Ni conmigo, ni sin mí
11 de Enero, 2012 4
0
     
Imprimir
Agrandar Tipografía
abrazo

-No sigas por ahí –dijo convencido.
Lola se removió inquieta en su asiento. No entendía cómo era posible que Andrés se sintiera molesto. Él, él que había decidido por tercera vez que no quería seguir con aquella relación. Él, que se había atrevido a abandonarla en dos ocasiones anteriores,… ¿se ofendía?
-Si te he preguntado por tu nueva compañera de trabajo, no es por celos. Sólo quería entender, encontrarle una explicación a lo que para mí no la tiene.
Esto último lo mencionó bajito, sin fuerza ya. Estaba agotada. Le cansaba lo que aún estaba por llegar, pero que ella ya se había aprendido de memoria. Hacía esfuerzos por no perder la compostura, por no dejarse llevar por la rabia que la reconcomía, por la tristeza que la abotargaba como una anestesia.
-¿Cuándo te vas? –le preguntó por fin.
-Cuando lleguemos a un consenso –contestó él.
-¿A un consenso? ¿Pero de qué consenso me hablas? ¿Acaso tú, no lo tienes ya todo decidido? –le espetó con rabia. Ahora sí.
-¿Cuándo? –repitió con urgencia.
-Mañana.
«Mañana», pensó. Como si saber el momento concreto fuera a salvarla del desconsuelo, del vacío que sentiría en las entrañas, del llanto acongojado que la dejaría sin respiración, del tiempo insulso que se haría eterno en ausencia de sus brazos y sus labios.
«Mañana», repitió para sí. Como si ese dato la rescatara de su impotencia para hacerle entender que al cabo de unos meses, se arrepentiría de su decisión y, una vez más, trataría de convencerla para que le permitiera volver.
Tenía que romper esa espiral que los estaba matando, que los sumergía en ese estado de angustia.
«Ni conmigo, ni sin mí». Y ese pensamiento la perseguía porque no dejaba alternativas, salidas con las que dejar atrás la montaña rusa de sentimientos en la que vivían.

 

Lo miró directamente a los ojos como solía hacer, pero solo vio la palabra “huída” tatuada en ellos. Su tristeza era infinita, tanto que le impedía seguir hablando. Le acarició la mejilla izquierda con el reverso de una de sus manos.
Se puso en pie. Él también.
Entonces se abrazaron con la ternura y la delicadeza de siempre, con el inmenso amor que ambos sentían, pero con el temor pegado a los talones de que fuera el último que se dieran.
Lola se alejó sin volver la vista atrás segura de que él la miraría hasta que las lágrimas emborronaran su imagen. Como las otras veces.
«Ni conmigo, ni sin mí», presintió mientras un llanto silencioso se perdía por sus pómulos.

4 Comentarios
  1. Muy bien escrito, gracias por compartir.

  2. Me ha gustado esa pasión que tienen los dos, pero a la vez es como si se odiaran.
    Son como dos polos que se atraen y se repelen.

  3. me gusta, está bien escrito y el título llama la atención.
    Natalia

  4. Gracias a todos por vuestros comentarios. No existe odio, sino un profundo amor. Sin embargo, hay algo que provoca “la huída”, que ninguno de los dos explica.

Deja un comentario