Otoño en agosto
4 de Agosto, 2012 13
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Fue el azar. Al salir del despacho de mi abogado me lo encontré, hacía por lo menos diez años que no nos veíamos. Él me reconoció al instante, a mí me costó más, siempre me ocurre. Nos sentamos en una mesa de “Les Colonnes” y se nos fue la tarde agrandando el tamaño de las olas que tantas veces habíamos compartido, nos despedimos con la firme promesa de no volvernos a ver en tierra firme hasta la próxima década.

Camino del coche recordé que una de las cosas por las que merece la pena venir a este mundo es contemplar una puesta de sol desde Biarritz. La hora era la adecuada para disfrutar cómo el Atlántico se tiñe de rojo al recibir a Helios entre sus aguas. Mi banco, en la explanada junto al faro rodeado por los viejos tamarindos, estaba ocupado por una pareja de amantes. Ambos, con las manos entrelazadas, esperaban también el mágico acontecimiento; lo supe por el brillo de sus ojos, que me capturó. Me acomodé apoyado en un punto de la barandilla de piedra desde donde poder disfrutar de todo el espectáculo, lo reconozco, soy un voyeur.

Ella mantuvo su mirada azul fija en el horizonte justo cuando el astro empezaba a besar el océano. Él, en ese mismo instante, sólo la miraba a ella. Y yo, decidí perderme el ocaso.

Cuando cielo y agua empezaron a sonrojarse la besó en la mejilla izquierda, quizás la que más acusaba las cicatrices del camino recorrido juntos; ella le correspondió con una suave caricia en la pierna derecha, posiblemente la que trajo herida de la última gran guerra y ya nunca volvió a recuperar.

Adiviné que el espectáculo de luz y sal terminaba cuando ellos empezaron a recordar juntando suavemente sus cabezas. Una lágrima de nostalgia nació de su ojo derecho intentando adivinar cual era la arruga adecuada, esta vez, para descender hasta el poro donde más sueños perdidos se habían acumulado. Él la consoló apretándole el mismo brazo que aquel día, cuando su segundo nieto decidió meter su vida en una botella de ron y estrellarla contra las rocas del acantilado.

Con la brisa que llega entre luces se miraron una vez más, ella estaba igual de preciosa que en el 39 cuando alcanzó la mayoría de edad. Él aún seguía siendo aquel campeón de chistera con el que soñaban todas las solteras de Biarritz. Intercambiaron unas breves palabras, seguro que justo las necesarias para confesarse que, pese a todo lo sufrido, lo suyo había merecido la pena. Y por fin llegó el beso que confirmaba que, durante toda una vida en común, el placer de compartir rosas justifica las llagas que las espinas nos dejan en la piel.

Se ayudaron mutuamente a incorporarse del banco, él le tendió el brazo derecho, el mismo con el que un día le colocó el anillo que aún brilla entre los pliegues de la izquierda con la que ella continúa asiéndose a su compañero. Lentamente, con el orgullo de toda una vida compartida en la espalda, abandonaron altivos la explanada. Los perdí de vista entre las ramas de los tamarindos.

Mañana volverá a amanecer, y con las primeras luces volverán a renovar las mismas ilusiones con las que partieron en su primer “Je t´aime”. Yo me marché con la envidia de haber sido espectador de una de las mejores puestas de sol que la vida te puede regalar. Fue el azar.

 

Oscar da Cunha

http://oscardacunha.blogspot.com

 

4 de agosto de 2012

13 Comentarios
  1. Bendito azar si permite ser testigo de una escena tan hondamente conmovedora… Un texto excelente, al que sólo le agregaría más comas, porque uno se ahoga de la emoción, y se dificulta leer frases muy largas… Pero eso también puede ser un recurso del autor. Mi voto, y mi saludo.

    • En efecto hugojota, a veces la suerte está de cara y te enseña la cara hermosa de la vida. A veces conviene ejercitar los pulmones para absorber mejor las sensaciones.
      Un Abrazo y gracias por tu compañía.

  2. ¡Que prosa tan estilizada Oscar!
    Bellisima narración.
    ¡Cuanta sensibilidad y nostalgia!
    Abrazo y voto.

  3. Ainssssss…. ¡Qué bonito por favor! Alegrías y penas hechas recuerdos formando ese camino de la vida, que en este caso siguen recorriendo juntos y llenos de amor ¡Ufffff! ¡Me ha encantado! Gracias Oscar, siempre es un placer leer tus historias.

    Un abrazo y buen finde.

    PD: Me cansa decir lo del voto siempre jejeje… Aunque no te lo diga da por hecho que lo tienes ^_^

    • Una manifestación más de la belleza de la vida, no sólo la naturaleza nos regala buenos momentos. Me alegra saberte siempre ahí.
      Abrazos Mil.

  4. Querido amigo, Oscar, ¡que bonito!; he de admirtir que he sentido un poquito de “envidia” al imaginar la emotiva escena. Que lindo, que a pesar de los años, el amor permanezca intacto.
    Bellísima prosa pética, cuajada de hermosas metáforas.
    Mi voto y un fuerte abrazo.

    • No me extraña, yo mismo, ya lo digo, disfruté de envidia. Comprobar que es cierto, que el amor lo puede todo, y que hay personas que nos lo demuestran. A veces la vida te somete a duras pruebas, es un alivio saber de quienes las han superado.
      Un Abrazo Cenicienta.

  5. Oscardacunha: qué envidia provocas al contarnos de un gran amor al que no lo destruyó ni la edad, ni las penas, ni nada… y debe ser así para llegar a viejos siempre acompañados por el amor de nuestra vida, y no andar mendigando caricias que por lo regular son falsas.
    Mi felicitación más entusiasta.
    Mi voto
    Volivar

    • Tristeza habitual en nuestros tiempos, la de comprar sentimientos por no haberlos sabido alimentar cuando los teníamos en casa. Pero todavía existen seres extraordinarios que en su anónima humildad nos enseñan a vivir.
      Mi agradecimiento por tu compañía Volivar.

  6. Un placer leerte Oscar, felicidades y voto.

  7. …PRECIOSO. Realmente precioso.
    Un fuerte abrazo amigo.

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