Misa de 10 a.m.
17 de Febrero, 2012 6
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misa10am

Como todos los domingos solía ir a la misa que daban en la parroquia a las 10:00 am, llegaba y perseguía con la mirada el punto exacto del inmenso salón donde ella se encontraba; era el sitio habitual de todos los domingos. Me situé inmediatamente detrás de ella en el banco de costumbre. Ella iba con una falda corta que descubría unas piernas; que como murallas protegían una valiosa ciudadela, su pechos los cubría un suéter que hacía de segunda piel, parecían dos promontorios que amenazaban con hacer erupción en cualquier momento, en ese momento, ella volteó y saludo con un leve movimiento de la cabeza, le respondí de igual forma, recé algo que no recuerdo y mi vista se posó sobre todo su cuerpo, como un explorador admirado de encontrar el tesoro perdido.

Inmediatamente mi mente empezó a divagar y a elucubrar intimidades, mientras el sacerdote resoplaba una extraña jerigonza que como murmullo lejano apenas lograba oír, mis ojos se extendieron como tentáculos que hacían las veces de manos que podían tocarla. La imaginé tendida cual victima de sacrificio en el altar y justo yo encima de ella para consumarlo, en el lugar menos indicado, me sentía culpable de pensar todo eso en un sitio, que hasta ese entonces era tan sagrado para mí.

La misa corría y discurría sobre una atmósfera soporífera, sentía a los concurrentes lejanos, algo en mi estaba cambiando, producto de los pensamientos más profanos, mi cuerpo estaba sintiendo los rigores de una imaginación voraz; que sólo podía ser calmada con la culminación de todos esos deseos, reprimidos durante tantos domingos.

En el momento de la comunión y tras quedar los bancos vacios de feligreses, me atreví a tocar su cuerpo con mis manos, un leve roce sobre él me sacó de ese sopor, llevándome a la gloria de saberla mía por unos instantes. Ese momento resumió todos los domingos en uno solo, pronto nos perdimos de esa atmósfera de seres adormilados que acudían a sus bancos en disciplinado silencio.

6 Comentarios
  1. Estimado Egoz, tu relato me hizo recordar un tramo de mi adolescencia, en el cual asistí a la Acción Católica y concurría a las misas de los sábados, dado que había allí, una belleza, despertaba todos mis sueños y mis sentidos al unísono, también te cuento tuve pesadillas, recordando algunos tramos de la misa y conociendo como nadie, cuales eran mis verdaderas intenciones. Trataré de escribirlo en algún cuento. Increíble como me ha movilizado tu relato, muchas gracias por compartirlo.

    • Gracias Nanky, ya veo que no sólo a mi se me ocurrió algo semejante, en ese lugar, si no existe concentración en lo que se escucha, puede distraer lo que se ve.

  2. Narración interesante y franca. A destacar, la manera en la que se despliega, cual si se tratara de una curiosa analogía, la culminación de los ritos religiosos, con la consumación del amoroso acercamiento a la bella dama.

    La descripción del ardor interior del narrador es muy lograda, y comunica perfectamente la pasión de vida que lo anima, en contraste con los demás feligreses, apagados y sordos de rutina.

    Mil gracias

    • Gracias Jesús, algo medianamente sacrílego, pero que a menudo pasa por nuestras mentes, en lugares tan insospechados como lo puede ser un templo o una iglesia. Saludos

  3. Hegoz: estemos en misa, en el cine, en el teatro, en un concierto de música de Mozart, o de Beethoven, o de quien sea, la mujer siempre nos será más interesante…
    -¡Dios santo, qué hiciéramos sin ellas!…muchas veces, o dicho mejor, casi siempre, son terribles, en todos los aspectos, pero, qué bello es su amor… nos envían al paraiso cuando nos dedican una sonrisa…
    Atentamente.
    Volivar

    • Eso es verdad amigo, resultan una buena razón para vivir y respirar su amor. Gracias por leerme, saludos !!

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