Mis yoes
19 de Octubre, 2012 7
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Lo estoy esperando agazapado tras este muro, porque sé que va a pasar por acá. Lo sé porque lo estuve siguiendo y allí viene: Viste como yo, camina como yo, habla como yo; pero no soy yo. Aunque nadie nos distinga, ése no soy yo y apenas pasa junto al muro me pongo de pie y lo encaro. Él no puede creer lo que ve, intenta decir algo pero no le doy tiempo, de inmediato clavo la afilada hoja en su cuello y corro asustado, ya que por un momento, creí sentir esa puñalada en mi propio cuello y mientras corro, lo espeso de la sangre baja por mi garganta; toso; y solo para cerciorarme toco mi yugular: estoy sano. Tiro el cuchillo en un basural y sigo a pie hasta llegar a casa.

Allí entro en silencio, no quiero molestarla. Voy hasta su cuarto y la veo sentada en su silla, mirando nada; de espaldas a mí.

—¡Papi papi… volviste!

(Si yo no hablé… ¿cómo supo que era yo?, habrá sido por mi olor… el sonido de mis pasos; ¿tanto así me conoce?), y corrió a abrazarme:

—¿Me trajiste los dulces que me prometiste?

—No… disculpame, en el apuro se me olvidó —le dije mientras pensaba: (ese desgraciado le prometió dulces, ¿qué más le habrá prometido?), espero que no haya sido como el otro, aquel otro, el primero que he matado de una larga lista. Aquel la lastimaba, era el peor de todos y por eso, lo arrastré con rabia hasta el bote y lo arrojé allá… en medio de aquel lago profundo; con mucho peso y aún vivo, para que sufra.

Sí, el primero fue por venganza y el resto, sólo por perfeccionamiento.

Recuerdo el sabor del agua salada entrando por mis narices, recuerdo la desesperación y todo a mi alrededor se puso negro; casi muero en el bote aquel día, pero yo sobreviví, y él no. Al llegar a casa, mojado aún, la encontré como era habitual: escuchando la radio y al correr hacia mí, pobrecita, pechó un mueble que aquel mal hombre había dejado en el camino, yo corrí hacia ella y la tomé en brazos, la alcé, la puse contra mi pecho y viendo lo blanco de sus ojos le dije:

—Otra vez olvidé traerte los dulces, pero ya voy a buscarlos, vuelvo en seguida

Y salgo tan rápido de casa, tan apurado voy, que no me doy cuenta de que alguien me está siguiendo; pero sí noto el plomo entrando por mis espaldas, y al escuchar el segundo disparo, caigo de rodillas y logro girar para ver a mi asesino corriendo, dando grandes zancadas casi sin mover los brazos… tal y como lo hago yo. Tal vez sea mejor así, pensé. Tal vez él recuerde llevarle dulces, a mí pobre niña ciega.

 

7 Comentarios
  1. Cuentista: haz entrado por la puerta grande a esta hermosa red. Tu narración es una obra inmejorable. Te doy la bienvenida.
    Saludos desde México
    Mi voto
    volivar (Jorge Martínez)

  2. Gracias, me alegra que te guste,; luego subiré otros

  3. Cuentista, me uno a Volívar en la bienvenida, la felicitación por tu relato y el voto.

  4. Excelente relato sobre un desdoblamiento que puede ser imaginario…o no. Bienvenido a esta red, saludos y mi voto para ti…o para el?

  5. Sí, trata sobre la superación personal y como, en este caso, el personaje va mejorando como persona “matando” aspectos negativos de su personalidad para convertirse en alguien mejor; y lo hace motivado por su hija, una niña pequeña que al final nos enteramos, es ciega.
    Esto también ocurre en la realidad, ya que ahora no somos los mismos que hace 10 años, y si entramos en detalles, tampoco somos los mismos que hace un minuto atrás, antes de que leyeran este cuento por ejemplo. Aunque en la realidad, por desgracias, los cambios en la persona no siempre son para bien.

  6. Ya lo habia leido en tu sitio y lo encontre aqui otra vez. Me encanta la forma en que vas desmadejando el relato, creando suspenso.

    Muy buen texto mi amigo uruguayo. Un abrazo… W.G.G

  7. Gracias Walter, un gusto saber de ti otra ves. Parece que la web es más pequeña de lo que creemos. ¿Cómo te va con tu incursión por las artes audiovisuales? Yo sigo avanzando en ello, lento, pero avanzando, y más aún en el teatro. Pronto se estará estrenando mi primera obra aquí en Montevideo.

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