Maletas sin destino
22 de Enero, 2012 5
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El chico abría la puerta y le acariciaba los huesos; fríos y luminosos; sin alimentos. Un agujero en el bolsillo sin hilo ni aguja para el remedio, una esperanza al despertar en el sol de una sucia ventana, y una rutina al atardecer; terca realidad invencible. Buscando, aparece nada digno de guardar. Sin buscar, también, nadie y poco al horizonte. El silencio en el teléfono es aterrador; eterno cuando la espera es consciente y sin intermitencias. Apuntándose, siempre era el no elegido en los juegos. Y al destapar el tapón de la botella, al final, la soledad le empujaba a descorchar la tierra, que mojada, todo lo embarraba. Y en la tercera cerveza, cuando el aire erraba, espeso como el agua sucia de un cubo que una patada derrama, sonreía un suspiro oscuro repleto de sueños; desapareceré cuando menos lo esperas.

Aprieta con fuerza mis dedos y echemos a volar sin ensayo. Detén el pensamiento, levanta el telón y chasquea los dedos para dar paso a la acción.

Las maletas estornudan al caer; las cajas pesan más por los recuerdos que por el infinito material. La decisión irrevocable es una sonrisa nerviosa que viste una fabulosa valentía. Vaciar para llenar, y con el aforo completo en el equipaje, nada alrededor y todo por inventar.

Necesario doblar la ropa con destreza, tirar recuerdos, donar regalos, devolver objetos prestados y cerrar el libro que tantas veces se leyó en este hogar. Necesaria una maleta ligera en la que el cero sea la insignia al despertar. Nada conmigo, porque apenas encontré qué guardar. Zarpamos, despegamos, arrancamos, y entonces, solo queda, quizá, llegar.

El adiós es un golpe seco al cerrar la puerta por fuera; irremediable paso sin arrepentimiento cuando las llaves cambian de manos. Inquilino y propietario sumergidos en un silencio de eterna incomodidad. Antes, el vacío de las paredes es un eco que suena a nostalgia. El cielo, el mío, el nuestro, el un día también tuyo, el que me vigiló tantos aciertos y errores, hoy, mudo, ni siquiera llueve. La botella, una vez más, muere en mis labios.

El barco es un avión de papel que desfila veloz por las vías del tren; maletero perfecto en esta autopista limitada. Compañeros anónimos de viaje con destino desconocido. La brújula en el reloj del corazón asustado. Mapa de carreteras sin rayas en tu mirada. Agárrate fuerte, salta al vacío, y no te caigas. Acelera, que la ciudad desaparezca.

 

5 Comentarios
  1. Este relato transmite esa nostalgia, ese saber que se va a echar de menos lo que se deja atrás. Pero a veces, quizá, no hay otra salida y sí muchas dudas acerca de lo que habrá al otro lado de la puerta detrás de la que tantas veces nos escondemos. Me encantó esta frase “las cajas pesan más por los recuerdos que por el infinito material”.
    Buen relato, Dani.
    Un abrazo!!!

    • Es un grito a la huída, al renacimiento. A veces hay necesidad de borrar todo y empezar.
      Mil gracias, Carmen, por leer y comentar.
      Un abrazo!!

  2. Somos y seremos nada más que un recuerdo, por cierto gracias a “Dios” no existe el destino. Abrazo.

    • ¿No existe el destino? ¿Ni las idas ni las vueltas?
      Interesante reflexión. Anotaré eso en mi maleta. Y sí, seremos un recuerdo y muchos olvidos…
      Mil gracias por leerme.
      Un abrazo!!

  3. Discúlpame que por ser un tiquismiquis, pero ese agua sucia de un cubo “que una patada derrama” me ha roto el ritmo. No será mejor dejarlo en agua sucia de un cubo y que el lector entienda y ponga de su parte. Por lo demás, perfecto. Pero ese derramar, brrr… Y lo dicho, soy un tiquismiquis, je, je, je…

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