Nivel 150, Sala 17 B
9 de Octubre, 2012 6
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La densa nevada caída anoche sobre la ciudad se va convirtiendo en algo cotidiano. Incluso Francesc lo había llegado a aceptar como una consecuencia inevitable del último Gran Conflicto. Es martes, 18 de abril de 2047, son las ocho y veinte de la mañana.

El día ha amanecido tan gris que no se distingue el sol sobre el mar, ni siquiera desde esta gran obra de ingeniería inaugurada hace dos años por la Alianza de Sociedades Libres, antigua ONU, para albergar la Biblioteca del Mundo. Esta fantástica mole de cristal y aluminio moleculado contiene todos los libros producidos por la Humanidad. Desde los manuscritos de la Filosofía Ayurvédica de hace varios miles de años, hasta un librito de relatos breves editado hace solo unos segundos por una pequeña editorial universitaria de Sidney.

Francesc disfruta de un café Perú ecológico en el Sky Starbucks de la planta 188 de la denominada zona Atmósfera. Lo bebe con la calma habitual en su mesa preferida, pegada a la cristalera, desde ella se domina la ciudad a una altura solo apta para mentes equilibradas. Él prefiere no mirar mucho y se concentra en saborear su café negro y ajustar todos sus mecanismos digitales, conectarlos a la Red Neuronal de la Biblioteca y prepararse para una larga jornada como Controlador de las salas de Poesía y Literatura Breve del siglo XXI (período prebélico) situadas entre los niveles 150 y 154, en la zona Niebla de la Torre.

Se encuentra ya en el Mecanismo Impulsor (ascensor) de paredes semilíquidas, y dirige su mirada fijamente a un detector de pupilas que activará el propulsor. Piensa en el nivel 83, el Sensor Telepático detecta su pensamiento y el transportador sale impulsado hacia ese nivel. No lo tiene superado, aún tiene que cerrar los ojos al viajar por esos Mecanismos de última generación, a pesar de que al conseguir el trabajo en la Gran Biblioteca tuvo que someterse a un tratamiento de desprogramación para atenuar los sentidos de altura y velocidad.

Al pasar a la altura de la planta 150, le suena un pitido avisador del ipod@ que lleva instalado debajo de la piel en su muñeca izquierda. “Otra vez –piensa-, el mismo pitido dichoso que la semanas pasadas, y siempre en esta planta”, decide cambiar de pensamiento para no alarmar al pequeño cerebro del Mecanismo Impulsor, que viaja ya lanzado por el aire ingrávido el gigantesco atrio del rascacielos y ha cruzado desde la zona Niebla a la Estratos con un temblor apenas audible.

Aterriza en el nivel 83 y después de entretenerse unos segundos en el pasillo elevado, que parece cruzar el aire como suspendido en la nada, contempla el movimiento de grandes cruceros sobre el océano, como lejanas hormiguitas blancas entrando y saliendo lentamente del puerto, y decide repentinamente volver arriba. Ya son varios días con ese mismo aviso y la luz morada de alarma atravesando la piel de su antebrazo. Al fin y al cabo una de las salas bajo su control se encuentra en ese nivel, desde donde se emite el pitido tan molesto.

Piensa en la planta 150, en la sala 17 B, y el Mecanismo le transporta hasta allí en segundos. Con un abrir y cerrar de pestañas y después de escuchar un humanizado “bonjour Francesc” se abre la puerta de cristal ácido de color verde manzana, es el color asignado a la Poesía y Literatura Mediterránea del siglo XXI.

Francesc avanza por el pasillo central decidido a encontrar el error que provoca esa alarma tan molesta. Altas estanterías de un blanco impoluto se elevan a los dos lados como edificios fantasmas alineados silenciosamente en una interminable avenida sin tráfico ni gente, sólo él en esa inmensa sala traslúcida con unas vistas de vértigo al océano y la ciudad.

Al final del largo pasillo gira a su derecha, siente un leve mareo al divisar allá abajo la bahía y el puerto, el pitido es cada vez más fuerte y su corazón se acelera, ahora es una luz morada y se hace fija. Las nubes avanzan en grandes formaciones caóticas y chocan contra la fina fachada de cristal ionizado de la Gran Biblioteca, Francesc pone sus manos en la cristalera como intentando coger un pequeño resto de cúmulo limbo cargado de nieve, pero a pesar de poder atravesar el cristal con la mano, no lo puede coger porque se ha disuelto al contacto con los iones de la fachada.

Ahí en frente, delante de sus ojos lo tenía, la causa de tanta alarma era un pequeño libro de tapas blancas y lomo rojo, edición rústica, humilde pero en perfecto estado de conservación, calculaba que 25 páginas como mucho, en idioma castellano. Estaba escondido entre los grandes volúmenes de Poesía Experimental y Literatura Española sobre la Gran Recesión de 1998-2014 y el Colapso de principios de 2015. No se lo podía creer, ¡un librito tan insignificante le había estado amargando la jornada laboral desde hacía dos semanas!

Por fin cazado. Sonriendo de satisfacción lo saca del estante y lo esconde en el bolsillo interior de su chaqueta de cuero negro dando la espalda disimuladamente a los Ojos de control de la Biblioteca, pero antes de desandar sus pasos no pudo evitar girarse para echar una última mirada al espectacular paisaje que se desplegaba delante de él, abajo en el abismo una ciudad y un mar nevados, frente a él las interminables nubes y un inmenso cielo de plomo, y en el horizonte un sol viejo cubierto de esa bruma permanente.

Y justo en ese instante Francesc tiene un presentimiento sobre el libro y siente la imperiosa tentación de elevarse hacia la Atmósfera de la Torre, sentarse junto al vacío con un “blue mountain” humeante y echar un buen vistazo a ese intrigante manuscrito español.

Pero antes de entrar en el Mecanismo Impulsor tiene la precaución de cubrirse la muñeca izquierda con un trozo de cinta aislante, para eludir el control del Cerebro Central de la Biblioteca…

6 Comentarios
  1. Buen relato, me hizo volver a sentir esa atmósfera típica de las letras de George Orwel, felicitaciones y voto desde Buenos Aires.

  2. Muy buena aftmósfera. Tienes un gran talento para transmitr la sensación del espacio y visualizar la luz. Puedo ver la biblioteca como si estuviera frente a un cuadro lo que aumenta la sensación de inquietud. Borges decía que la biblioteca es un paraiso pero ésta me parece un infierno. Saludos y mi voto.

  3. Relato urbano: me he quedado con la idea del gran poder de la palabra escrita, aún en dimensiones tan pequeñas como ese librito editado en español, de 25 páginas, que traía a mal traer a Francesc en aquel enorme y supermoderno edificio.
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