
El pentagrama dibujado con ceniza en el suelo fue lo primero que notaron al entrar a la cabaña. Velas derretidas, figuras extrañas dibujadas en las paredes, un libro forrado en piel humana y estatuillas de piedra tallada. No era buena señal, como tantas otras veces en las cuales daban con los altares de los eremitas.
La policía llevaba meses tras la secta. Eran el terror de la comarca de Elkos. Responsables por la desaparición de mujeres y niños.
El sargento Leonard Brentt, jefe de la policía, echaba chispas por los ojos. Llegaron tarde, como de costumbre. Con toda seguridad, los herejes ofrecieron un sacrificio en la cabaña. Sus trastos rituales fueron esparcidos por todo el lugar. El sentido común del sargento indicaba que no hacía mucho los fugitivos estuvieron ahí. Solo había un detalle incongruente.
—No toquen nada —ordenó el sargento Brentt—. Los eremitas siempre tienen alguna sorpresa desagradable.
Un par de analistas entró detrás de él. Se inclinaron a recoger muestras del pentagrama.
—Sargento —Dijo un oficial mientras se le acercaba— venga a ver esto.
—¿De qué se trata? —Demandó Leonard la explicación.
—Encontramos algo que debería ver. Está por acá, bajo las escaleras.
Brentt siguió al oficial hasta un reducido baño bajo las escaleras que conducían a una segunda planta. Una estatuilla manchada de sangre se hallaba detrás de un lavabo, como si estuviese flojo y el fetiche le sirviera de apoyo.
—¿Ya vio la estatuilla? —preguntó el gendarme.
—Es uno de los dioses oscuros —Observó el jefe policial—. Los eremitas adoran estas cosas, les ofrecen sacrificios humanos para abrir las puertas de su dimensión. No sé si sacaron esa barbaridad del Necronomicon o de algún otro libro raro.
—¿Para qué lo pondrían aquí?
—No lo sé. Pero tenga cuidado. No quiero averiguar por qué pusieron eso ahí.
—Debemos mandarla a Arkham. Deben analizar la sangre, para ver si pueden dar con la victima.
—¿Sabe si hallaron a la victima del sacrificio?
—No señor.
—Tal vez llegamos antes. No deben andar lejos.
Leonard tomó su radio y dio la orden de rastrear en los alrededores.
—Permítame que le ayude —Dijo al terminar la llamada.
El sargento detuvo el lavamanos con cuidado, lo alzó suavemente para permitirle al subalterno asir el ídolo ensangrentado. De repente, la detonación de un explosivo seguida de gritos detuvo la investigación. La estatuilla y el lavabo se rompieron con un ruido destemplado cuando los dejaron caer.
Brentt volvió a la estancia. Los analistas yacían en un charco sanguinolento. Despedazados por una bomba oculta bajo el entablado.
—Nosotros éramos el sacrificio —Dijo él.
Los dioses oscuros a quienes los eremitas adoraban debían estar complacidos con aquella ofrenda.



¡Terribles dioses! Parecen los nuestros.
Me gusta tu relato. ¿Tiene continuación?
Un Saludo
No pensaba continuarlo. Pero, tienes razón se presta mucho para ello. Algo así como las legiones de la tumba, del maestro Lovecraft
Déjame poner en claro mis ideas, tal vez logre hacer algo mas con esta historia.
Próximamente veremos la continuación.
Muy buen relato, Lot, en la mas pura tradicion del misterio y el terror. Felicitaciones y saludos.
Agárrate de donde puedas, tendrá una segunda parte.
No se olviden de votarlo
Ja Ja…Yo ya lo vote y esperare ansioso la segunda parte, de lo que bien podria convertirse en novela. Un abrazo.
Ya estoy trabajando con otra novela. Por el momento, lo puedo hacer como una serie de cuentos igual como sucedio con las legiones de la tumba.