Madera entre tus dedos
9 de Enero, 2012 18
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matrioskas

Un ruido familiar me despierta de mi estático sueño. La puerta del ascensor cruje y oigo pasos que se acercan. Una llave de metal gris gira en la cerradura y una sombra oscura entra en el salón bailando esa coreografía tantas veces vista. La misma cada noche, desde hace algunos años.

Con suavidad, choca un puñado de llaves en el cristal del cenicero sin colillas y la luz de la mesilla, ilumina la habitación. Impaciente, como cada noche, espero mi turno.

Tus pasos se alejan por el pasillo y el resplandor de luz blanca de la cocina se refleja en el espejo del salón. Te observo, quieta, sabedora de cada gesto tuyo. Abres la nevera, sacas un plato helado y lo colocas en el microondas. Un minuto y medio será suficiente. Una chapa decorada con estrellas cae encima del mármol y un largo trago de cerveza fría pasea por tu garganta. Y yo, siempre sin sed, envidio el gesto de satisfacción que se dibuja en tus labios cuando separas la botella de tu boca y la miras un instante. Un leve pitido, un abrir rápido y un pequeño portazo.

El reflejo de luz blanca desaparece del espejo y las últimas zapatillas que te regaló por tu cumpleaños, te acompañan hasta el sofá. Te sientas y sin prisas, ojeando una vieja revista, comes en silencio mientras yo, gritando sin voz, inmóvil y desesperada porque me siento no existir, espero.

Bailan los segundos en el péndulo del viejo reloj de pared y convirtiéndose en minutos, a mí, se me antojan horas.

De pronto, me miras. Sonríes sin decir nada y acercándote despacio, me envuelves en tus manos. Observas el hueco vacío que queda en el rincón donde me gusta esconderme. Me agarras por los pies y sin pensarlo un instante, empiezas, despacio, a retorcer mi cabeza…. Y yo, doy vueltas y vueltas entre tus manos, con una sonrisa pintada en la cara. Un leve mareo, dibujado en espiral… y al final, sintiéndome vacía, como siempre, con mi cabeza separada del cuerpo, pienso que quizá, si tuviese corazón, podría descifrar tu mirada clavada en mí.

Me dejas allí, encima de la mesa y das un paso atrás observando mis pedazos. Te acercas de nuevo y noto tus dedos en mis zapatillas de madera. Una leve caricia en mis cabellos escondidos en un pañuelo dorado y de nuevo, me partes en dos.

Y yo, sintiéndome especial, te miro con mis ojitos de pintura negra trazados con pincel fino, mientras colocas en fila pedacitos de mí. Me siento empequeñecer entre tus dedos y sin embargo, mientras noto que, poco a poco, voy invadiendo tu espacio, dibujo una leve sonrisa en mis labios perfilados de rojo, deseando que vuelvas a bailarme en el tiovivo de tus manos.

Sigues desnudándome en trocitos, en silencio. Y yo, cada vez más pequeña, cada vez más impaciente, noto que una extraña sensación intenta apoderarse de mí, de mi cuerpo de madera esparcido encima de la mesa. Minúscula, insignificante mi tamaño y rebosando caricias, acurrucada entre tus dedos, me acercas a tus labios mientras pienso que si tuviese corazón, quizá, podría sentir eso que en el televisor llaman amor. Quizá si no hubiese un vacío tan grande dentro de mí, podría descubrir lo que sientes en tu piel cuando, en la oscuridad de la noche, abrazado a su fotografía y sentado en el sofá del salón, a solas, dejas escapar lágrimas susurrando “te echo de menos”.

18 Comentarios
  1. ¡Guauuu! ese recurso a las matriuskas para explicar el desamor, la nostalgia, la soledad, la tristeza,…

    ¡Ays, Carmen, cuánto dolor todavía, cuánto!
    ¡Muy buen trabajo!

  2. Muy tierno. Enhorabuena.

  3. Dolor en estado puro. Me encantó.

  4. Perfecta síntesis de lo que es la incomunicación entre dos personas que quizás se quieren.

  5. Me gusta, no cuentas mucho pero el sentimiento es el personaje principal jaja, una vez más me gusta Carmen.

    Natalia- Ecuador

  6. Carmen: me hiciste recordar que, con inusitada frecuencia, amamos, sin que nos amen… y eso, amiga,duele,cala…
    ´Qué bien expresas esto que es de nuestra cotidianidad… ¿por qué seremos así, los humanos? amamos, y nos tratan como bellamente dices: como si fuéramos nada más un juguete, o peor, un pedazo de madera.
    Felicidades
    Atentamente Volivar Martínez. Sahuayo, Michoacán, México

  7. Muy bueno Carmen. Que placer encontrarme con tus letras.
    Te sigo¡¡

  8. Me gustó esta imagen: ·Con mi cabeza separada del cuerpo, pienso que quizá, si tuviese corazón, podría descifrar tu mirada clavada en mí.”
    Gracias por regalarnos esta enternecedora joya!!!

    Un abrazo!!

  9. Me ha gustado amiga.Muy ocurrente la idea de la matriuska.Por cierto¡me necantan las matriuscas!
    Un abrazo en la distancia.

    Gudea

  10. Gracias Gudea! Me alegra que te haya gustado!
    Otro abrazo para ti!

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