Persecución
5 de Abril, 2012 4
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Es horrible. Mi cuerpo helado cual cubo de hielo, mis sentidos cada vez menos perceptivos. No sé donde estoy y tampoco quiero averiguarlo; sólo soy consciente de la falta que me haces.

Mis ojos se cierran y mis labios se entreabren; intento llamarte pero la voz se pierde en mi garganta, utilizando la escasa fuerza que me queda busco tus manos… no están, tus manos no están.

Me siento débil, te necesito, pero tú a mi no. Te has ido.

Lágrimas pugnan por salir de mis ojos, mas se congelan al rozar mis pestañas. Mi respiración es lenta y mi corazón late cada vez más despacio. Soy como una niña, vulnerable y temerosa ante un mundo desconocido.

El silencio. Eso es lo peor. No se oye nada, y es ese el más insoportable de los ruidos. ¡Cómo quisiera oír aunque sea mi propia respiración! Un solo indicio que renueve mis esperanzas.

La oscuridad lo cubre todo con su manto impenetrable y el miedo comienza a consumirme. Ya no lo soporto… Prefiero la muerte a permanecer un segundo más en este limbo previo.

¡Qué no daría por verlos una vez más! Por tomar sus manitos y alzarlos en mis brazos, por ver sus rostros sonrientes y sus miradas rebosantes de alegría… Por sentir el calor de tu cuerpo y tus labios posados en los míos. Mas son esas sensaciones, vagos recuerdos de un tiempo muy lejano.

Estoy lista. La muerte viene a buscarme y yo la recibo con tranquilidad. No la veo, no la escucho, no la huelo, pero sé que está aquí esperando. Un instante y todo se acaba…

Algo extraño sucede; no son gélidas las manos que sujetan las mías y son cálidos los labios que atrapan mi boca. Un suave murmullo se oye a la distancia y mi cuerpo comienza a reaccionar. No quiero abrir los ojos, no aún.

—Arriba, amor —tu gruesa voz me obliga a entreabrir lentamente los párpados y, ni bien lo hago, la oscuridad desaparece.

Me encuentro con mis ojos oscuros reflejados en los tuyos. Me sonríes como cada mañana, aunque ya no es la misma sonrisa de la que me enamoré hace tantos años atrás.

Aparto mi vista de la tuya y recorro el lugar. Es una habitación blanca, pequeña y bien iluminada gracias a un ventanal. En la mesita de luz hay una foto en la que se ve a cuatro personas en un bosque; tú, yo y los niños en una de nuestras tantas salidas. Al verla, mis ojos se inundan de dulces lágrimas que nublan mi visión y avanzan por mis mejillas hasta perderse en las sábanas.

Me abrazas y depositas un delicado beso en mi frente. Se escuchan pasos acercándose por el pasillo y un niño y una niña entran y se sientan a mi lado.

—Buenos días, mamá —me saluda Katrina.

— ¿Cómo te sientes, mami? — pregunta Mateo.

—Bien —respondo en un susurro.

Se apiñan sobre mí y me envuelven con sus brazos. Les dices que es hora de irse y ellos salen luego de despedirse. Vuelves a sentarte y me contemplas en silencio.

—Sonríe un poco. Cuando te mejores vamos a salir todos los días.

—Sí, eso espero —que mentiras tan grandes digo. Sé muy bien que ya no volveré a salir de este cuarto.

—Voy a llevar a los chicos a la escuela —me dices levantándote y, al llegar a la puerta, agregas en un vano intento de infundirme ánimos: —Y cuando vuelva quiero verte más alegre. Eres una persona fuerte.

Ni siquiera me das tiempo a replicar.

Es muy fácil decirlo, pero muy difícil lograrlo. No eres tú el que pasa sus días en la cama de un hospital, rodeado de médicos y enfermeras que te brindan falsas esperanzas.

No eres tú, soy yo. La que lucha contra el cáncer una batalla ganada de antemano. La que al ver su reflejo en el espejo ve un rostro pálido y triste, sin ningún vestigio de los largos bucles que alguna vez tuvo. La que ve el dolor en los ojos de sus hijos al darse cuenta de lo que su madre sufre.

A la que, como a tantos otros, esta maldita enfermedad le destruyó su castillo de sueños. La que cada noche es acechada por la muerte, de la que tú me rescatas puntualmente cada mañana.

La que sabe, aunque no te lo diga, que un día llegarás tarde.

4 Comentarios
  1. Cruda realidad la que refleja este intenso cuento. En mi pensamiento sé que esa mujer ganará la batalla como tantas otras lo han hecho. La muerte tendrá que esperar. Te sigo. Gracias por compartir.

  2. Un relato muy intenso y muy bien escrito.

  3. Niza: que estupendo relato se me había pasado de leer. No lo vi. Escelente en verdad.
    Admiro tu pericia ortográfica. Tus diálogos. en fin, que tienes grandes cualidades.
    Felicidades.
    Un poco tarde, pero va mi voto
    Volivr

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