Me apunté a un gimnasio
29 de Mayo, 2012 7
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Si en mi vida ha existido la estabilidad, la constancia o la secuencialidad en las emociones ha sido a través de la música.

Cada vez que el amor se ha cruzado, como en todos los acontecimientos de mi vida, la música estaba allí, en representación simbólica del laberinto de deseo, dependencia, entrega, alegría e intimidad de cada una de esas historias apasionantes.

Desde 1970 hasta nueve años después, cuando llegó el drama Wilson Pickett, Barry White, Serrat, Abba ponían fondo a cada tarde de mis amores con Juan, la historia amorosa más bailada en comparación de cuantas después han venido. En 1979, en los orígenes de la Movida madrileña, Mikel y yo debatíamos ardorosamente sobre la literatura de Sábato, sobre el carlismo en su evolución histórica, de los “grises” y su evolución democrática, de la mujer y su evolución social… todo ello en las pausas de la pasión sexual en la que nos consumíamos el uno al otro, a los acordes de Burning, Nacha Pop, Los Secretos, Prince, Derribos Arias. En la segunda mitad de los ochenta, La vía Láctea y la sala El Sol, protegieron la historia de seducción recíproca entre Gerard y yo, obrando Patti Smith y Annie Lennox como maestras de ceremonias, un amor que decayó a lo largo de 12 años hasta terminar escuchando a Manolo García ¡Haber quien remonta eso!. Mi amor con Luis está fielmente reflejado a lo largo de las canciones de historias imposibles interpretadas por Bambino, La Quinta Estación, Fito, Julieta Venegas… y Cold Play para los momentos optimistas de “Viva la vida”. Historias de vaivenes como la nuestra.

 

Desde el recuerdo de todos ellos, la música sigue pareciéndome la mejor compañía para un paseo por la vida. Ella te abraza, te besa, te calienta el corazón y te enfría la cabeza… o bien te calienta la cabeza y te enfría el corazón. Con música el ánimo profundiza en sentimientos o se evade de ellos. Con música ríes, saltas, bailas o te refugias, en postura de feto, sobre un sofá.

Bueno, pues, con música y todo, el paseo se me había hecho eterno… Después de cinco décadas de vida, la sensación de cansancio me pesaba sobre la espalda como una losa… Vivía con la angustiosa sensación de arrastrarme por el mundo.

Cuando nos cruzamos, a la salida del supermercado, yo iba mirando al suelo. Lo primero que vi fueron sus deformados tobillos, sobre arrugados y esqueléticos pies que asomaban de viejas zapatillas de fieltro negro: Alcé la vista hasta descubrir un pálido rostro con ojos hundidos y mejillas surcadas de profundas arrugas en todas las direcciones, era la imagen de la desolación. Aterrorizada, por primera vez, me di cuenta de que lo peor estaba por llegar, lo peor era lo que todavía me faltaba por vivir. Me daba cuenta a la vista de aquella anciana ¡Algo habría que hacer!

7 Comentarios
  1. Me encanta el repaso por tu vida y tus amores a través de la música, para mí siempre ha sido también parte esencial de mis historias tristes, alegres, felices o desdichadas, incluso pensé en escribir un texto parecido y no fui capaz, todo sea que éste tuyo me sirva de inspiración ¿no te importa verdad?
    Voto!

  2. Muy bella tu biografia musical. En cuanto al ultimo parrafo, Shu, no has oido que la vida comienza a los 60? y que los 60 de hoy son los 40 de ayer? !Animo, que estamos empezando! Un abrazo y mi voto por ese nostalgico viaje musical.

  3. Cuantos recuerdos de aquellos buenos tiempos. Gracias shu

  4. Lo mejor del relato a parte de a los grandísimos de la música que mencionas, es que el título es el final. Nunca había leído algo así es muy original, me has sorprendido totalmente, y me encantas las sorpresas.

  5. Por supuesto tienes mi voto

  6. Shu, es un lujo leerte. Gracias por compartir este paseo musical. Felicidades y mi voto.

  7. Muchas gracias a todos, ha sido divertido escribir este relato. Menos el final… ¡Qué jodido! :-) )

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