“Ya las ideas no tocaban la puerta de mi mente. La imaginación decidió tomarse vacaciones permanentes, dejándome al desnudo en la dura realidad en la que vivimos. Ya no me será posible escapar a esas hermosas playas que anidaban en la superficie de mis sueños cuando no tenía un momento para mis dudas; ya no me será dificil despertar de las fantasías provocadas por la dulce música de la tinta, que fluía con tanto ritmo cuando la luna era mi única compañía. Paredes en blanco es lo que mi locura a causado, haciendo que los escritos que emocionaban a muchos, ahora aburran a todos, y lo que mis palabras transmitían, no fuera más que un simple albedrío en el presente. Siento que todo termina de a poco, que lo que alguna vez eran miles de colores fusionados, ahora no son más que simples lienzos opacos, sin siquiera una línea de horizonte trazadas sobre ellas.
Las hadas y criaturas que a cada hora recorrían los pasillos de mi casa, tan cansadas de la espera, huyeron a los brazos de un nuevo ilusionista.
-Ya volverán, con el tiempo, regresarán.- esa frase la repetía a diario, me obligaba a repetirla, y ahora sin nada en lo que apoyarme, susurro para mis adentros - Mis días como escritor han culminado-
Fin, la conclusión de todos mis relatos, cerraba la historia de mi vida, como la novela inimaginable que nunca logré plasmar….”
El escritor Harold Mctime había proyectado sus últimos pensamientos en la carta que ahora posaba en su cuerpo frío sin vida, en la que su alma se desprendió, feliz, como siempre lo había querido. Fuera porque estaba loco, o fuera un simple corazón puro, renunció a la anomalía, para adormecerse en la eterna secuela de lo inesperado hacia el otro mundo.
-Las palabras de un poeta o escritor siempre poseen un doble sentido de felicidad y tristeza para mostrar las dos caras de la vida: la realidad y lo que uno espera de ella-

