Una querida amiga que tengo en España, del mismo lugar precisamente de donde era mi primo Ataulfo, se interesó generosamente en mi primer relato y me pidió que le contara el resto. A regañadientes la voy a complacer, porque la verdad es que mi vida fue respetable entre cebollas hasta el día en que conocí a Romualdo, mi técnico electrónico. Cuando regresó al día siguiente a reparar mi tele nos dimos cuenta que estábamos hechos el uno para el otro, la pasión entre nosotros estalló rauda y estrepitosamente, y antes de que te lo cuento ya estábamos en la cama. A partir de entonces continuamos viéndonos con relativa frecuencia, tres o cuatro veces por semana, sin que nos importara mucho la diferencia de edades, porque tener cuatro hijos se dice fácil, pero conlleva el paso del tiempo y yo le llevaba a mi Romualdo unos quince añitos, cuando menos. Todo resultó a las mis maravillas, hasta que un día nos sorprendió Hermenegildo, mi marido, con las manos en la masa, y el amasijo que encontró no resultó para nada de su agrado. Utilizando el viejo truco de decir que ya se iba, pero quedándose escondido en el closet, Hermenegildo presenció o presagió todo lo que estábamos haciendo Romualdo y yo. Cuando ya estábamos a punto del éxtasis y habíamos casi alcanzado la gloria, Hermenegildo surgió del closet portando tremebunda pistola. Su aparición tan repentina nos llenó de pánico y ni Romualdo ni yo pudimos decir nada, completamente petrificados por el miedo. Para fortuna de todos, mi marido no tuvo las agallas para disparar, balbuceó dos o tres frases incoherentes y salió de la habitación completamente atolondrado. Sobra decir que la demanda de divorcio llego más rápido que inmediatamente y que, siguiendo un procedimiento exprés muy de moda en Tijuana, Hermenegildo y yo nos encontramos pronto otra vez solteros y en edad de merecer. Bueno, eso es un decir, porque mi querido técnico en electrónica pronto se canso de mí, y seguramente también de mis ya inocultables arrugas, y sin decir adiós, así nomás, un día desapareció de mi lado. Por todo lo antedicho mi vida había dejado de ser respetable entre cebollas, por lo que, contrariando -lo sé- la opinión de la mayoría de mis parientes y amigos, de éste y del otro lado del océano, a partir de entonces ingresé a este convento, donde me encuentro enclaustrada pero feliz, porque me dice la Madre Superiora -que gracias a Dios no pellizca- que hace muchos años por aquí anduvo Sor Juana Inés de la Cruz, la no por nada llamada Décima Musa, así que no les extrañe si a partir de hoy me dedico a la literatura y entonces mi vida será respetable entre cuentos, mini relatos y poemas, como los de todos ustedes, mis queridos lectores, que engalanan las páginas de Falsaria. Gracias.
Mi vida ya no es respetable entre cebollas
34 Comentarios



Divertido, a pesar de lo triste del rumbo que tomó la vida de la protagonista. Dicen que la vida es cíclica, y aquí se dio el retorno a las monjas, que habían marcado tanto su vida. Tal vez la tercera parte nos hable de un relajamiento de las costumbres del convento… Voto y saludo.
Es de agradecer el interés de esa amiga para conocer el final de la hstoria. Mi prabién por el relato y mi voto junto a mi afecto. T.H.Merino
Muchas gracias, T.H. por comentar y votar. Ya le di las gracias a la amiga española. Un abrazo.
Efectivamente, amigo Hugo, la vida es una Rueda de la Fortuna. Gracias por tus comentarios y tu voto. Un abrazo.
He leído tus dos partes del cuento de tirón, afortunadamente tras la trágica primera parte la doña cambia las cebollas por el puerro, y es que amor es laberinto. Ahora en la serenidad del claustro fluirán los versos cual empeños de una casa, los esperamos para seguir disfrutando.
Gracias por compartirlo, un abrazo Vimon.
Gracias, Oscar, por tus amables comentarios. Un abrazo.
Me gustó muchísimo. Creí que ya te lo había comentado. Mi voto
Que bueno que te haya gustando, Lidy. Gracias por tus comentarios y tu voto.
He disfrutado mucho de tu estilo tan divertido que convierte un argumento sencillo en una obrita de arte. Enhorabuena y voto.
Gracias, Antonio, la vida es demasiado seria, a veces hay que divertirse un poco. Gracias por leer y por tu voto. Un abrazo.
Hola Vimon-
Fantastico y con un giro inesperado.
Como siempre.
Otro abrazo y otro voto
Vimon: sigue el tema muy interesante; te felicito por esa agilidad y destreza para crear bellas obras literarias.
Mi voto
volivar
Muchas garcias, Volivar. Un abrazo.
Te di el me gusta final, creo que merece estar en la portada.
Muchas gracias, Fernando. Un abrazo.
Interesante relato amigo, me gustó la manera de compaginarlo, el remate muy bueno.
Un placer leerte. Un abrazo y mi voto.
Amigo Moli, gracias por tus valiosos comentarios. Un abrazo.
Gracias Vimon por complacernos con este desenlace olor a cebolla. Un abrazo!
Gracias a ti Rafael, por pasar por aquí y comentar. Un abrazo.
Gracias, Richard, por tus entusiastas comentarios y tu voto. Otro abrazo para ti.
Bueno, bueno.. muy bueno, aunque no esperaba tal decisión por parte de la protagonísta, me refiero a lo ingresar en el convento. Si me gusta que se dedicara a escribir.
Mi voto, amigo.
Gracias, Erg, por tus amables comentarios y tu voto. Un abrazo, amiga.
Enhorabuena, querido amigo, Vimon. Me ha gustado mucho, espero la continuación.
Un abrazo y mi voto.
Gracias, querida Cenicienta, que bueno que te gusto. A lo mejor le seguimos. Un abrazo para ti.
Lindo estilo VIMON que como alguien ha dicho convierte todo lo que “pintas” en una buena obra. Nomas. Y gracias por leerme, un honor.
Gracias a ti, Martina, por leer y comentar. Un abrazo.
Divertido, irónico y siempre con tu peculiar estilo. Me ha gustado. Un saludo.
Muchas gracias, Alca, por tus amables comentarios. Un abrazo.
¡Vaya!
Esperemos que esté bien en el convento, y que, ya sea allí o en otro lado, encuentre la felicidad.
Saludos y mi voto
Yo creo, amiga Sofi, que esta mujer es capaz de ser feliz en cualquier parte, hasta en un convento. Gracias por comentar y votar. Saludos.
Me gustó este relato! te doy mi voto. Besos!
Que bien que te gusto, Kariu, gracias por tu voto y besos para ti.
me encanto, me encantaron los dos, y los otros que el leído, sobre todo “Los que vamos a morir te saludamos” me hizo reir mucho. Mi voto y desde ya te estoy siguiendo. Saludos.
Gracias, Manuel, por tus gentiles comentarios y tu voto. Un abrazo.