. Richard: uf, amigo, hasta que llegué al final, pero asustado, pues ocurre que la narración es extraordinaria. Ah, y el estilo, y los diálogos… en fin, todo muy bien.
    Te felicito
    Mi voto
    Volivar

    • Muchisimas gracias amigo.
      Eres una de las personas en que me apoyo para seguir en esto. Asi de importante son tus comentarios para mi.
      Un gran abrazo.

  4. Richard: lo que te sugiere la linda Cenicienta Literaria, yo también lo había pensado. Es decir, que publicaras una segunda parte de “las Hermanas”.
    Adelante, amigo. Me gusta tu entusiasmo, y esas ganas de superación; ya casi andas por las nubes (muy alto en esto de la literatura),Felicidades.
    Volivar

    • Estimado Volivar.
      ¡Cuanto valor tienen tus palabras para mi!.
      Que bueno es encontrarse con gente como vos, Cenicienta, y tantos otros.
      Muchas gracias por todo y espero poder estar a la altura con una segunda parte.
      Un gran abrazo.

  5. Me ha sabido a poco, me gusta y mucho tu forma de escribir.
    Lástima de llegar a ese “FIN”
    Felicitaciones.

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