Hubo una vez un primoroso jardín en un hermoso y verde valle cercado por altas montañas de cumbres muy blancas. Por las laderas de estas surgían manantiales que discurrían formando arroyos, juntándose todos ellos en el fondo del valle en un río de aguas serenas y claras.
Al lado de este río, en el tronco de un sauce llorón, tenía su casita un elfo aventurero y molón que era el jardinero y guardián de aquel lugar. Día tras día, el elfo se levantaba con los rayos del sol para cuidar con mimo las flores; las regaba con agua que el mismo cogía del río con una regadera que era casi más grande que él. Después se pasaba gran parte del día arrancando las malas hierbas y deshaciéndose de los malos bichos que las noches traían con su oscuridad.
El elfo tenía una obsesión que era descubrir que había al otro lado de las cimas heladas, por lo que una vez terminaba con sus quehaceres diarios, emprendía el ascenso por alguna de las faldas de la montaña.
Pero el elfo era muy chiquito y las cumbres blancas estaban muy altas, por lo que a mitad de camino debía emprender la vuelta a casa si no quería que los seres que habitaban en la oscuridad de la noche lo atraparan.
Una tarde, como tantas otras, emprendió el ascenso con unas inusitadas fuerzas que a punto estuvieron de llevarlo a alcanzar las cimas de no ser porque en su camino se encontró con una flor desconocida de exquisita y extraña belleza.
El elfo se fijó en que sus pétalos parecían estar hechos con diminutos copos de nieve, y que a pesar de su delicada hermosura, la flor parecía estar profundamente triste y desolada. El pequeño duende no comprendía como la exquisita flor podía estar tan apenada y se acercó a ella para preguntarle que le pasaba.
Me siento muy sola y triste aquí arriba, sin más compañía que estas las piedras que me rodean, le dijo la flor. Si me llevaras hasta el valle, junto a las bellas flores que cuidas, te concedería lo que quisieras.
El elfo no se lo pensó dos veces. Con sumo cuidado tomó la flor entre sus manos y la transportó hasta su jardín, donde la plantó rodeada de jazmines, narcisos y azucenas porque eran las flores más dicharacheras de todas las que crecían por allí.
La flor, feliz en su nueva morada, le preguntó al elfo cual era su mayor deseo para cumplírselo, y él entonces le respondió que siempre había soñado con tener alas para poder volar. Y dicho y hecho, porque de repente al elfo le salieron unas preciosas plumas en la espalda con las que inmediatamente se puso a volar con gran gozo y algarabía.
A la mañana siguiente, el elfo se levantó como todos los días y se puso inmediatamente con sus quehaceres diarios, labor que hizo rápidamente ya que el disponer de alas y poder volar le facilitó mucho la tarea. También, gracias a las alas, ese día no tardó en alcanzar las cumbres de las montañas, descubriendo que tras ellas había todo un mundo por descubrir.
El elfo emprendió entonces vuelo en un largo viaje, olvidándose por completo del jardín que dejaba atrás. Cuando mucho tiempo después regresó, cansado ya de recorre mundo, se encontró con que el valle se había convertido en una enorme selva donde campaban a sus anchos horripilantes bichos y malas hierbas. Estos habían devorado a las flores que con sus aromas y colores le habían dado hermosura a aquel lugar en el que ahora reinaban el caos y la oscuridad.
Se cuenta que el elfo se internó en aquel valle, del que no volvió a salir jamás, intentando devolverle su antigua belleza. Su nombre era Lotkáfar, aunque es más conocido por el Elfo Oscuro. En cuanto a la flor que con su magia lo dotó de alas, se la conoce por Edelweiss y ahora solo se la puede volver a encontrar en zonas montañosas rodeada de nieve, donde llora con una pena muy honda por lo que con su magia ocasionó mucho tiempo atrás.
Y colorín colorado, el fin ha llegado.
Moraleja: sacadla vosotros mismo.



Has hecho de una leyenda un bonito relato amiga, mis felicitaciones.
Un abrazo.
Preciosa historia, Mariav, aunque con final triste, y es que la felicidad de uno puede ser la desgracia de otro. La moraleja podría ser algo así como un proverbio que dice; Cuando bebas agua recuerda la fuente.
Un fuerte abrazo y mi voto.
Bonita fabula, Mariav, la moraleja podría ser: no hay que darles alas a los elfos, especialmente si eres una flor triste y solitaria, porque lo mas probable es que se vaya volando y no regrese. Saludos y mi voto.
muy bonita historia y contada con primor por una dama que sabe como hacerlo gracias Mariav
disfrute leer esa leyenda, pequeña comida rapida literaria
me transportaba a la magia
saludos
Bonita historia, contada con encanto.
Un abrazo y mi voto, Mariav
Claude
¡¡Precioso!!
Me encanto tu cuento. Un abrazo y mi voto.
Hola María.
Hermosa fábula con un profundo mensaje.
Muchas gracias.
Un beso y un gran voto.
Hermoso cuento en forma de leyenda, Mariav. Qué linda para contarla a los niños! A veces nuestros objetivos se ven coartados, porque en el camino aparecen seres importantes para nuestro desarrollo. Mi voto
Gracias a todos. Gracias, gracias y gracias. Besos y abrazos.
Mariav: con mi voto tendré la felicidad de ser yo quien envíe a portada tu bella narración; no he tenido tiempo para ver lo que publican los amigos y compañeros, pues resulta que nuevamente los problemas de salud de mi esposa me tienen agobiado.
Se perfectamente que esta red no es para cosas personales, pero, querida y linda amiga, en mi caso, cuando menos lo pienso, las teclas ponen lo que no quiero ni debo.
Volivar