Morrison
29 de Marzo, 2012 2
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De nuevo se abrieron las puertas de cristal del Drugstore que, mecánicamente, una vez tras otra, daba paso o salida al bullicioso local de copas y alterne, presentado como cafetería en una época en la que el vicio se envolvía en apariencias de pío, pío que yo no he sido…

Dos morenazas adolescentes, risueñas y arrogantes entraron al local, dirigiéndose raudas al fondo, hacia la escalera de acceso a la segunda planta… Rosa, muy alta, de melena, negra y brillante, casi por la cintura, reía a carcajadas, manoseándose los muslos asombrosamente firmes y torneados, a los ojos de aquellos hombres que contemplaban expectantes el vestidillo amarillo, ceñido como un marco a medida de aquellas largas, redondeadas, perfectas caderas tan rítmicamente manoseadas por la divertida jovencita. En realidad el mini vestidito era una camiseta larga, de algodón amarillo, bolsillos a la altura de los muslos y escote en pico. Un pico discreto que ni siquiera mostraba el inicio del canalillo adolescente pero que envolvía muy justo dos grandes, redondos y prietos pechos. El vestidito se ajustaba marcando una cintura estrecha al final de un talle largo. Todos calculaban unos esplendorosos dieciocho años. Tenía dieciséis.

Las risas de Rosa eran provocadas por los sarcasmos que la otra joven fabricaba en susurro acerca de los mirones, los grupos masculinos que iban dejando atrás… los gestos, las miradas de esos hombres eran motivo de guasa para las dos. Paloma, de complexión más menuda que su amiga y media melena castaña oscura en capas desordenadas, tenía una figura esbelta, de piernas largas y delgadas, de bellas formas, de las que se eligen para los anuncios de medias. Su mini era, también, una camiseta larga de algodón, esta vez rojo, más ajustada, aún, que la de la amiga. Caderas estrechas y torneadas con final trasero en un culo respingón y redondo como un balón de reglamento… como para anuncio de bikinis. Los botones de su escote, desabrochados, sí mostraban canalillo, copas y pezones, casi, de unos pechos medianos, sueltos al trote que evidenciaban la ausencia de sujetador… como de anuncio de limones del caribe. Del cuello hacia arriba destacaban una boca, grande y carnosa, unos altos y marcados pómulos y dos ojazos negros, adornados, arriba y abajo, por pestañas más largas y rizadas que las elegidas para anunciar rimel. En unos meses cumpliría dieciocho aunque parecía más joven que Rosa. Las dos amigas, además de mini vestidos compartían un color de bronce en la piel… morenas de canela… de seda suave… tan jóvenes e insolentes… ¡Para comérselas!…

2 Comentarios
  1. Ya me imagino yo con una de las dos morenazas.

    Bien hecho.

  2. jajajajaja O con las dos, si te pones. Gracias por tu atención.

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