Mientras duermes (él)
8 de Diciembre, 2011 2
0
     
Imprimir
Agrandar Tipografía

conduciendo. No es mi coche. Se oye el viento. Vuelo sobre la carretera naranja, en línea recta. Atravieso las casas. Un puente de ladrillos de gominola. Huele a fresa. Me elevo por el aire. Miro a todos desde arriba. La música de una fiesta suena muy alto. Me tapo los oídos. Ya no estoy en el coche. Empujo una puerta metálica, grande y pesada. Entro. Hay humo gris que me envuelve. Te veo, a ti. De frente. Seria. Alargo la mano para tocarte. Te rompes en pedazos. Me tiro al suelo a recogerlos. Oigo caballos. Al trote. Galopan hacia mí. Me cubro la cabeza. Cuatro caballos me pasan por encima sin pisarme. Chapotean en los charcos azules. Salen chispas que me queman. Gritan. Grito. Alguien llora.

De nuevo en la calle. Te veo y corro lentamente hacia ti. Con dificultad. No puedo llegar a tu lado. Corro de espaldas. Tomo impulso agarrando las farolas. Cada vez estás más cerca. Alargo la mano para tocarte y te derrites. Te conviertes en un charco en el suelo. Brillante. El charquito da calor. Molesta si lo miro directamente.
Comienza a llover. La lluvia es verde. Manchándolo todo. Piso el charco brillante y me abraso. Lanzo un fuerte grito. Estoy gritando. Mi voz no suena. Un policía canta a mi lado, Está mirando cómo me quemo Me dispara con su pistola agua. Cae agua. Ese agua apaga el charco. Tengo frío.
Estoy vestido de negro. Descalzo. Tú te acercas. Vistes de rojo. Alargo mi mano y la coges. Siento tu tacto suave y cálido. Te hablo, sin mover los labios. Abres la boca para contestarme. Un pitido molesto suena constante. Una y otra vez, martilleando. Cada vez más fuerte. El pitido no me deja oir lo que dices. Una luz intensa te atraviesa. Todo se vuelve luz.
El sonido del despertador me arranca del sueño. Lo oigo lejano, pero poco a poco molesta con mayor claridad. Constante. Monótono. Insoportable. Pero soy incapaz de alargar la mano. La luz de la ventana golpea mis parpados que se abren lentamente. Vuelvo a una realidad en la que me veo atrapado y sin ti.
El despertador grita en la mesilla, irritándome. Por fin, soy capaz de mover un brazo y, de un manotazo, lo mando bajo la mesilla. Doblo la almohada sobre mi cara, intentando zafarme del sol que se cuela por las rendijas de la persiana. Odio mi vida.
Necesito una tregua. No quiero estar otro día sin ti. Me incorporo desalentado, sabiendo que hoy tampoco voy a poder verte. Mi mujer duerme a mi lado, ausente. Cojo el despertador del suelo, aun grita, y lo pongo sobre la mesilla. Comienza un día más.
(Dedicado a Carlos Salcedo Odklas)
2 Comentarios
  1. Me gusta el ritmo que le has dado, muy rápido y visual.

  2. Me recuerda a diapositivas, imágenes sucedidas y superpuestas.
    “Oigo caballos. Al trote. Galopan hacia mí”
    Me encanta.
    Un abrazo,
    Luna

Deja un comentario