Pieles incompatibles
6 de Febrero, 2012 8
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Me matas. He muerto desde que lo intentas. Me quemas la piel y desaparece poco a poco de mis ojos. Volaron mis cabellos a toda prisa y sin mirar atrás con cada uno de tus incómodos besos. Pieles incompatibles. Sobre la cama, soy un amasijo de huesos inservibles. Me palpo con debilidad y busco entre las sábanas, y sólo sobrevive un pene erecto que, sin su consentimiento, sostienes increíblemente con tus dedos. Una pesadilla sin pellizco ni despertador. Tengo un grito en mi única ambición, y una voz tan seca entre mis dientes, que no me oigo respirar. Miro, y ni siquiera asoma la desnudez de los senos que he soñado en cada una de tus inacabables conversaciones, con tu caliente y mi vacía cerveza. Los acaricio sobre tu vestido, pero interrumpes. No me queda aliento. No me quedan fuerzas, pero tu boca desaparece y mastica una imposible resurrección.

Me gusta su sexo envuelto en mi imaginación. Lazo rosa y papel de regalo infantil. Es una fantasía sin error. Abro la puerta y soplo las velas, pero en la realidad todo comienza a ser pesadilla.

Desvistes mi cuerpo con un cigarrillo entre los dientes. Muerdes la nariz en un improviso, y sin porqué. Pellizcas. Retuerces el precipicio inexistente de un ombligo roto y duele. Y te enciendes, y gimes y no hay sexo. Y hablas demasiado. Y enciendes, y tu mechero corre salvaje a ras de mi piel. Y Huele raro. Y busco mis brazos desatados, muertos sobre la almohada, pero no encuentro la manera de huir.

Besa tu ansia taponándome la voz; una y otra vez. Nauseas en la nicotina de tu aroma. No la descubrí en la ceguera del bar. Aprietas demasiado. Las uñas afiladas arañan al caer; se enredan en el vello. ¡Joder! No me gusta tu sexo. No sabes bailar. Y no lo sabes. Y no quieres frenar. Tengo la palabra en mi garganta seca, pero no tiene el valor de gritar. Duda la erección, pero se arrepiente con la velocidad de tus dedos sin descanso. Es la hora.

Aplastas. Saltas en el trampolín. Más alto y más fuerte. Hay dudas y debilidad en mí, pero te sostienes en este infernal recreo sexual. Tú la llevas. Tú mandas. Demasiado pelo, desorden en el movimiento de los pechos, que continúan bajo el sujetador. Pierdo mis manos en tu espalda, sin embargo, en tu juego no hay manera. No te detienes. No hay semáforos en esta carretera. Y en la derrota de la batalla, me concentro en la eyaculación, pero también pierdo.

Muerdes la yugular como caricia que acompaña al cigarrillo. Hay un aroma insoportable en la habitación y una luna en la ventana con un gesto evidente de reproche. Miro al cielo y sostengo el silencio en busca de la desaparición inmediata, pero al abrir los ojos, mis huesos vuelven a lucir piel y tú sonríes. Te imito fatal. Acaricias. Intentas. Buscas, encuentras, sostienes y mueves. Pero el coraje, al fin, interviene. “Tienes que irte”.

 

8 Comentarios
  1. Me has puesto exquisitamente nerviosa! Me gusta!
    Un abrazo!

    • La idea era transmitir incomodidad. ¿Nerviosismo? Quizá también vale…
      Gracias, Carmen, por dejar tu lectura y tu comentario.
      Otro abrazo enorme para ti!!!

  2. Estimado Danniel, saludos calurosos y llenos de afecto, querido narrador, eres unos de los narradores que tengo una deuda y quiero leerte, he visto que tienes cuentos destacados y me parecen muy buenos, pronto espero comentarlos, pieles incompatible, Nunca he podido sentir esto de hacer algo que no quiero pero lo hago en relación a lo sexual, pero tu cuento me ha dado una sensación extraña, me gusta tu cuento Danniel, en esta ocasión no interesa si hay historia, creo que recrea muy bien la narración e invita a continuar la lectura. Felicidades .
    Natalia

  3. Maravailla, gracias por compartirla y por pemitirme volar

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