Brisa había estado rondando ese día los alrededores de la calle quinta con quinta, zona céntrica y “cultural”, por un tratamiento odontológico que se estaba realizando. Ese mismo día una historiadora reconocida daría una conferencia en el Centro Cultural por lo que Brisa decidió invitar a su pareja y, también para que solucionaran el problema de los pantis que él ha arrancado ferozmente de su triangulo fervoroso.
Eran las cuatro de la tarde cuando brisa se asoma por las barandas de la loma. A ella le encanta ese lugar, sentir el viento frio, que, como un viejo sucio se le adentraba en sus cabellos y en los pechos, endureciendo sus pezones ¡Ah! y claro, ver el sol ocultarse tras las verdosas montañas. Mientras la tarde caía y jugaba a excitarse con el viento, Brisa miraba a su alrededor. Había poca gente, así que encendió un cigarrillo y se sumió en sus pensamientos –Tengo que comprar ropa interior, o mejor cambiar de novio, así me ahorraría y no me la volvería más jirones- , ¿qué colores serán más convenientes? El amarillo me hace ver muy pálida; el negro no, los destinaré para mi vejez; rosados mmm no, me sentiría como una quinceañera- Cuando al final de la baranda un ruido que pretendía venderse como música saca a Brisa de sus pensamientos.
Era un chico alto, delgado y tenía en sus brazos una guitarra destartalada con la que pretendía vender canciones desentonadas a desconocidos, “enamorados” de la novia, amante o amiga. Hizo el respectivo ofrecimiento a las cuatro parejas que andaban besuqueándose, fumando y bebiendo, hasta que llegó su turno. Se posó en frente y la miró todita, sin desnudarla y dijo, experimentando una inexplicable efusividad:
-Ufff nena, esos zapatos están regeniales- Mientras se sentaba en el suelo.
-¿Por qué a mí?-, se preguntaba Brisa, desconcertada. Ella quería ignorarlo, disfrutar de su cigarrillo, del viento, pensar si tendría novio nuevo o ropa interior, pero no, el seguía interrumpiéndola con preguntas absurdas. Quería golpearlo, llamarlo tarado, pendejo, cara de pene, flaco mamarracho, insultarlo, decirle algo. Pero él seguía vociferando cosas.
–Muchacha de verdes zapatos. ¿Puedo besar tus zapatos? ¿Quieres una canción…verdecita?
-Verde, se la fumó tu puta madre. Largo de aquí.
El tipo no se fue y todo su semblante cambió. Miraba fijamente a Brisa y lanzaba palabras incomprensibles, cada vez subía su tono de voz, hasta que algo inteligible se escuchó. Al tipo le dolía la cabeza, así que empezó a apretársela durísimo, el ceño se le frunció y su color pálido como de muerto tomó una tonalidad rojiza, se puso de rodillas, luego se abalanzó contra el pavimento y el golpe retumbó en el lugar. Brisa lo vio todo en cámara lenta, cada mueca de dolor, de locura, cada fisura que el golpe abría en su frente, y no contento, se abalanzó una, dos, tres veces contra el pavimento, como si tuviera con éste una deuda pendiente o sintiera un odio milenario.
Brisa quedó estupefacta, todo fue tan repentino, pero ni así lograba conmoverse, solo se percato de la sangre que se le extendía por el ojo izquierdo, resaltaba de manera muy notoria pues el tipo era supremamente blanco, igual que ella. Era sangre rojo escarlata. –Rojo escarlata- dijo y luego vio el ojo derecho, la nariz, la boca del tipo y se sumió en una tristeza pequeñita, preguntándose - ¿Por qué? ¿Por qué el loco precisamente se enamoró de mis zapatos? ¿Por qué?, si, ¡mierda! ni que hubiera sido la única en el lugar- Volvió a mirarlo topándose con sus ojos desorbitados que trataban de encontrarse mientras se levantaba del piso y se limpiaba la sangre. Al estar ya de pie, miró a Brisa tranquilamente, le sonrió y se fue con paso lerdo, ofreciendo a las personas que habían llegado, canciones con su guitarra destartalada.
Quince minutos después llega su pareja, lo abraza y parten para la conferencia. En medio de ésta su novio le dice
-Brisa, me había olvidado, cuándo vas a decidirte por el color de tus nuevas adquisiciones. Ya llevas todo un mes, que verraca manía la tuya. De todas formas tendrán el mismo final
-Sí, mi amor, ya lo decidí. Serán rojo escarlata, creo que me sientan bien por el color de mi piel.



Viola: esto demuestra tu maestría en el cuento corto. Narras algo, y lo llenas de belleza
Felicidades.
Mi voto.
volivar
Muchas gracias Volivar, recibe un abrazo fuerte.