Pura y Cristalina
18 de Agosto, 2012 12
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Érase una vez un hermoso pueblo de verdes prados, casitas blancas y gentes sencillas. Recorriendo la aldea de norte a sur, paseaba majestuoso el río, besando la orilla con su caudal cristalino. Entre sus diáfanas aguas, se podían divisar cientos de salmones, truchas, carpas, barbos y lucios.

Los enamorados, bajo la luz de la luna, declaraban su amor al compás del cantar del agua. Los niños jugaban con barcos de papel y enviaban mensajes, dentro de botellas vacías, a los pobladores de tierras lejanas.

Con el paso de los años, construyeron una gran fábrica en el pueblo. Los lugareños se sentían muy felices, porque su economía mejoró notablemente. Pero no todo fue positivo: las chimeneas de la fábrica expulsaban gases tóxicos, y los pesticidas que utilizaban para el cultivo de las hortalizas contaminaban el agua. Los vecinos del pueblo vertían plásticos, basura y todo tipo de desechos en el río, sin reparar en el irremediable perjuicio que causaban.

Las que fueran cristalinas aguas, poco a poco se tornaron en un líquido opaco, de pestilente olor.

Los peces, confusos, tragaban los plásticos que flotaban en el agua. Bucear se volvió cada vez más costoso y, poco a poco, fueron muriendo de hambre.

En su juventud, Pablo había sido barquero; trasladaba a los viajeros de una orilla a otra del río. Desolado por los cambios acontecidos, cada día recogía los peces muertos y sacaba la basura que a flote salía. A pesar de su gran esfuerzo, el río estaba cada vez más contaminado.

Tan ensimismado estaba en sus tristes pensamientos, que no vio cómo, desde la orilla, sentada sobre una piedra, le observaba una diminuta ninfa de aspecto dulce y angelical.

Un suave batir de alas le sacó de sus cavilaciones.

- ¿Quién eres? - preguntó, sorprendido.

- Soy la ninfa del río.

- ¿Una ninfa? Jamás te había visto hasta ahora.

- Siempre estuve aquí, pero los hombres, demasiado ocupados con las cosas mundanas, no os habéis percatado de mi presencia. Muchos seres mágicos vivimos en la naturaleza. Cuando erais niños nos veíais, al convertiros en adultos, dejasteis de soñar. Vuestro olvido nos volvió imperceptibles ante vuestros ojos, pero nunca dejamos de existir.

Por un instante, Pablo se sintió transportado a su infancia. Recordó cuentos y leyendas donde hadas, duendes y demás personajes fantásticos, brindaban su ayuda a los hombres. Esperanzado, inquirió:

- ¿Puedes salvar al río con tu mágico poder?

El hada respondió:

- Los hombres gozáis de libre albedrío y, en consecuencia, actuáis. ¡He aquí vuestra obra! - exclamó, señalando al río -. Más no me está permitido entrometerme en actos ajenos. Solo vosotros podéis reparar lo que previamente habéis destruido.

Las palabras del hada resonaron, una y otra vez, en los oídos de Pablo. De pronto, sintió como su pecho se expandía. Miró a su alrededor, sustituyendo la visión de los ojos por la percepción del corazón. Atónito, se reconoció a sí mismo en los peces, las pestilentes aguas y las gentes enfermas. Ante la mágica visión fue, por primera vez, consciente de que era uno con el Universo.

De sus ojos brotaron lágrimas de compasión y amor hacia la naturaleza y a todas sus formas de vida. Al fundirse el llanto con el agua del río, se obró el milagro: los peces volvieron de nuevo a la vida, los hombres sanaron y el agua se tornó pura, transparente y cantarina.

 

FIN

 

 

12 Comentarios
  1. Cómo y qué bien utilizas un cuento-fábula para hablar de los estropicios que genera el hombre. Te felicito. Mi voto

    • Gacias por tus palabras Lidyfeliz. Intento que el” ser humano” tome conciencia de sus terribles errores de una manera atractiva, tanto para niños como para adultos.
      Un beso.

  2. Querida Cenicienta.
    Otra magnifíca fábula con un enorme mensaje.
    Otro regalo que nos brindas.
    Un beso enorme y un gran voto.

  3. ¡Que hermosa fábula Cenicienta!, que hermoso sería que fuera tan fácil solucionar el problema de la polucíon.
    Te dejo un fuerte abrazo y por supuesto mi voto.

  4. Que bonito!

    Una fábula muy bien lograda, digna de los libros de cuentos para los pequeños, muy bien construida y fácil de seguir, con un lenguaje rico y cuidado. Me gusta mucho la reflexión que emana de ella y lo emotiva que es.

    Enhorabuena.

    • Muchas gracias Agatha. ¡Ojalá! todo el mundo pensara igual que tú y reflexionara sobre las bondades que nos brinda de la madre naturaleza.
      Un fuerte abrazo.

  5. Muy buen relato ecologico, Cenicienta, felicitaciones, mi voto y un abrazo.

  6. Bonita fábula, que pena que exclusivamente pertenezca al mundo de la fantasía.
    Abrazos Cenicienta.

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