Los hojuelos parte II (final)
2 de Noviembre, 2012 3
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Sentados en un bordillo, que flanqueaba una inexistente carretera, nos encontrábamos los tres: la chica misteriosa, su amiga y yo. El resto de amigos del grupo desaparecieron sin que me percatase de ello, ni siquiera estaba seguro de si en algún momento había habido más amigos…

Así transcurrían los minutos, o los días, o los años, no lo tenía claro, tampoco importaba. Hablábamos de un sinfín de temas, y de ninguno a la vez, hasta que la amiga le hizo un gesto a la chica misteriosa, y ésta, me cogió de la mano y nos levantamos. Los tres nos dirigimos hacia algún lugar, supuse íntimo para tener sexo. Todo era muy extraño, de camino, me pareció observar un espacio dónde no había nadie, al preguntar, ninguna de las dos quiso responderme qué era eso, pegando un fuerte tirón de mi brazo, a modo de advertencia. No debía desviarme, no debía perderlas de vista o de lo contrario… de lo contrario ¿qué?

Fue entonces, cuando empecé a ser consciente de la situación. Me había dejado atrapar, por eso tantas y tantas personas no habían vuelto, seguían creyendo en su propósito, pero lo habían enterrado bajo litros de alcohol y kilos de látex lubricado. No, no podía pasarme a mí, yo tenía un propósito. Habiendo llegado hasta ese lugar por casualidad, cuando menos lo buscaba y más lo necesitaba, tenía que continuar en mi búsqueda. Recordé aquel espacio vacío, el gentío me había impedido ver que había en él, solo había visto que no había nadie, nada más.

Solté el brazo de la chica misteriosa y eché a correr entre la gente. Avanzaba tan rápido como la muchedumbre me lo permitía, y me pareció ver que ambas jóvenes también me buscaban con urgencia. Me dirigí hacia donde me parecía recordar que se hallaba aquel lugar pero, ni siquiera recordaba haber andado tanto. Tras perder a las dos féminas, pude relajar mis pasos, y buscar más atentamente. Me pareció verlo tras un grupo de hombres mayores, y me dirigí hacía él.

No podía creer lo que estaba viendo. Era tal y como lo describían los cuentos. Había un balancín, de esos que también giran, con dos bolas de algo parecido al plástico a cada lado, donde se supone que deberían estar los asientos de los niños, formaban sendas figuras semejantes a muñecos de nieve, solo que las de un lado eran rojas y otro las del otro azules. También había unos columpios, o un caballito de muelle, todos ellos moviéndose como si tuvieran infantes jugando sobre ellos cualquier tarde de verano. Salté la pequeña verja de madera y entré. No estaba seguro de como sabría cual debía de parar. Entonces, me dirigí al balancín y lo toqué con un dedo, automáticamente, éste dejó de subir, bajar y girar.

Durante el instante que dura un parpadeo, todo fue oscuridad. Después, al abrir los ojos, me hallaba de nuevo en mi cama, entre mis sábanas, con mi prometida a mi lado.

3 Comentarios
  1. Se ha publicado antes la Parte II que la primera. Desconozco el motivo, pues envíe primero la primera, y después acabé esta segunda entrega. Ruego tengáis paciencia y cuando esté disponible el principio, recordéis que la segunda ya está en circulación.
    Un saludo y disculpas.

  2. No te preocupes. Esperaré la primera.
    La segunda me ha encantado.
    Vaya pesadilla.
    Un gran abrazo y mi voto.

  3. Vaya final, Muy bueno Envoy.
    Menudo sueño.
    ¿Eso lo soñaste de verdad o es cosa de tu gran imaginacion?
    Un abrazo :)

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