Tengo una puta moneda de cobre en el bolsillo y el filo de una navaja rota entre los labios. La punta enganchada entre mis dientes sonrientes. Sangre en la barbilla. Azota el pulso de su mano con un vaivén descontrolado. No hay barco ni mar, solo tierra firme. Piel gastada, sucia y agrietada. Cabello descuidado. ¿Mujer u hombre? Aún es tenue la oscuridad. Mi rostro afeitado sonríe. Soy mentira. Una mueca hiere. Tengo unas pequeñas bragas limpias colgando de mis dedos y sus zapatos pisando mis pies descalzos. El vaquero oscurece como si el oleaje me sorprendiera. Nadie, porque no son horas para ser alguien. Atraco a las seis y nadie corta la escena. Rodaje continuo sin tomas falsas. Solo su valiosa moneda de cobre en el bolsillo. La única moneda que ella dejó. Dentro, en la habitación, una niña sin madre; tampoco mujer. Nunca fue esposa. La sombra aprieta el pescuezo, amplío mi sonrisa y sus ojos llorosos desesperan por una taza de té con una generosa propina. Será en mi salón.
La maniobra cuando no hay margen incrementa la posibilidad de error. La desesperación deshabita la razón. En plena batalla muere la paz.
Maite prefiere coletas y odia el pelo suelto. Repele mis besos con barba y adora un batido de fresa con espuma y pajitas de colores. Maite son tres años, una casa, un divorcio, innumerables vistas ante un juez, alguna lágrima y aquella sonrisa en la única foto de Navidad. Hoy, volvía a la ciudad el Rey Baltasar.
Mi patio. Mi jardín. Mi casa. Mi propiedad. Mi hogar. Mi ropa limpia. Mi sol de la mañana, mi café hirviendo, mi tercera canción y mi estribillo favorito. Mi tiempo, mi insomnio, yo y él. Pestañeo. Tres y cuatro y cinco. No duermo. ¿Ella? Mi vida.
Mi mano, lentamente, se aprieta en el bolsillo vaquero. Pellizco el muslo. La moneda, inocente, de cobre, resiste su posición. El algodón, humedecido, absorbe la sangre de mi rostro. Distantes, él sorbe y come y vigila mis gestos. “Dinero”, repite nervioso. Ruego que la puerta de la habitación continúe quieta. Ruego recordar, pero el pasado cae vacío ante nuestros ojos.
La desesperación no acepta negativas. No las digiere. Tampoco las cree. Le enervan. Le desesperan. El filo intimida de nuevo y me hiere. Una gota de sangre en el cristal. ¿Yo? Migas y una bolsa de té. “¿Papá?”. Su voz femenina, suave, dormida, es un grito. Vuelco mis ojos sin un gesto y cae un tintineo.
Subida a una silla, me lava la cara con una toalla. Maite muestra mi soledad, cura mi pesadilla, vacía una lágrima en su mejilla y esconde dos en los ojos. No pestañeo. Me hipnotiza la moneda. Brilla en la madera. “Papá”, llora y endereza mi cabeza. “¿Qué, hija?”. Hay un cielo inmenso en sus ojos. “Olvida ya a mamá”. “Papá”, repite. “¿Qué, hija?”. “Suelta ya la navaja”.



Me resulta excelente, muy bien escrito y muy riguroso, no abunda ni falta nada. Tanto este como zapatillas viejas son maravillosos y voy a seguir leyendo tus publicaciones. Por favor, segui escribiendo en Falsaria.
Saludos
Daniel, mi nombre es Silvia, soy argentina y vivo en Bs As. Soy docente y directora de una escuela primaria y siempre traté de fomentar la lectura en los chicos. Qué bueno encontrarte en Falsaria, tanto la redacción con la historia en sí me parecen excelentes. Ojalá haya muchos jóvenes como vos talentosos escritores, te felicito y te voy a seguir leyendo.
Saludos
“…entre mis dientes sonrientes.” Me resulta sospechosa la construcción, sobretodo porque en una misma frase concurren palabras con similar sonido. El resto es sobrecogedor, muy acorde al ritmo que le imprime a sus narraciones. Saludos.
Gracias, Pablo. Seguiré escribiendo, sino, ¿qué me queda?
Nos leemos por aquí y me alegra saber que disfrutaste con la lectura.
Un abrazo.
Silvia, tu comentario como profesora, no sólo me halaga, sino que también me sonroja y me alegra enormemente. Creo que la magia de la escritura y la lectura se aprende en la edad de los alumnos que tú tienes ahora mismo. Ojalá, y seguro que lo hacer, enseñarles ese camino hacia los libros.
Saludos!!
¡Impresionante! Un relato tenebroso sin duda Daniel pero he de reconocer que me encanta la oscuridad jeje;)
Gracias, Elena por caer por aquí!!
Nos vamos leyendo en próximas lecturas!!
Muy bueno, la vorágine del personaje la vive también el lector, y el contrapunto de la niña es genial.
Gracias, Paloma…
Un placer tenerte por aquí.
La verdad es que la historia es difícil, compleja y oscura. Quizá la niña es la cordura. Creo en los niños como la gran verdad de este planeta. La edad lo rompe todo…