Pinki Punki
28 de Julio, 2012 9
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A la muerte de mi amigo Juanmari, fallecido en trágicas circunstancias que no voy a relatar porque no vienen al caso, heredé su carolina, que maldita la gracia que me hizo, pero me la llevé a casa porque nadie más la quiso. El caso es que se volvió silenciosa, oscura y mal encarada. Pero no la culpo por eso, no, pues supongo que sufría por la ausencia de su dueño como también algunos acusábamos su falta, que sinceramente creo que los animales sienten más profundo que muchos humanos.

Empezó a caérsele la pluma y la nueva le salía de punta, disparada, tal que parecía un punki. Y eso de día, porque la silueta que refleja a contraluz de noche, más se asemejaba a la de un siniestro gremlin psicópata dispuesto a saltarme a la yugular en cuanto me despistara.

Como no mejoraba la llevé al veterinario y me gasté una pasta gansa en comprarle todas las medicinas que le recetó: para la diarrea, para la pluma, para el canto…, y vitaminas; montones de vitaminas para no sé qué cosas que toma mezcladas con agua del bebedero que tenía que cambiarle todos los días. También le compré una jaula nueva, de estilo oriental, mucho más bonita y espaciosa que la que también heredé con el pájaro. Con columpio y juguetes. Ah, y una noria, aunque al parecer eso no era para aves, pero es que quedaba tan mona dentro de la jaula ¡si hasta parecía un parque de atracciones!

Al principio le cantaba por ver si se animaba, porque el veterinario también dijo que tenía depresión y necesitaba compañía y mucha diversión. Empezó a mirarme raro, así que dejé lo del cante. Entonces le hablé de política, de los que nos gobiernan y de la oposición. Del circo que montan para que no nos aburramos, de sus chanchullos y chascarrillos con sus amiguetes de la banca, de la prima, de los mercados…, pero me miró sí cabe aún peor, y con un ceje irónico que me dejó desconcertada. Así que también pasé de decirle nada y me dediqué a ponerle documentales de animales de los que echan en la televisión.

Sufro cada vez que intento agarrarla para cortarle las uñas, pues me ataca con su pico afilado. También, cuando le pongo la bañera, que por cierto, no la usa si la estoy mirando. Y no es que sea tímida, no. Es una guarra. Y no lo digo porque después se bañe en el agua llena de sus cacas, que no lo hace, sino porque cuando lavo su jaula con la manguera, se lanza en picado bajo el chorro tal si fuera un enamorado despechado intentando suicidarse. Pero nada de despechado y menos de enamorado, porque le compré una compañera jovencita por si se animaba y quería jarana, y tuve que quitársela y devolverla a la tienda ya que casi se la carga a picotazos.

Lo nuestro se estaba convirtiendo en una relación de amor−odio. Incluso llegué a pensar que me estaba echando un pulso, cosa que no podía admitir ya que de ser cierto yo llevaría todas las de perder. Intenté regalarla, pero nadie la quiso También pensé en abrir la ventana para que se largara, pero me daba pena, pues a pesar de su mala leche, sé que ahí fuera duraría lo que dura un suspiro.

Así estábamos hasta que llegó mi vecino de uno de sus viajes. Creo que es viajante o algo así, porque para poco en casa, tanto, que apenas recuerdo cómo es su cara. Todos por aquí sabemos cuándo está, porque es un poco sordo y suele poner a todo volumen, música de la época en la que a Manolo le robaron el carro. Pues resulta que hace unos días oímos algo muy diferente de lo que nos tiene acostumbrado que nos desconcertó bastante, y más a mí, porque mi pájaro heredado, después de un largo año de silencio, comenzó a bailar y silbar al ritmo de “In the navy”.

Yo nunca quise tener un pájaro en mi vida y menos uno como este que me está dando tanto que pensar y encima ahora, además, tengo que aguantar a todas horas ese cedé de los Village People que he tenido que comprarle porque escuchar esa música le ha devuelto las ganas de vivir.

9 Comentarios
  1. Mariav: a lo mejor lo que necesitaba Carolina era, no tantas medicinas del veterinario, sino que le cantaras más. ¿A quién se le ocurre hablarle de política, de economía, especiamente cuando anda por los suelos? Pobre de Carolina.
    Amiga linda, es un placer enorme leerte; me encanta esa gracia que tienes. Te felicito.
    Espero que tu país ya no esté tan estrangulado por los bancos, para que su gente, que me la imagino con ese carácter tuyo, alegre y feliz, vuelvan a sonreír y dejen a un lado, ya, las angustias económicas.
    Volivar
    Mi voto

  2. Mariav, me encanó tu relato. Me rei mucho. Tenés mucha gracia para contar y lo disfruté porque a mi me está pasando lo mismo que a la protagonista pero con un perro que rescaté del frío de la calle. Me diste muchas idas para levantarle el ánimo. Mi voto

    • Gracias, Lidia. Me alegro de poder hacerte reír. Por otro lado, deseando seguir leyendo ese libro que acabas de encontrar ;)

  3. Muy bueno. La chispa de siempre. Mi voto.
    Saludos.

  4. Por cierto, no sé si tienes una ninfa o si eres aficionada en general a estos loritos, pero el título es “auténtico”, ya que se les suele bautizar con nombres que contengan el sonido de la “K”, al considerar que les resultan más fáciles de memorizar, incluso de repetir, si son de los que hablan. Por lo tanto aquí el nombre sería “Pinki”; y aunque el de la foto es un polluelo (posiblemente una ninfa lutina papillera), y de pequeños parecen punkis, también es cierto que de adultos lo siguen pareciendo en algunas ocasiones: después del baño, en momentos de muda, etc.
    Así que perfecto ese “Pinki Punki”
    Saludos.

    • Gracias, Maqroll. En casa solo tenemos una mascota. Adivina quién es.
      Por cierto que nunca dejas de sorprenderme con tus conocimiento sobre todo, hasta de ninfas xD

  5. Hola, desde el comienzo me atrapó tu relato, me gusta tu manera de describir los detalles, tu personaje genial.
    Lo que me llamó la atención cual si quisieras dar un dato sobre el antiguo dueño de la mascota fue la música de Village People.
    Un abrazo.

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