Dormía plácidamente, apenas se podía sentir el movimiento de su tranquila respiración. Un pequeño bulto de apenas tres kilos, rodeado de multitud de mantas; los inviernos en su ciudad eran fríos. Aún no llevaba 24 horas en su hogar, la luz de una farola se filtraba por la persiana e iluminaba la pequeña cabeza, el pelo negro, negro como el azabache: “el pelo negro como un grajo, como un grajo, niño, tu hijo ha salido a tu tío, va a ser duro y fuerte, no se va a dejar doblegar fácilmente y va a querer ir por libre….va a ser un buen chaval, pero os va a dar guerra” – había dicho el abuelo en el hospital, sonrió al recordarlo – “¿Qué hora sería?” – pensó, llevaba mucho tiempo absorto, apoyado en la baranda de la cuna. Apenas había dormido los tres últimos días, pero no se sentía cansado, en tres días su vida había dado tal cambio que apenas podía conciliar el sueño. Allí, alumbrado por una débil luz blanca, cual zafiro, se encontraba su más preciado tesoro, en silencio, un silencio apenas roto por la relajada respiración de su mujer dormida en la cama. Allí estaba el centro de su vida.
“¿Cómo alguien tan pequeño, puede hacerme sentir tan grande?”
Allí estaba, su hijo, ser de su ser, sangre de su sangre, fruto de su unión con su amada, con esa persona que era a la vez su mejor amiga, su hermana y confidente. Giró la cabeza y la miró, en un lío de sábanas, con la boca abierta, totalmente despeinada, estaba hermosa. Recordó las horas muertas en los anteriores 9 meses con la oreja pegada a su tripa, oyendo y sintiendo como su pequeño iba creciendo, ella muchas veces le hizo la pregunta, según avanzaba el embarazo, de su la veía igual de guapa, él siempre la contestó siempre que nunca había estado tan bella, que la deseaba más que el ayer pero menos que el mañana, y que el mejor maquillaje con el que una mujer se podría embellecer era el de su interior, y el de ella es un maquillaje de gran calidad.
Recordó la primera vez que la vio en el instituto, la primera vez que se sentó a su lado en clase, el primer paseo, su primera cita, el primer beso, el tacto de su mano, sus caricias, la primera vez, sus primeras vacaciones juntos en la playa, la ilusión del comienzo de una vida en común, los enfados y las reconciliaciones, los nervios en la cena con el anillo en el bolsillo, las lágrimas de los dos, su boda, la luna de miel….. “bebe a bordo”, lágrimas de alegría.
El pequeño se retorció en sueños, se salió de las sabanas y quedo desarropado, dejando parte de su pequeño cuerpo al descubierto, rápido lo tapo para que no cogiera frío. Recordó el momento en que lo cogió en brazos por vez primera, tan pequeño, tan débil e indefenso….rozaban ya la treintena, pero, ¿Cómo se les daría?, 9 meses para ir preparándose, para concienciarse, para asimilar su sueño, el cual iba creciendo, tomando forma y haciéndose realidad, aun así, no se lo creía. No servía de nada los libros de ayuda ni los consejos de amigos o familiares, tendrían que aprender “sobre la marcha”, pues el pequeño que dormía tranquilo en la cuna no se lo pondría nada fácil y a cada momento exigiría su total atención, sin pedir nada a cambio, una total entrega para que ese pequeño ser creciera. Les esperaban noches en vela, pañales, biberones, visitas al médico, urgencias, carantoñas, risas, enfados, castigos, berrinches, momentos en los que se sentiría orgulloso. “¿Y cuándo creciera? ¿Sería buen estudiante? ¿Buen deportista? ¿Les haría caso? ¿Tontearía con las drogas? ¿Fallaremos como padres en su educación?….” No servía de nada preocuparse de eso, aunque era algo que le rondaría la cabeza muy a menudo, él ahora se contentaría con disfrutar del momento y limpiarse la baba a menudo….se acabaron los gastos de ocio, las escapadas al extranjero, el fútbol, los fines de semana de turismo rural….solo importaba ya los suyos y el trabajo duro para sacarlos adelante.
“Siempre estaremos a tu lado, en los momentos buenos y en los momentos malos”
Acarició la mejilla con su pulgar derecho del pequeño Juanma, se movió en sueños, sonriendo se dio la vuelta y se tumbó en la cama, apenas había conciliado el sueño cuando el silencio que reinaba en la noche se vio roto por un potente llanto, despertó con un respingo, le costó medio segundo darse cuenta de donde estaba, hasta que su mujer encendió la luz de la mesilla, él se acercó a ella y en un susurro le dijo que siguiera durmiendo, que él se encargaba, ella sonrió, apago la luz y volvió a tumbarse en la cama.
Cogió a su pequeño y se fue al salón, encendió la luz y comenzó a acunarle mientras le cantaba una nana al oído, intentando tranquilizarlo para que volviera a conciliar el sueño, pero no se callaba, le tumbó en el sillón, para ver si tenía que cambiarle el pañal, pero este estaba limpio, volvió a cogerlo en brazos y a acunarle, pero no dejaba de llorar, se empezó a preocupar – “¿Qué te pasa pequeño?” – pensó. Ojalá hablara y le dijera que le pasaba o viniera con “libro de instrucciones”, siguió acunándole y susurrándole al oído, a ver si conseguía callarle.
- ¿Tiene ganas de fiesta? – dijo la voz de su amada entrando al salón, él la miro, sonriendo, que hermosa era, tanto por dentro como por fuera, que suerte había tenido en la vida de cruzarse ella en su camino y de que comenzarán un nuevo camino juntos, “un camino de tres, no de dos”.
- Parece que tiene hambre – le contestó.
- Bueno, le tocaba dentro de dos horas, este pequeño es tragón.
Se sentó en el sillón y él le dio al pequeño Juanma, su mujer le acercó al pecho y este comenzó a comer, tenía un hambre voraz, al momento se tranquilizó, él se sentó al lado de su amada, le pasó el brazo por detrás de los hombros y la acercó a él, ella sonrió y apoyó la cabeza en su pecho, él la acarició el pelo y la besó, miró a su pequeño, seguía comiendo pero se había quedado dormido.
Que el tiempo se parara, lo deseó, lo deseó con todas sus fuerzas, que el tiempo se parara en ese instante, en esa imagen que quedaría plasmada en su retina para siempre, en ese momento en el que la familia estaba unida, que nadie les molestará, que la vida se olvidara de ellos por un tiempo y no les acosará con lastres y obstáculos a cada paso en el camino. Pero el tiempo no pararía, y ellos envejecerían, y su pequeño crecería y se haría un hombre, no sabía que pasaría, pero estaba claro que pasara lo que pasara quería formar parte de ello. Se sentía invencible, junto a su mujer y su pequeño se sentía capaz de superar cualquier barrera, de conseguir cualquier objetivo, la vida le había regalado una fuerza incalculable.
- Esta es la mayor aventura que hemos emprendido juntos – le dijo a su amada.
- Si….pero juntos seguiremos y juntos lo conseguiremos – le contestó.
El pequeño Juanma se durmió profundamente, volvieron a la habitación y le dejaron en la cuna, bien arropado, ellos se fueron a la cama, él abrazó a su amada y ella le besó, así pronto se fueron acercando a los reinos de Morfeo hasta caer en un sueño profundo, un sueño profundo de unas cuantas horas, más bien pocas, hasta que el pequeño Juanma les requirió toda su atención.



Nos cambian la manera de ver el mundo. Muy bueno.
Excelente relato, felicitaciones y mi voto.
Toramd.Dunedain: reafirmas lo dicho por no sé quién, de que hay temas literarios más hermosos que los de la sexualidad, que muchos exaltan a tal grado que al parecer es el máximo valor en este mundo (para tales escritores).
Felicidades. Mi voto.
Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México)
Muchas gracias, la historia se me ocurrió mientras jugaba con mis primos pequeños, estoy totalmente de acuerdo contigo Volivar, en la sociedad la sexualidad esta totalmente desvirtuada y enfocada en un primer plano, dejando de lado multitud de temas, que en el caso de la literatura, pueden enriquecer mucho mas tanto al escritor como al lector. Claro esta, para gustos colores…y por encima de todo respeto a cada uno!!
Saludos desde la cuna de Cervantes, Alcalá de Henares!